Menos dolor y más movilidad tras una trombosis

Miles de personas sobreviven cada año a una trombosis venosa profunda, pero muchas arrastran después dolor crónico, inflamación y graves limitaciones para caminar o trabajar. Un nuevo ensayo internacional apunta ahora a una solución más eficaz mediante la colocación de stents venosos para restaurar el flujo sanguíneo.

El problema que aparece después del coágulo

La trombosis venosa profunda suele asociarse al riesgo inmediato de embolia pulmonar o muerte súbita. Sin embargo, existe otra consecuencia mucho menos visible y mucho más frecuente que puede perseguir al paciente durante años: el síndrome postrombótico.

Esta complicación aparece cuando el coágulo deja daños permanentes en las venas profundas, especialmente en las piernas. El flujo sanguíneo queda alterado y empiezan síntomas que pueden convertirse en incapacitantes: dolor persistente, sensación de pesadez, hinchazón, cambios en la piel e incluso úlceras difíciles de tratar.

En algunos pacientes, actividades tan normales como caminar unos minutos, subir escaleras o permanecer mucho tiempo de pie terminan convirtiéndose en un auténtico desafío cotidiano.

Un cambio de estrategia: abrir la vena dañada

Hasta ahora, el tratamiento habitual se basaba principalmente en anticoagulantes y medias de compresión. El objetivo era evitar nuevos coágulos y reducir la inflamación, pero no solucionar el verdadero origen del problema: la obstrucción venosa residual.

Ahí es donde entra la nueva investigación publicada en The New England Journal of Medicine.

El ensayo clínico multicéntrico C-TRACT, desarrollado en Estados Unidos con participación de 29 centros hospitalarios, evaluó si reabrir la vena afectada mediante un stent podía mejorar realmente la vida de estos pacientes. Los resultados fueron contundentes.

Menos dolor y más calidad de vida

El procedimiento consiste en introducir un pequeño dispositivo metálico dentro de la vena para mantenerla abierta y facilitar nuevamente la circulación sanguínea. Todo ello mediante una técnica mínimamente invasiva, con pequeñas incisiones y sin cirugía mayor.

Los investigadores analizaron a 225 personas con secuelas importantes tras una trombosis venosa profunda. La mayoría presentaba formas graves del síndrome postrombótico.

Seis meses después del tratamiento, los pacientes tratados con stent mostraron una reducción mucho mayor de los síntomas graves respecto a quienes solo recibieron terapia convencional. Además, también experimentaron una mejora clara en movilidad, dolor y calidad de vida general.

En las escalas clínicas utilizadas por los investigadores, la diferencia fue suficientemente relevante como para considerarse un cambio significativo en la vida diaria de los pacientes.

Una enfermedad históricamente infravalorada

Especialistas en radiología vascular y medicina venosa llevan años alertando de que el síndrome postrombótico ha sido una de las grandes secuelas olvidadas de la enfermedad tromboembólica.

La propia Sociedad Europea de Cirugía Vascular ha advertido en distintas publicaciones que muchos pacientes continúan infra diagnosticados o reciben tratamientos limitados pese al importante impacto funcional de la enfermedad.

Además, diversos estudios internacionales ya habían apuntado anteriormente al potencial de las terapias endovasculares para mejorar síntomas en pacientes seleccionados, aunque faltaban ensayos robustos que confirmaran el beneficio clínico real.

El estudio C-TRACT aporta ahora una de las evidencias más sólidas hasta la fecha.

El reto de una enfermedad cada vez más frecuente

La trombosis venosa profunda continúa siendo un importante problema de salud pública. Factores como el envejecimiento, el sedentarismo, la obesidad, determinados cánceres o los ingresos hospitalarios prolongados aumentan el riesgo de desarrollar coágulos venosos.

Y aunque los avances terapéuticos han reducido la mortalidad, cada vez hay más supervivientes que conviven durante años con secuelas vasculares crónicas.

Por eso, muchos expertos consideran que el gran reto ya no es solo salvar vidas durante la fase aguda, sino evitar que el paciente quede atrapado después en una enfermedad incapacitante y silenciosa.

Hacia una nueva etapa en la medicina venosa

Los investigadores insisten en que no todos los pacientes necesitarán un stent y que la selección debe realizarse cuidadosamente. Pero el estudio abre la puerta a cambiar por completo el enfoque terapéutico de muchos casos complejos.

La idea de “aceptar” el dolor y la limitación tras una trombosis empieza a perder fuerza.

Y eso, para miles de pacientes que llevan años conviviendo con piernas inflamadas, dolor constante y movilidad reducida, puede marcar una diferencia enorme.

FOTOGRAFÍA DE CABECERA: Servicio de Hematología del Hospital Universitario La Paz

Ana Manterias
Ana Manterias
Colabora en el portal desde el ámbito de la comunicación y el marketing, con una visión estratégica orientada al sector de la sanidad y la salud, las enfermedades y la nutrición. Especializada en relaciones institucionales, coordina la línea editorial de todos los autores con un enfoque riguroso y coherente.

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