Baja percepción del riesgo
Las personas participantes respondían un cuestionario con siete ítems una vez se habían sometido a la prueba diagnóstica y antes de conocer el resultado. Los resultados de la encuesta indican que un 75% tenían intención de dejar de fumar, pero, si se les preguntaba si lo harían, en el caso que el resultado del test fuese negativo, la respuesta cambiaba drásticamente. En este caso, casi 8 de cada 10 pasaban a asegurar que, si la prueba determinaba que no tenían cáncer de pulmón, no dejarían el tabaco. Unos resultados que, según Adrià Moncusí, epidemiólogo adjunto de la Unidad de Prevención y Registro del Cáncer del Servicio de Epidemiología y Evaluación e investigador del Hospital del Mar Research Institute (HMRIB) y de la Red de Investigación en Cronicidad, Atención Primaria y Promoción de la Salud (RICAPPS), “reflejan que querer dejar de fumar no implica estar preparado para hacerlo, ya sea porque un resultado negativo se interpreta como un permiso para continuar fumando, o porque la larga dependencia de la nicotina dificulta dar el paso”.
En general, la percepción que los participantes tenían del riesgo de desarrollar un cáncer de pulmón era bajo. Solo el 35% se consideraba en riesgo, mientras que el 40% no estaban de acuerdo en ser consideradas personas de riesgo. De hecho, el 62% no se preocupaban demasiado o nada con la posibilidad de sufrir esta enfermedad. Esta percepción era más acusada entre los hombres que entre las mujeres, y se agudizaba en las personas con un menor nivel de estudios. Según los investigadores, esta desconexión entre el riesgo objetivo y la percepción personal en personas con un alto riesgo de desarrollar cáncer de pulmón representa una oportunidad para mejorar la comunicación del riesgo de manera clara y adaptada a cada perfil, clave para reforzar su motivación para dejar de fumar.
Uno de los hechos que destaca el Dr. Xavier Castells, catedrático de Salud Pública de la Universitat Pompeu Fabra e investigador del Hospital del Mar, el HMRIB y la RICAPPS, de las conclusiones del estudio es que hay que potenciar los programas para dejar de fumar para garantizar el éxito de los programas de cribado. “El cribado de cáncer de pulmón sin una integración sistemática de estrategias para ayudar a los fumadores a dejar el tabaco no puede lograr su máximo impacto para reducir la mortalidad por esta patología”, asegura.
En este sentido, el Dr. Roberto Chalela, médico adjunto del Servicio de Neumología del Hospital de Mar, apunta que “el cribado de cáncer de pulmón no es solo hacer una TC, es una oportunidad única para coordinar atención primaria, hospital y salud pública para reducir el tabaquismo, detectar precozmente el cáncer y abordar correctamente los múltiples hallazgos incidentales que acumulan los grandes fumadores. Sin esta mirada integral y multidisciplinaria, su impacto real sobre la salud de la población queda limitado”. Y el Dr. Jose María Maiques, jefe del Servicio de Diagnóstico por la Imagen del Hospital del Mar, integrado en dibi, red de diagnóstico biomédico y por la imagen, explica que “para los profesionales del servicio de radiología, la experiencia con el programa de cribado del cáncer de pulmón está siendo muy gratificante, para la cordialidad y la buena disposición de las personas para que la prueba de la TC de tórax de baja dosis salga bien, aunque paradojalmente después no se reconozcan como población de riesgo”.
Este trabajo está financiado por las ayudas del Departament de Salut-PERIS, proyecto ‘Avaluació de la capacitat de l’Atenció Primària per identificar i impulsar la participació de la població de risc en el cribratge de càncer de pulmó” (SLT021/21/000044)’, del Instituto de Investigación en Atención Primaria de Salud Jordi Gol (IDIAPJGol) y por las ayudas de la Unión Europea Horizon 2020 (4-IN-THE-LUNG-RUN).