Inyecta plasma rico en plaquetas en una parte de las fosas nasales, una práctica que ya ha dado buenos resultados en países como Estados Unidos.
Es una nueva alternativa para pacientes que no mejoran con el entrenamiento olfativo, la única terapia existente hasta ahora para tratar un trastorno que conlleva riesgos considerables.
Badalona, 25 de junio de 2026.– El Hospital Germans Trias se ha convertido en uno de los primeros hospitales de España en comenzar a probar una terapia para que pacientes que perdieron el olfato a consecuencia de la COVID puedan recuperarlo.
El tratamiento consiste en aplicar, con anestesia local, plasma rico en plaquetas en la zona olfativa de la nariz, situada en la parte superior de las fosas nasales. De este modo se estimula el epitelio olfativo, el tejido encargado de detectar los olores. El procedimiento es ambulatorio —no requiere ingreso previo ni posterior— y el paciente puede hacer vida normal pocas horas después.
De hecho, todo el proceso no dura más de una hora y comienza con la obtención de una pequeña muestra de sangre del propio paciente que, tras pasar por un proceso de centrifugación, permite concentrar una fracción rica en plaquetas y en factores de crecimiento. De este modo, la técnica gana en seguridad y biocompatibilidad, haciendo que el riesgo de complicaciones sea muy bajo.
La terapia ya se ha puesto en práctica con buenos resultados en países como Estados Unidos, Francia y Bélgica, y en el Hospital Germans Trias ya se ha aplicado a una decena de pacientes. Todas ellas son mujeres de entre 40 y 70 años, algunas atendidas por el Programa de COVID Persistente del Hospital Germans Trias, ya que esta enfermedad fue uno de los principales desencadenantes de la pérdida del olfato durante la pandemia.
Desde entonces, todas ellas se habían sometido, sin éxito, a la única terapia existente hasta ahora para intentar recuperar la capacidad olfativa: el denominado entrenamiento olfativo, que consiste en oler un par de veces al día durante meses aromas como limón, rosa, clavo de olor o eucalipto.
El protocolo establecido por la Unidad de Olfato de la sección de Rinología del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Germans Trias para aplicar esta terapia prevé realizar una primera inyección a cada paciente y, posteriormente, someterlo a una prueba de olfato para valorar si se ha producido alguna recuperación de la función olfativa. No obstante, para empezar a conocer los resultados será necesario esperar entre tres y seis meses.
Alimentos en mal estado, fugas de gas, aislamiento social…
La pérdida del olfato, conocida médicamente como anosmia cuando es total o hiposmia cuando es parcial, suele ser consecuencia de una inflamación nasal, alergias, sinusitis u obstrucciones. También puede estar asociada al uso de determinados medicamentos y a la exposición a sustancias tóxicas, además de ser un síntoma de infecciones respiratorias como la COVID-19. De hecho, según los datos recogidos durante la pandemia, la anosmia repentina afectó aproximadamente al 20 % de las personas contagiadas por COVID-19 en Cataluña. La gran mayoría recuperó el olfato de forma gradual, pero una de cada diez personas afectadas tardó mucho en recuperarlo o no lo ha hecho y presenta alteraciones persistentes.
Según datos de la Sociedad Española de Otorrinolaringología, aproximadamente 400.000 personas viven sin olfato en España, una cifra que la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que afecta al 5 % de la población mundial.
Todo ello repercute de diferentes formas en quienes lo padecen y conlleva riesgos evidentes, como no poder detectar alimentos en mal estado, no advertir incendios o fugas de gas, o sufrir inseguridad respecto a la higiene personal o descuidar la del hogar. Además, las personas afectadas experimentan un mayor malestar emocional y aislamiento social: por ejemplo, no pueden disfrutar de salir a comer o cenar con familiares y amigos, o tienen menos parejas sexuales, especialmente entre la población joven.


