El uso prolongado de chanclas, las caminatas y el calor pueden poner a prueba nuestros pies durante las vacaciones y la vuelta a la rutina, favoreciendo torceduras, sobrecargas o problemas como la fascitis plantar
Los especialistas de HM Hospitales recuerdan que los viajes largos también requieren cuidar la salud de pies y piernas, con pausas frecuentes, buena hidratación y un calzado adecuado para la conducción
El verano modifica nuestros hábitos y rutinas: caminamos más, practicamos actividades deportivas que durante el resto del año hacemos con menor frecuencia, realizamos excursiones y pasamos más tiempo al aire libre. A estos cambios se suma el uso de prendas y calzado más ligeros, como pantalones cortos, camisetas de tirantes, chanclas o sandalias, que aportan comodidad y frescor, pero que no siempre ofrecen la protección y sujeción necesarias para determinadas actividades.
En este contexto, el Dr. Justo Ménéndez, jefe del Servicio de Urgencias de HM Hospitales y responsable de la consulta del viajero, recuerda que “el verano es una época en la que cambiamos nuestros hábitos y aumentamos determinadas actividades, por lo que es importante adaptar también nuestra forma de vestir y nuestro calzado a lo que vayamos a hacer. Una chancla puede ser adecuada para la playa o la piscina, pero no necesariamente para caminar durante horas, hacer una excursión o realizar actividad física”.
Sobrecargas, fascitis y lesiones: consecuencias de que los pies no estén preparados
Las lesiones en los pies y tobillos son algunas de las situaciones que pueden aparecer cuando se incrementa de forma brusca la actividad física habitual. Caminar durante varias horas, realizar excursiones por terrenos irregulares o practicar deportes que no se realizan habitualmente puede generar una sobrecarga de músculos, tendones y articulaciones, especialmente cuando no existe un periodo de adaptación previo.
Entre los problemas más frecuentes se encuentran la fascitis plantar, las tendinitis y las metatarsalgias, además de las torceduras y los esguinces de tobillo. El riesgo puede aumentar cuando las caminatas son prolongadas o se realizan sobre terrenos irregulares, ya que el pie debe asumir una exigencia mayor durante periodos de tiempo a los que no está acostumbrado.
“Uno de los principales problemas durante las vacaciones es el cambio brusco de actividad. Pasamos de caminar poco durante el año a realizar de repente largas jornadas andando, excursiones o actividades deportivas, y nuestros pies no siempre están preparados para ese incremento”, explica el podólogo José Luis Sainz de la Cruz, de HM Hospitales.
El calzado también forma parte de la prevención
El tipo de calzado utilizado durante las vacaciones desempeña un papel importante a la hora de prevenir estas molestias. Las chanclas y sandalias muy abiertas ofrecen una menor sujeción y protección del pie, por lo que su uso prolongado puede favorecer sobrecargas, torceduras y lesiones, especialmente cuando se utilizan para caminar durante varias horas.
El uso continuado de un calzado excesivamente plano y sin suficiente soporte para el arco plantar también puede contribuir a la aparición de molestias como la fascitis plantar. Además, al dejar gran parte del pie al descubierto, las chanclas aumentan la posibilidad de sufrir traumatismos directos, como golpes contra bordillos, muebles u otros objetos.
Para realizar caminatas largas, excursiones o actividades deportivas, los especialistas recomiendan utilizar un calzado estable y protector, adaptado al terreno y al tipo de actividad, con buena amortiguación, suela flexible pero no excesivamente plana y, cuando sea necesario, plantillas adaptadas a las características de cada pie.
“Para caminar durante varias horas es preferible utilizar un calzado cerrado o que ofrezca una buena sujeción del talón, con amortiguación y una suela flexible, pero no excesivamente plana. Las chanclas y sandalias pueden ser adecuadas para la playa, la piscina o trayectos cortos, pero no son la mejor opción para hacer turismo durante todo el día o realizar actividad física intensa, ya que el pie no está adaptado a ese nivel de exigencia con este tipo de calzado”, explica el Dr. Sainz.
En el caso de las personas mayores o de quienes vayan a recorrer terrenos irregulares o con pendientes, también es importante extremar las precauciones y utilizar elementos de apoyo, como un bastón, cuando sea necesario para mejorar la estabilidad.
La importancia de moverse e hidratarse durante viajes largos
El verano es también una época de desplazamientos largos, tanto por carretera como en avión. En estos trayectos, además de la comodidad, la ropa puede desempeñar un papel importante. Utilizar prendas holgadas y de tejidos frescos, como el algodón o el lino, ayuda a favorecer la evaporación del sudor, evitar rozaduras y no ejercer una presión innecesaria sobre la cintura o las piernas.
Durante los viajes prolongados es importante evitar permanecer inmóvil durante demasiado tiempo. En los desplazamientos por carretera, el Dr. Menéndez recomienda “realizar paradas aproximadamente cada dos horas para bajar del vehículo, caminar unos minutos y estirar las piernas”. En los viajes en avión, cuando sea posible, aconseja levantarse y caminar por el pasillo periódicamente, además de realizar movimientos sencillos con las piernas y elevar los talones desde el asiento.
Mantener una correcta hidratación es otra de las recomendaciones durante los desplazamientos, especialmente en verano. Beber agua de forma frecuente ayuda a mantener una adecuada hidratación, mientras que el consumo habitual de bebidas azucaradas no debe sustituir al agua como principal fuente de hidratación.
“Durante un viaje largo es importante no olvidar que también debemos movernos y beber agua con frecuencia. Permanecer muchas horas sentado, especialmente en trayectos prolongados, no es recomendable, por lo que pequeñas pausas para caminar y mover las piernas son una medida sencilla que podemos incorporar a nuestros desplazamientos”, explica el responsable de la consulta del viajero de HM Hospitales.
Precaución también en las actividades al aire libre
Las actividades al aire libre requieren igualmente adaptar la protección al entorno. En verano aumentan las caídas relacionadas con la bicicleta y otras actividades deportivas, así como los esguinces derivados de torceduras, las heridas superficiales y las quemaduras solares. Muchas de estas situaciones pueden prevenirse adoptando medidas básicas de seguridad y utilizando el equipamiento adecuado.
En el caso de las caminatas por zonas de campo, hierba o arbustos, además del calzado, es importante prestar atención a la posible presencia de garrapatas. Los especialistas recomiendan utilizar pantalón largo, llevar los calcetines por fuera del pantalón y utilizar botas o calzado cerrado. Al finalizar la actividad, conviene revisar el cuerpo para comprobar que no haya ninguna garrapata adherida a la piel. Si se encuentra una garrapata, no se debe aplastar ni recurrir a métodos caseros como aplicar alcohol, aceite o vaselina. La recomendación es retirarla con unas pinzas, sujetándola lo más cerca posible de la piel y realizando una tracción suave y continua hasta conseguir extraerla.
El Dr. Ménéndez recuerda que “la prevención durante las vacaciones no significa renunciar a las actividades que disfrutamos, sino adaptar nuestras medidas de protección a cada situación. Elegir el calzado adecuado, movernos durante los viajes largos, mantener una buena hidratación y prestar atención al entorno son medidas sencillas que pueden evitar buena parte de los accidentes y molestias habituales del verano”.
Por último, los especialistas recuerdan la importancia de adecuar el calzado a la actividad cuando se conduce. El calzado que pueda desprenderse con facilidad, como determinadas chanclas o sandalias sin sujeción en el talón, puede interferir con el manejo de los pedales y comprometer la seguridad al volante. En caso de duda, lo recomendable es utilizar un calzado que permita controlar los pedales con seguridad y libertad de movimientos.
En definitiva, las vacaciones no tienen por qué convertirse en una fuente de lesiones o molestias. Mantener una actitud preventiva, adaptar el calzado y la vestimenta a cada actividad, realizar descansos durante los viajes largos y mantener una correcta hidratación permite disfrutar del verano con mayor seguridad y reducir el riesgo de que un pequeño descuido termine en una visita a Urgencias.
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