Investigadores de la Universidad de Edimburgo aseguran que tres medicamentos actuales tienen potencial para tratar una de las formas más agresivas de leucemia infantil y reducir los efectos secundarios de la quimioterapia
Un equipo de investigadores de la Universidad de Edimburgo sugiere que tras fármacos ya disponibles clínicamente podrían allanar el camino hacia tratamientos más seguros y eficaces para tratar una de las formas más agresivas de leucemia infantil, la que está causada por una alteración genética denominada KMT2A::AFF1. Según los expertos, la reutilización de este trío de fármacos podría acelerar el acceso a terapias mejoradas, a la par que reducir los efectos secundarios asociados a los regímenes de quimioterapia actuales.
Este clase de leucemia, conocida como leucemia linfoblástica aguda de precursores de células B (LLA-BCP) con mutación KMT2A::AAF1, se caracteriza por una rápida progresión de la enfermedad, un alto riesgo de recaída y opciones de tratamiento limitadas. Se trata de una afección poco común y que representa una pequeña proporción de los casos de leucemia infantil, pero a su vez es el factor genético más frecuente que impulsa la leucemia en lactantes.
De hecho, la mayoría de los casos diagnosticados se presentan antes del año de edad, y, aunque la quimioterapia puede mejorar las tasas de supervivencia, también puede causar toxicidad grave. Así, el equipo examinó tres diminutas moléculas, conocidas como microARN (miR-194, miR-99b y miR-125a-5p), que se encuentran en niveles inusualmente bajos en esta forma de leucemia: al reintroducirlas en ratones, lograron ralentizar el crecimiento y la supervivencia de las células cancerosas, revelando nuevas debilidades que se pueden tratar.
En concreto, el equipo identificó tres genes relacionados con la enfermedad, y descubrió que algunos fármacos ya existentes podrían bloquear su actividad. Entre ellos se encontraban tres: la acetazolamida, el tacrolimus y el LB-100, medicamentos que ya se están utilizando o que se encuentran en fase de investigación para otras afecciones. En estudios preclínicos, los tres fármacos mostraron fuertes efectos antileucémicos, reduciendo la carga de la enfermedad.
POSIBLE ALTERNATIVA A LA QUIMIOTERAPIA
El más prometedor de ellos resultó ser la acetazolamida, ya que prolongó la supervivencia y mejoró la eficacia de los tratamientos estándar cuando se utilizó de forma concomitante. Además, mostró una toxicidad mínima en células sanas, lo que sugiere que podría ser una alternativa más segura o un complemento a la quimioterapia convencional que se está utilizando.
De igual manera, el estudio también sugiere que la acetazolamida podría potencialmente reemplazar o reducir la dependencia de la citarabina, un fármaco de quimioterapia conocido por sus graves efectos secundarios, lo que ayudaría a disminuir la carga del tratamiento para los pacientes jóvenes. “Estamos sumamente orgullosos de este trabajo, que ha evolucionado desde una investigación básica sobre la biología del cáncer de sangre infantil hasta estudios preclínicos, reutilizando fármacos ya disponibles para los pacientes”, destaca Katrin Ottersbach, catedrática de Hematología del Desarrollo en la Universidad de Edimburgo.
El estudio, que ha incluido en su equipo a científicos del Centro Princesa Máxima de Oncología Pediátrica, en los Países Bajos, ha sido publicado en la revista HemaSphere. “Esperamos que nuestros hallazgos contribuyan a mejorar el resultado del tratamiento y la calidad de vida de estos jóvenes pacientes”, confía la investigadora escocesa.


