El lugar donde se escribe el próximo capítulo de la innovación oncológica: del mieloma múltiple al futuro de las CAR-T

El campus de Johnson & Johnson en Beerse (Bélgica) concentra parte de la investigación de la compañía en un área que ya se adentra en nuevas moléculas y disruptivas terapias celulares

 

 

 

 

Al noroeste de Bruselas, más o menos a una hora de viaje, se encuentran las instalaciones de Johnson & Johnson en Beerse. La localidad apenas supera los 18.000 habitantes, pero alberga uno de los complejos clave del ecosistema sanitario europeo en I+D. En unos tiempos en los que hablamos continuamente de conceptos como la autonomía estratégica o el futuro de la innovación, es aquí donde se trabaja en los tratamientos que ya están cambiando el abordaje de la oncología y los que aspiran a hacerlo en los próximos años.

Gaceta Médica ha participado en una jornada para medios europeos organizada por J&J en el campus de Beerse para conocer de primera mano los nuevos proyectos en los que trabaja la compañía, así como los ejes de su pipeline. En este sentido, y como repasó John C. Reed, vicepresidente ejecutivo de I+D de Innovative Medicine en Johnson & Johnson y miembro del Comité Ejecutivo, las tres principales áreas de trabajo son oncología, inmunología y neurociencia.

En total, la compañía tiene actualmente 97 medicamentos innovadores en desarrollo, de los cuales 42 están en fase 3 y 16 en fase de registro. En este sentido, patologías como el cáncer de vejiga, próstata, pulmón, cabeza y cuello y tumores gastrointestinales -entre los sólidos-, así como el mieloma múltiple y la leucemia -entre los hematológicos-, centran los esfuerzos de sus investigadores.

Personalización 

Actualmente, según los datos ofrecidos por la compañía, desarrolla más de 650 ensayos clínicos de forma simultánea en todo el mundo, en los que se investigan estrategias que van desde los anticuerpos biespecíficos y triespecíficos y los conjugados anticuerpo-fármaco hasta terapias celulares como las CAR-T. A ellas se suma la investigación en CAR-T in vivo, todavía en una fase mucho más temprana de desarrollo.

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Como subraya Henar Hevia, directora del Área Terapéutica de Oncología para EMEA en Johnson & Johnson, “cada cáncer es diferente”. Pero también pueden serlo las características moleculares de un mismo tipo de tumor entre distintos pacientes. Esta realidad impulsa el desarrollo de la medicina de precisión, en la que los biomarcadores y el acceso temprano a los test genómicos pueden marcar la diferencia: “Llegar a tiempo con el test genómico es fundamental para tomar la decisión adecuada para el paciente adecuado”, sintetiza Hevia.

La voz del paciente

Pero detrás de biomarcadores, nuevas dianas y esos tratamientos cada vez más precisos y personalizados sigue estando el paciente. Un ejemplo es el caso de Jan Walschap, paciente de mieloma múltiple y miembro de la junta directiva de CMP Vlaanderen (Contactgroep Myeloom Waldenström Patiënten).

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Su experiencia permite trasladar algunos de estos progresos a la vida cotidiana de una persona con mieloma múltiple. Los avances terapéuticos han ampliado las alternativas disponibles, pero la enfermedad continúa planteando problemas como las recaídas o el tiempo que pasa hasta que llega el diagnóstico. Si bien Walschap reconoció que su diagnóstico fue bastante rápido en comparación con la media, puso el foco en la necesidad de agilizar esta etapa y, una vez diagnosticado, facilitar en la medida de lo posible el tratamiento y su convivencia con la vida cotidiana.

En este punto, la personalización de los tratamientos también tiene que ver con permitir que los pacientes puedan vivir de la mejor forma posible a lo largo de todo el proceso. En este sentido, ya hay fármacos que van encaminados en esa línea y que incluso permiten que determinados pacientes con mieloma múltiple, o sus cuidadores, puedan administrarlos en unas condiciones tras recibir la formación adecuada. Alternativas así ayudan, como dijo Walschap, a que el paciente se sienta como “una persona que padece una enfermedad” en lugar de que la enfermedad absorba su día a día o llegue a definirle por completo.

Al margen de los avances terapéuticos, Walschap también enfatizó la importancia de cuidar todo aquello que va más allá de la última innovación terapéutica: “Hay que cuidar el estado de ánimo del paciente, ya que es más de la mitad de la recuperación”, suscribió de forma gráfica.

La medicina de precisión no consiste únicamente en conocer mejor las características biológicas del tumor o disponer de la mejor alternativa terapéutica, sino también en incorporar a la toma de decisiones a la persona que va a recibirla, con sus necesidades, circunstancias y particularidades. Una cuestión especialmente relevante cuando algunas de las alternativas más innovadoras implican procedimientos muy complejos, como sucede con las terapias CAR-T.

Un largo viaje

Llama la atención todo lo que hay detrás de los tratamientos CAR-T. Cada vez hay más literatura, tanto científica como periodística que habla de estas terapias celulares, pero no deja de impresionar el complejo procedimiento desde la selección del paciente hasta la administración del tratamiento.

Para empezar, los pacientes que pueden beneficiarse de estas terapias han de someterse a un proceso de aféresis. En este punto se extraen los glóbulos blancos, incluidos los linfocitos T, que posteriormente se someten a un proceso de enriquecimiento antes de ser criopreservados -a menos 120 grados centígrados- y trasladados hasta los laboratorios de la compañía.

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Allí, los linfocitos T son modificados genéticamente para que expresen un receptor quimérico -CAR- diseñado para reconocer una determinada diana presente en las células tumorales. En el caso de las CAR-T dirigidas frente al mieloma múltiple, por ejemplo, una de esas dianas es BCMA, una proteína expresada en las células plasmáticas malignas. Las células modificadas se expanden posteriormente y se someten a distintos controles de calidad antes de volver a ser criopreservadas y enviadas al centro hospitalario.

Este proceso dura alrededor de 25 días y, antes de recibirlas, el paciente se somete además a un tratamiento de linfodepleción que prepara el organismo para la terapia. Después llega la infusión de las células CAR-T. Una vez en el organismo, estas están mucho más capacitadas para reconocer la diana para la que han sido diseñadas y desencadenar, en consecuencia, una respuesta frente a las células tumorales ante las que otras líneas de tratamiento no han podido responder.

El futuro

Todo ese recorrido permite entender también la complejidad que rodea al desarrollo e investigación de terapias innovadoras así. En las instalaciones de Beerse se puede observar parte del engranaje que las hace posibles. Si bien estos tratamientos se fabrican en la planta de Gante, el complejo de Beerse alberga laboratorios de desarrollo e investigación que permiten asomarse a una cadena de custodia muy estricta y controlada.

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Al otro lado de grandes mamparas, investigadores equipados con las correspondientes medidas de protección trabajan en unas instalaciones dominadas por largos pasillos y áreas de acceso restringido. En otros espacios, sistemas automatizados permiten conservar y gestionar las muestras y productos que forman parte de este complejo proceso. Es la dimensión menos visible de una terapia que, antes de regresar al paciente, ha recorrido cientos de kilómetros y atravesado múltiples etapas de procesamiento y control.

En un momento en el que técnicas como las CAR-T todavía presentan mucho margen de crecimiento, la mirada ya está puesta en el futuro. En las conversaciones empieza a asomar otro nombre: las CAR-T in vivo. Las CAR-T actuales obligan a extraer los linfocitos T del paciente, modificarlos y ‘potenciarlos’ fuera de su organismo para después reinfundirlos. La aproximación in vivo persigue dar un paso diferente: generar las células CAR-T directamente dentro del organismo, evitando la aféresis y buena parte del complejo proceso de fabricación individualizada que requieren las terapias actuales.

Ester in ’t Groen, directora del Área Terapéutica de Hematología para EMEA en Johnson & Johnson, reconoció “ensayos clínicos en marcha” y apuntó durante al encuentro el “prometedor” potencial de esta aproximación. Sin embargo, como indicó, se trata todavía de una estrategia experimental en fase temprana y quedan numerosas incógnitas sobre su desarrollo y eventual aplicación clínica.

La posibilidad de modificar las células inmunitarias dentro del propio organismo apunta así hacia una nueva frontera en las terapias celulares. Queda por demostrar hasta dónde podrá llegar y cuándo. Parte de esa respuesta se busca ya en lugares como Beerse, donde se trabaja en escribir el próximo capítulo de la innovación oncológica.

 

 

FUENTE: Gaceta Médica

 

Xavi Mascarell
Xavi Mascarell
Colaborador habitual, de profesión sanitario, su interés se centra en las especialidades médicas, las asociaciones profesonales del sector y la actividad hospitalaria. Ha seguido de cerca avances en epidemiología, vacunas y prevención de la salud.

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