El dolor neuropático sigue siendo uno de los grandes retos en el abordaje del dolor crónico. En España afecta a más de tres millones de personas y, pese a su impacto sobre la calidad de vida, hasta seis de cada diez pacientes pueden tardar dos años o más en recibir un diagnóstico preciso. A ello se suma que menos del 60% consigue un alivio adecuado con los tratamientos farmacológicos disponibles actualmente.
Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), cada año se diagnostican alrededor de 400.000 nuevos casos de dolor neuropático en España. Aunque puede aparecer a cualquier edad, es más frecuente a partir de los 55 años y algo más habitual entre las mujeres.
“El dolor neuropático es considerado uno de los peores dolores que existen, tanto por la dificultad de su tratamiento como por su enorme complejidad fisiopatológica y por la intensidad con la que lo experimentan los pacientes”, explica Montserrat González Platas, coordinadora del Grupo de Estudio de Dolor Neuropático de la SEN.
Sistema nervioso
El dolor neuropático aparece cuando existe una lesión o una disfunción del sistema nervioso. A diferencia del dolor nociceptivo, que actúa como respuesta ante una lesión, infección o enfermedad, el neuropático no cumple una función protectora. “El propio sistema nervioso, al funcionar de forma anómala, interpreta como dolorosos estímulos que no deberían serlo”, señala González Platas.
Los pacientes suelen describirlo como un dolor continuo, punzante, acompañado en ocasiones de calambres o descargas eléctricas. Puede localizarse en una zona concreta o extenderse a diferentes áreas del cuerpo. La SEN recuerda que más del 60% de las personas con dolor crónico presenta, en mayor o menor medida, algún componente neuropático. Este tipo de dolor puede coexistir con otros mecanismos, lo que dificulta todavía más su identificación.
En términos generales, más del 30% de la población española sufre algún tipo de dolor, mientras que un 18% padece dolor crónico, entendido como aquel que se prolonga durante más de tres meses. Más del 5% de la población refiere dolor a diario.
Limitaciones
Como explican desde la sociedad científica, las consecuencias del dolor neuropático van mucho más allá de la propia sensación dolorosa. Hasta el 85% de las personas afectadas en España considera que condiciona de manera significativa su calidad de vida. Un 65% se ha visto obligado a restringir actividades cotidianas y cuatro de cada diez llevan más de cinco años conviviendo con este problema.
También son frecuentes las alteraciones asociadas. El 60% de los pacientes presenta trastornos del sueño, alrededor de un 40% fatiga crónica, un 34% depresión y un 25% ansiedad. Esta combinación puede generar un círculo difícil de romper, ya que el insomnio, la fatiga o los problemas emocionales pueden aumentar a su vez la percepción del dolor y complicar el tratamiento.
El impacto también se refleja en la demanda asistencial. Según la SEN, aproximadamente la mitad de las consultas de atención primaria están motivadas por algún tipo de dolor y hasta un 25% de ellas podrían estar relacionadas con dolor neuropático.
Diagnóstico
El diagnóstico sigue siendo un de los principales problemas en este campo: es clínico y se basa en la descripción de los síntomas y en la exploración del paciente. Además, puede coexistir con otros tipos de dolor, lo que favorece confusiones y retrasos. “Muchos pacientes tardan años en recibir un diagnóstico preciso”, advierte González Platas.
La especialista insiste en que acortar estos tiempos puede marcar una diferencia importante. “Cuando el dolor neuropático se identifica pronto y se trata de forma adecuada, no siempre desaparece por completo, pero sí puede controlarse, y eso puede suponer una diferencia enorme en el día a día de las personas que lo sufren”.
El tratamiento sigue siendo otra de las grandes problemáticas: con las opciones farmacológicas actuales, menos del 60% de los pacientes consigue un alivio adecuado. Por ello, la SEN considera necesario avanzar en terapias más eficaces y reforzar los equipos multidisciplinares, con la participación de neurología, unidades del dolor, rehabilitación, neurocirugía, fisioterapia, neuropsicología y psicología clínica, entre otras especialidades.
La sociedad científica también reclama una mejor formación de los profesionales para facilitar tanto el diagnóstico temprano del dolor neuropático como la detección de problemas asociados, especialmente ansiedad y depresión.
FUENTE: Somos Pacientes


