– Los profesionales de Medicina Familiar y Comunitaria defienden un modelo biopsicosocial y multidisciplinar que combine ejercicio terapéutico, educación en dolor, apoyo psicológico y una farmacoterapia prudente.
– En el abordaje del dolor crónico existen diferencias importantes en distintos ejes de desigualdad: género, nacionalidad, y nivel socioeconómico en cuanto a adecuación terapéutica, fármacos, pruebas de imagen, y al abordaje no farmacológico. La semFYC reclama un acceso equitativo a los nuevos modelos de abordaje del dolor crónico no oncológico.
Las Palmas de Gran Canaria, 6 de noviembre de 2026. – El peso del tratamiento farmacológico, las dificultades para incorporar intervenciones no farmacológicas y las desigualdades en la atención a los pacientes son algunos de los principales retos en el abordaje del dolor crónico no oncológico. La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) ha analizado en su congreso, mediante varias ponencias el modelo asistencial actual que, según se ha señalado, sigue centrado, en buena medida, en tratar la zona afectada y aliviar el síntoma, mientras que aspectos como la recuperación de la funcionalidad, el ejercicio terapéutico y el apoyo psicológico no siempre están integrados en la atención habitual. A ello se suman diferencias en el diagnóstico, la prescripción de medicamentos y el acceso a tratamientos no farmacológicos en función del género, el origen, el nivel socioeconómico o el lugar de residencia.
En el transcurso de la ponencia “Retos en el manejo del dolor crónico: abordaje correcto, equidad, polimedicación, coordinación”, la coordinadora del grupo de trabajo de Seguridad del Paciente de semFYC, Lourdes Luzón, ha defendido la necesidad de adecuar las estrategias asistenciales para avanzar hacia una atención más segura, equitativa y adaptada a las necesidades de cada persona. Entre los principales cambios se encuentra el cambio de paradigma en el abordaje del dolor crónico desde el punto de vista epistémico que llevaría consecuentemente a modificar los objetivos terapéuticos. De esta forma, el abordaje del dolor crónico debe ir más allá del alivio del síntoma y centrarse en recuperar la funcionalidad y la autonomía del paciente de una forma más integral y menos iatrogénica.
En una línea similar, María Muñoa Capron-Manieux, coordinadora del Grupo de Trabajo de Abordaje del Dolor Crónico es tajante al señalar que “en los casos de dolor crónico sin lesiones activas de origen tumoral, infeccioso o inflamatorio, entre otros, el tratamiento farmacológico no debería constituir el punto de partida”. En relación con el uso de opioides, María Eloísa Rogero, del Grupo de Trabajo de Utilización de Fármacos de semFYC, advierte de que “los opioides no han demostrado una efectividad suficiente para justificar su uso generalizado en este contexto” y recuerda los riesgos asociados a su utilización, como la dependencia, la tolerancia y el aumento de la mortalidad.
Cuando estos medicamentos ya están prescritos, es necesario revisar su indicación y valorar una posible deprescripción progresiva, planificada y supervisada, ofreciendo información y apoyo al paciente durante todo el proceso. Otros fármacos, cuando estén indicados, deben utilizarse como tratamiento de apoyo y no como punto de partida ni como eje principal del abordaje del dolor.
Inequidades y dolor
Las desigualdades sociales y de género también se reflejan en el abordaje clínico del dolor crónico. Las mujeres presentan una prevalencia del 30,5% en España, frente al 21,2% de los hombres (según el Barómetro de Dolor Crónico de 2022), y distintos estudios apuntan a diferencias en la adecuación de los tratamientos incluso ante cuadros de dolor con características similares. “No se trata únicamente de que determinados colectivos tengan una mayor prevalencia de dolor crónico, sino de que también pueden recibir una atención menos adecuada, con mayor exposición a tratamientos farmacológicos, dosis más elevadas y menor acceso a abordajes interdisciplinares”, señala María Muñoa. Estas diferencias se observan también en el acceso a pruebas diagnósticas y en las opciones terapéuticas disponibles, y afectan especialmente a mujeres, población migrante y personas con menor nivel socioeconómico.
Es fundamental realizar una valoración integral de las personas con dolor crónico que permita elaborar un plan terapéutico individualizado y compartido, teniendo en cuenta no sólo los aspectos físicos, sino también emocionales y sociales. “Necesitamos una oferta de servicios más equitativa, accesible y coordinada, así como formar a los profesionales para identificar y reducir los riesgos de género, origen y clase social que puedan condicionar la atención y tratamiento del dolor”, señala María Varela Cerdeira, coordinadora del Grupo de Trabajo de Cuidados Paliativos de semFYC. Las especialistas subrayan así la necesidad de abordar el dolor crónico también desde una perspectiva de justicia social, incorporando la investigación de las desigualdades y garantizando que el acceso a una atención multidisciplinar no dependa de los recursos económicos o del lugar de residencia.
De hecho, los programas interdisciplinares de atención al dolor crónico constituyen una de las formas de abordaje más completas, aunque, como advierten los especialistas, “lamentablemente, solo existen en algunas comunidades autónomas”. Estos programas permiten ofrecer una atención individualizada e incorporar una valoración del “sufrimiento subyacente que influye en la cronificación del dolor”, señalan las especialistas de familia.
Orientarse a la recuperación funcional
La elevada presencia del dolor crónico en las consultas de Atención Primaria ha motivado la celebración de dos sesiones específicas sobre esta cuestión en el XLVI Congreso de la semFYC. La segunda, titulada «Luces y sombras en el manejo del dolor crónico (DCNO)», ha contado con un enfoque interdisciplinar y la participación de profesionales de Medicina Familiar y Comunitaria, fisioterapia, psicología y de la Unidad del Dolor del Complejo Hospitalario Universitario Insular Materno Infantil de Gran Canaria.
Uno de los principales cambios en el abordaje del dolor crónico pasa por modificar la forma de evaluar los resultados del tratamiento e incorporar la recuperación de la funcionalidad como objetivo prioritario. No se trata únicamente de preguntar al paciente por la intensidad del dolor, sino también por las actividades que ha dejado de realizar y las capacidades que necesita recuperar: dormir mejor, caminar, trabajar, cocinar o participar en actividades familiares. “No siempre podremos eliminar completamente el dolor, pero sí podemos trabajar para que ocupe menos espacio en la vida de la persona y ayudarla a recuperar aquello que es importante en su vida”, señala Francisco Vargas Negrín, médico de familia y director del Centro de Salud Dr. Guigou de Tenerife.
Por su parte, M.ª del Mar Mateos Pérez, responsable de la Unidad del Dolor del Complejo Hospitalario Universitario Insular Materno Infantil de Gran Canaria, cree que es necesario empoderar a los pacientes ayudándoles a entender su enfermedad, su pronóstico y su evolución ofreciendo unas expectativas realistas para que asuman el autocuidado de su enfermedad. “Conseguir personas motivadas y que adopten un papel activo en su proceso es el mejor abordaje de la cronicidad”, afirma.
Frente a esta realidad, defienden la importancia de incorporar de forma coordinada otras terapias no farmacológicas como el ejercicio terapéutico, la fisioterapia, la educación en dolor, el apoyo psicológico y el autocuidado de forma adaptada a cada paciente. “Lo que debería ser prioritario es adaptar el tratamiento a las condiciones de cada paciente, puesto que no todos los dolores cursan igual ni todos responden de la misma forma a diversos tratamientos”, afirma Laura Batista Pérez, fisioterapeuta de Atención Primaria en Tenerife.
Para avanzar hacia una atención más equitativa, los especialistas consideran necesario mejorar la formación de los profesionales para identificar y reducir los sesgos de género, origen y clase socioeconómica, así como ampliar la oferta de servicios no farmacológicos y garantizar su accesibilidad física y horaria. Como recuerda Lourdes Luzón Oliver, coordinadora del grupo de trabajo de Seguridad del Paciente de la semFYC, “tenemos la responsabilidad de visibilizar el dolor como una cuestión de justicia social y no solo biomédica”.
Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC)


