El colesterol LDL tiene un papel clave en la génesis de la enfermedad aterosclerótica, pero su impacto es especialmente grave en la diabetes, según destacaron ambos expertos. Así, los niveles elevados multiplican el riesgo cardiovascular, incluso cuando el aumento es moderado. En los estudios poblacionales, los eventos cardiovasculares pasan de 47,9 a 103,8 por 10.000 personas-año cuando el colesterol total aumenta de <180 mg/dl a 260–279 mg/dl, según datos facilitados por Rosa María Sánchez Hernández. «En los pacientes con diabetes, este exceso de riesgo se amplifica por el estado inflamatorio y proaterogénico propio de la enfermedad».

«El problema a veces es que los valores de colesterol LDL en ocasiones pueden parecer no tan elevados en los pacientes con diabetes y no recibir la atención que merecen. De ahí que sea muy importante recordar que las partículas de colesterol cuando hay resistencia a la insulina son más agresivas y dañinas. Por eso, en una persona con diabetes tipo 2 se recomienda tener unos valores de colesterol más bajos «, explica Manuel Botana.

Manejo más intensivo y precoz

Y de ahí que el manejo de la dislipemia deba ser más intensivo y precoz en estos casos. La mayoría de los pacientes con diabetes tipo 2 se sitúan en categorías de riesgo alto o muy alto, según las guías ESC 2023 y la herramienta SCORE2-Diabetes. «Esto justifica objetivos de colesterol LDL más estrictos (LDL <70 mg/dl, y <55 mg/dl en muy alto riesgo)», precisa Rosa María Sánchez Hernández.

Así, el manejo debe ser multifactorial, abordando simultáneamente glucemia, presión arterial, peso, tabaquismo y lípidos. «La consecución de objetivos en los cinco factores de riesgo puede igualar el pronóstico cardiovascular al de la población sin diabetes».

El tratamiento de la dislipemia en diabetes se basa en estatinas de alta intensidad como primera línea, combinadas frecuentemente con ezetimiba para alcanzar los objetivos terapéuticos, explica Rosa María Sánchez Hernández.

Uso temprano de combinaciones hipolipemiantes

En los últimos años, se han incorporado nuevas terapias hipolipemiantes (inhibidores de PCSK9, inclisiran, ácido bempedoico), que permiten reducciones adicionales del LDL y del colesterol no-HDL. Un documento de consenso del tratamiento de la dislipemia reciente de todas las sociedades científicas apoya el uso temprano de combinaciones hipolipemiantes y la individualización según el riesgo, según destaca esta especialista.

En la misma línea se pronuncia Manuel Botana, quien señala que a veces es preferible empezar con la terapia combinada si calculamos que solo con la terapia con estatinas no vamos a llegar a conseguir los objetivos. Hoy en día somos capaces de predecir razonablemente bien el porcentaje de descenso de colesterol que vamos a conseguir en función de la estatina que vamos a utilizar. Y si prevemos que no vamos a conseguir objetivos es preferible empezar de entrada con terapia combinada».

En conclusión, ambos expertos recalcan que la diabetes no solo duplica el riesgo cardiovascular, sino que lo hace más precoz y con una alta mortalidad. «Cada paciente con diabetes debe considerarse un paciente de alto o muy alto riesgo, y el abordaje debe ser integral, individualizado y de todos los factores de riesgo que presente. Alcanzar los objetivos lipídicos es esencial, pero debe acompañarse de un control intensivo de todos los factores de riesgo y de la utilización de terapias con beneficio cardiorrenal demostrado», precisa Rosa María Sánchez Hernández.