Hay enfermedades que son muy visibles. Sus síntomas son transparentes. Quienes las padecen no pueden esconderlas porque su sintomatología es muy transparente. Sin embargo, hay otras que son invisibles, y lo son porque sus síntomas no se ven a simple vista. Quienes las padecen no evidencian ningún síntoma. Sin embargo, la padecen, aunque no se note.

El pasado día 12 de mayo se celebraba el día de la fibromialgia, una enfermedad altamente limitante e incapacitante. Estamos ante una enfermedad bastante invisible, que presenta diversos síntomas: hoy te levantas agotado y con una fatiga infinita; mañana al poner los pies en el suelo, te das cuenta que no puedes mover un tobillo que va acompañado de un dolor de cabeza que no tiene fin; pasado mañana te aparece un dolor articular en un codo sin explicación alguna, y sin haber recibido previamente un golpe… y como estos ejemplos podría poner cientos y cientos.
Ante esta situación, quienes la padecen, en su inmensa mayoría mujeres, se enfrentan a una enfermedad invisible e imprevisible que no saben cuándo y cómo va a dar la cara. Y ello implica otro problema social no menos importante: a efectos externos: “no pasa nada porque no se visibiliza ningún síntoma”.
La fibromialgia es una enfermedad dominada por el dolor crónico. Y de sobras es conocido lo limitante que es el dolor crónico a todos los efectos: no sólo desde una perspectiva física, sino también psíquica, social y económica o laboral.
La fibromialgia es una de esas enfermedades, muchas, a las que la industria farmaceútica tampoco da demasiadas respuestas. En términos generales pasa por la administración de analgésicos, antidepresivos, medicamentos anticonvulsivos, y terapias de fisioterapia, terapia ocupacional, y asesoramiento psicológico. Con lo cual, las posibilidades de una recuperación total no son demasiadas, por no decir ninguna.
Este tipo de enfermedades deben ser consideradas a muchos niveles para que quienes las sufren puedan tener, al menos, el alivio de algunas ventajas sociales, económicas o fiscales. Estamos hasta las narices (por no decir otra cosa) de oír que “no se va a dejar a nadie atrás”, pero a estos colectivos de pacientes siempre se les deja atrás. Afortunadamente que están las asociaciones y colectivos de pacientes para pelear como leones por estos héroes y heroínas, que luchan a diario y en la sombra por sus derechos y su bienestar. Gracias a ellos, en muchas ocasiones, la Administración se tropieza de bruces contra la realidad y se percata de su existencia.
Es vergonzoso que se nos llene la boca con mensajes estúpidos cuando a una base de nuestra sociedad la dejamos tirada, en ocasiones, a su suerte o verdad. Y lo más grave, son colectivos muy vulnerables que merecen el máximo de protección. El ejemplo más claro ha estado en la vacunación: ¿por qué no se ha vacunado a los enfermos crónicos paralelamente a la vacunación de personas de 80 años en adelante? La comunidad científica y sanitaria lo estaba demando, pero alguien con una mente poco ilustrada desde algún despacho se creyó en posesión de la verdad absoluta. Eso de creerse la “reina sol” es una estupidez.
Los enfermos de fibromialgia necesitan todo el apoyo y atención que sea precisos. Merecen respeto y consideración por parte de la sociedad. En una palabra, que entre todos les hagamos visibles. Pero no sólo un día al año. Todos los días del año.


