Se trata de una recomendación habitual que la mejor manera de poner pie en pared ante cualquier enfermedad es con los planes de detección precoz. Estamos inmersos en la Semana Europea de Prevención del Cáncer de Cuello Uterino.
Según datos de la Sociedad Española de Oncología Médica, el cáncer de cérvix es la 4º neoplasia más frecuente en mujeres a nivel mundial, se calcula que en 2020 se diagnosticaron unos 604.000 nuevos casos. Supone un 6.5% de los cánceres en mujeres y se registraron un total de 342.000 muertes. En España, es la 15ª neoplasia más frecuente en mujeres con 1957 nuevos casos en 2020, aproximadamente con una incidencia de 5.3 casos/100.000 mujeres / año y una mortalidad de 1.5 casos/100.000 mujeres / año.
La sociedad científica apunta a la detección precoz para hacer frente a este tumor: «El cribado de cáncer de cérvix es una estrategia de prevención efectiva y eficiente para prevenir el desarrollo del tumor. Desde sus inicios en 1940, la citología mediante técnica de Papanicolaou en combinación con el tratamiento en las primeras fases de la enfermedad ha disminuido hasta un 70% el porcentaje de muertes en los países desarrollados.
La citología mediante técnica de Papanicolaou tiene una baja sensibilidad para el diagnóstico de lesiones de alto grado pero compensa con una alta especificidad. La combinación de la detección molecular del virus del papiloma humano (VPH) y la citología alcanza una sensibilidad para detectar estas lesiones de hasta el 96%. En un escenario de vacunación como el que se está implantando, el cribado cubre a aquellas mujeres que no se vacunasen por diferentes motivos y también a aquellas con lesiones cervicales ocasionadas por un subtipo de VPH no incluido en las vacunas».
Y, paralelamente, apunta a unos factores de riesgo muy evidentes:
| Edad temprana de inicio de las relaciones sexuales |
| Promiscuidad sexual o parejas de alto riesgo |
| Inmunosupresión (transplantadas, pacientes con enfermedades autoinmunes en tratamiento con esteroides, VIH, etc…) |
| Antecedentes de co-infección por enfermedad de transmisión sexual. |
| Uso de píldora anticonceptiva, porque suele llevar asociado no usar métodos barrera.
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| Falta de adherencia al programa de cribado poblacional |
| Tabaquismo, duplican su riesgo respecto a las no fumadoras. |
| Multiparidad y primer embarazo a una edad temprana |
| Tipo de infección por VPH, debido al potencial oncogénico de cada subtipo.
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| Menos frecuente en pacientes cuyas parejas sexuales varones están circuncidados (estudios previos a la incorporación de la vacunación contra el VPH) |
Sin embargo, en el marco de la Semana Europea de Prevención de Cáncer de Cuello de Útero, la jefe de Servicio de Oncología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, Margarita Feyjoo, ha destacado una disminución de este tipo de cáncer en las últimas tres décadas, que relaciona directamente con la realización periódica de citologías.
Según la OMS, esta enfermedad es el cuarto cáncer más frecuente en las mujeres de todo el mundo. Estamos ante un tipo de tumor que se origina, en la mayoría de los casos, por la infección del virus del papiloma humano. No obstante, también influyen factores, como el tabaco, el herpes genital, los antecedentes familiares, y la practica de relaciones sexuales sin protección.
En este sentido, los especialistas inciden en el uso de la protección adecuada en la practica de las relaciones sexuales como barrera para evitar contraer infecciones de transmisión sexual. E inciden en la utilidad de la vacuna contra este virus, tanto por parte de las mujeres como de los hombres.
El 19 de enero de 2024 se publicó un articulo coincidiendo con esta misma efeméride: «En la Semana Europea del Cáncer de Cuello de Útero». Entonces escribí: «El cáncer de cuello uterino se diagnostica más frecuentemente en mujeres entre las edades de 35 y 44 años. La edad promedio al momento del diagnóstico es 50 años. Rara vez se desarrolla en mujeres menores de 20 años. Muchas mujeres de edad avanzada no saben que el riesgo de cáncer de cuello uterino aún existe a medida que envejecen. Más del 20% de los casos de cáncer de cuello uterino se detecta en mujeres que tienen más de 65 años. Sin embargo, estos cánceres rara vez ocurren en mujeres que se han estado haciendo pruebas regulares para detectar el cáncer de cuello uterino antes de cumplir los 65 años.
La doctora Luisa Sánchez Lorenzo publica en la página web de la Sociedad Española de Oncología Médica un artículo muy interesante. Al respecto señala: «el cáncer de cérvix se inicia cuando las células sanas de su superficie comienzan a dividirse de manera descontrolada. Estos cambios condicionan anomalías, no necesariamente cancerosas. Estos son los primeros pasos que pueden dar lugar a la formación de un cáncer».
En cuanto a las estadísticas de España, la oncóloga de Clinica Universitaria de Navarra señala que en España el cáncer de cérvix es la 15ª neoplasia más frecuente en mujeres con 1957 nuevos casos en 2020, aproximadamente con una incidencia de 5.3 casos/100.000 mujeres / año y una mortalidad de 1.5 casos/100.000 mujeres / año.
En un estudio que incluyó 38 países de los 5 continentes se mostró una sustancial disminución de la tasa de incidencia y mortalidad en los países con mayor tasa de ingresos, mientras estas tasas se estabilizaron o incluso aumentaron en aquellos países de bajos recursos.
El cribado de cáncer de cérvix es una estrategia de prevención efectiva y eficiente para prevenir el desarrollo del tumor. Desde sus inicios en 1940, la citología mediante técnica de Papanicolaou en combinación con el tratamiento en las primeras fases de la enfermedad ha disminuido hasta un 70% el porcentaje de muertes en los países desarrollados.
La citología mediante técnica de Papanicolaou tiene una baja sensibilidad para el diagnóstico de lesiones de alto grado pero compensa con una alta especificidad. La combinación de la detección molecular del virus del papiloma humano (VPH) y la citología alcanza una sensibilidad para detectar estas lesiones de hasta el 96%. En un escenario de vacunación como el que se está implantando, el cribado cubre a aquellas mujeres que no se vacunasen por diferentes motivos y también a aquellas con lesiones cervicales ocasionadas por un subtipo de VPH no incluido en las vacunas».


