Los adolescentes viven una etapa llena de transformaciones. Lo esencial es diferenciar lo que es desarrollo normal y lo que genera sufrimiento o pérdida de funcionamiento.
La infancia es un periodo vital en la formación de los seres humanos y cualquier disfunción durante la misma puede tener impacto a lo largo de su experiencia vital, así lo pone de relieve un estudio realizado en la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UCH) de Castellón en el que se ha detectado que los traumas sufridos durante la infancia en familias con poca comunicación y afecto pueden generar psicosis en la adolescencia.
Los resultados, publicados en World Journal of Psychiatry, se basan en la evaluación de alrededor de 700 adolescentes entre 11 y 15 años y también muestra que muchos adolescentes con síntomas psicóticos leves no son detectados por los sistemas sanitario.

El trabajo forma parte de la tesis doctoral del psiquiatra Antonio Jovaní, dirigida por Gonzalo Haro y Francisca Castellano, profesores de la CEU UCH, con la colaboración otros miembros del Grupo de Investigación en Salud Mental y Adicciones (TXP). Para sus autores, el estudio supone un avance en la comprensión de los factores psicosociales que predisponen a la aparición de síntomas psicóticos tempranos.
Según Antonio Jovaní, doctor por la CEU UCH a y primer autor del artículo, “la idea nació a partir de nuestra experiencia clínica con adolescentes. En los últimos años observamos que muchos jóvenes que acudían por ansiedad, aislamiento o dificultades escolares, presentaban también experiencias psicóticas leves o transitorias y que, a menudo, estaban vinculadas a situaciones de trauma temprano o a dinámicas familiares muy tensas”.
Aunque hay estudios en población adulta y clínica que valoran este aspecto, en población general adolescente apenas existen. Así, se centraron en determinar si el trauma y la socialización familiar podían influir conjuntamente en el riesgo de desarrollar síntomas psicóticos. El grupo de investigación TXP de la CEU UCH en Castellón analizó, mediante cuestionarios validados sobre trauma infantil, síntomas psicóticos y estilos parentales, cómo las experiencias traumáticas en la infancia y los estilos de socialización parental influyen en la aparición de Estados Mentales de Alto Riesgo (EMAR) para desarrollar psicosis en adolescentes.
Grupos de riesgo
“Se aplicaron cuestionarios validados para evaluar trauma psicológico (DTS-Davidson Trauma Scale), síntomas psicóticos incipientes o experiencias psicóticas tempranas (Youth Psychosis At-Risk Questionnaire Brief-YPARQB y PQB-Prodromal Questionnaire-Brief) y estilos parentales de socialización (Cuestionario de socialización parental TXP)”, explica Jovaní. A aquellos sujetos con puntuaciones más altas en cuestionarios de riesgo de psicosis, se les realizó la entrevista clínica CAARMS con un psiquiatra o psicólogo. De esa forma, “pudimos clasificar a los participantes en cuatro grupos: control, bajo riesgo, riesgo intermedio y alto riesgo (EMAR)”.
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Resultados clarificadores
El trabajo analizó a 697 adolescentes de entre 11 y 15 años de centros educativos de la provincia de Castellón. Los participantes fueron clasificados en distintos niveles de riesgo: controles, riesgo bajo, medio y alto, siendo este últsubraya la necesidad de prestar atención a esta población antes de que los síntomas se agraveimo correspondiente al grupo EMAR. Según los resultados, el 2,8% de los adolescentes presentaban EMAR y otro 3,2% manifestó riesgo intermedio, lo que subraya la necesidad de prestar atención a esta población antes de que los síntomas se agraven.
Los sujetos con EMAR reportaban entre 5 y 9 veces más experiencias traumáticas en la infancia que los sujetos controles sanos. En la muestra analizada, un 29,2% de los adolescentes (198 sujetos) había sufrido un evento potencialmente traumático en su vida, sin que ello implicara desarrollo de sintomatología postraumática en todos ellos. Los investigadores inciden en la diferencia entre los sujetos controles sanos, donde solo el 10,8% reportaron un evento potencialmente traumático, frente al 89,5% de los sujetos con estado mental de alto riesgo, que sí lo reportaron. Además, este porcentaje experimenta una tendencia ascendente progresivamente en los grupos de riesgo bajo (51,5%) e intermedio (82,6%). [/su_note]
Según Jovaní, “la prevalencia de sujetos con EMAR fue acorde a literatura publicada. La ciencia explica relación estrecha entre la sintomatología traumática y “nos sorprendimos por la tendencia ascendente resultante en la relación entre dichos traumas y los síntomas psicóticos. Respecto a los motivos, consideramos que el trauma experimentado durante la infancia puede dar lugar a percepciones negativas sobre uno mismo, los demás y el entorno”.
En este sentido, situaciones como el acoso escolar o el maltrato psicológico tempranos “podrían ser germen de desconfianza hacia los demás, lo que a su vez podría contribuir al debut de ideas paranoicas o autorreferencias durante la adolescencia”. Además, se han identificado cambios biológicos cerebrales compartidos en psicosis y en el Trastorno por Estrés postraumático. “Resulta llamativo que las experiencias adversas que tienen lugar durante la infancia suelen permanecer relativamente inadvertidas durante años, antes de que los síntomas se manifiesten en la adolescencia y la adultez temprana”, enfatiza Jovaní.
Traumas y conclusiones
Los traumas más frecuentemente reportados son el fallecimiento de un ser querido (18%), la negligencia o abuso emocional -bullying- (8%), el maltrato físico (6%), haber sufrido un desastre natural o un accidente de tráfico (2%) y los abusos sexuales (0,9%). En cuanto a las puntuaciones totales de la escala DTS (Davidson Trauma Scale), la sintomatología postraumática es 4 veces y media más intensa en los sujetos EMAR (71,11) que en el grupo control sano (16,06).
A pesar de que cualquier cifra distinta a cero resulte escandalosa, añade Jovaní, “la literatura describe mayor presencia de abuso sexual, siendo postulado como el tipo de trauma más asociado con severidad de los síntomas psicóticos. La menor prevalencia a la esperada (infradiagnóstico) puede ser argumentada por el subregistro y silenciamiento, la negación del abuso, así como por propias limitaciones metodológicas del estudio”.
Uno de los aspectos que “más nos sorprendió del estudio”, remarca Jovaní, “es que un entorno familiar cálido (basado en la confianza, escucha, cariño) puede amortiguar los efectos del trauma infantil sufrido años atrás. Es decir, no elimina por completo el impacto del trauma, pero sí reduce la probabilidad de que ese dolor se traduzca en síntomas psicóticos”. En cambio, el silencio emocional o las relaciones muy autoritarias tienden a perpetuar la sensación de inseguridad y desconfianza en los adolescentes. Francisca Castellano, doctora en Psicología, profesora del Departamento de Ciencias de la Educación de la CEU UCH de Castellón y coautora del estudio, incide en que “una socialización parental basada en el afecto y la comunicación puede actuar como un factor protector frente a la aparición de síntomas psicóticos, incluso en adolescentes con antecedentes traumáticos. Esto refuerza la idea de que intervenir en la dinámica familiar es clave para la prevención en salud mental”.
Detección precoz y programas específicos
Para Gonzalo Haro, psiquiatra y profesor titular de Psiquiatría del Grado en Medicina en la CEU UCH de Castellón e investigador principal del Grupo TXP, la investigación refuerza la necesidad de programas de detección precoz de riesgo de desarrollo de psicosis en adolescentes; programas que deben explorar la presencia de traumas y familias poco comunicativas y afectivas. Además, la relación encontrada entre el consumo de alcohol y drogas y el desarrollo de trastornos mentales en la adolescencia es también significativa entre los resultados que hemos obtenido”.
El estudio también subraya que muchos adolescentes con síntomas psicóticos leves no son detectados por los sistemas sanitarios, ya que el modelo EMAR clásico se basa en sujetos que buscan ayuda. En cambio, en sintonía con lo expresado por Haro, un enfoque comunitario permite identificar casos que, de otro modo, pasarían desapercibidos. En este sentido, el grupo TXP de la CEU UCH advierte en esta investigación sobre la necesidad de realizar cribados preventivos en entornos escolares y familiares, tal como recomienda la Academia Americana de Pediatría para otros trastornos, como la depresión. Sin embargo, insisten en que se deben evitar los sobrediagnósticos mediante herramientas específicas y con profesionales formados.


