El alzhéimer sigue siendo actualmente una enfermedad sin cura y con opciones terapéuticas limitadas. Recibir un diagnóstico de enfermedad de Alzheimer representa para los pacientes una lenta pero generalmente inexorable evolución.
Ello conlleva, con el tiempo, un progresivo deterioro cognitivo, funcional y conductual, con impacto creciente sobre la vida del paciente y su entorno. No obstante, su prolongada etapa preclínica de evolución sin síntomas ofrece una amplia ventana de oportunidad para la prevención.
Incidencia sobre factores modificables
Mucha investigación se ha enfocado a la búsqueda de fármacos, pero los factores de riesgo modificables han sido también objeto de atención.
Al respecto, la actualización más reciente de la Lancet Commission on Dementia Prevention, Intervention and Care incluía hasta catorce entre los aspectos modificables que influyen en el desarrollo de la enfermedad. Por su parte, las directrices de la Organización Mundial de la salud (que están siendo actualizadas) concuerdan también el reducir el riesgo a través de la actividad física, una dieta sana y equilibrada, entrenamiento cognitivo y el manejo de la hipertensión, la diabetes y la dislipidemia.
En declaraciones para Univadis España ofrece su visión el Dr. Mario Salas Carrillo, geriatra y responsable de la Unidad de Deterioro Cognitivo de Geriatría del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y coordinador del Grupo de Demencias de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. Primeramente, valora los avances en el campo de las enfermedades neurodegenerativas, principalmente: “el avance técnico que hace posible la detección de biomarcadores séricos (con una analítica) y la aparición de nuevos anticuerpos monoclonales que se suman al discreto arsenal terapéutico previo”.
Desgrana Salas intervenciones de utilidad para modificar la evolución: “el control de factores de daño vascular (hipertensión, colesterol, diabetes, obesidad…), la valoración de la esfera anímica (depresión, ansiedad, soledad no deseada…), la calidad del sueño, revisar la medicación que pueda ocasionar defectos en la cognición (como las benzodiacepinas o aquellas medicaciones con efecto anticolinérgico) o el valorar los déficits sensitivos (como de audición y visión)”.
En efecto, “se puede intervenir sobre el estilo de vida. Realizar ejercicio regular, comer una dieta mediterránea rica en antioxidantes, realizar actividades sociales y ejercicios de estimulación cognitiva” son ejemplos de intervenciones que se asocian con una mejor evolución de la enfermedad.
Aproximaciones multidominio
Por otra parte, señala Salas el mayor potencial de usar varias aproximaciones de forma conjunta: “Todas estas medidas siempre funcionarán mejor buscando las sinergias. Combinadas son de mayor utilidad que aisladas, es por ello por lo que se investiga cada vez más en intervenciones que combinen, por ejemplo, estimulación cognitiva con ejercicio físico”.
Una referencia en el contexto de las llamadas actuaciones multidominio es el estudio finlandés FINGER (siglas de Finnish Geriatric Intervention Study to Prevent Cognitive Impairment and Disability). Se combinaban ahí ejercicio, entrenamiento cognitivo, actividad social, recomendaciones dietéticas y gestión de los factores de riesgo vasculares y metabólicos en 1.260 adultos de 60 a 77 años con riesgo de demencia.


