El apego temprano, factor clave para el desarrollo infantil y para evitar problemas de salud mental en la edad adulta

  • Expertos en Neurociencia, Psiquiatría, Psicología y Protección de menores analizan el apego en el XXVII Ateneo de Bioética de la Fundación de Ciencias de la Salud

  • La evidencia científica vincula el maltrato y la carencia afectiva con un mayor riesgo de trastornos psiquiátricos y de enfermedades médicas

  • Desconfianza, miedo, dificultades en las relaciones interpersonales, baja autoestima y conductas agresivas de autodefensa son algunos de los efectos que provoca la falta de apego en la infancia

Madrid, 11 de marzo de 2026. La calidad de los vínculos afectivos en las primeras etapas de la vida condiciona de manera decisiva el desarrollo físico, emocional y social de las personas. Desde que, en 1951, el psicoanalista británico John Bowlby publicara, con el respaldo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sus investigaciones sobre los efectos de la carencia afectiva en la infancia, el apego se ha consolidado como un pilar central en disciplinas como la Puericultura, la Psiquiatría Infantil y la Pedagogía.

No es solo una cuestión de “cariño”; es una cuestión de arquitectura cerebral. La ciencia moderna ha confirmado lo que la Psicología intuía: el apego no es un lujo emocional, sino una necesidad biológica primaria. Bajo esta premisa, la Fundación de Ciencias de la Salud (FCS) ha reunido a un grupo de destacados expertos en Neurociencia, Psiquiatría, Psicología y Protección de Menores en el “XXVII Ateneo de Bioética”, una cita de referencia dedicada en esta edición de 2026 a la “Biología y Bioética del Apego”, que pone el foco en cómo la ausencia de vínculos seguros está configurando una generación de adultos con mayor vulnerabilidad a las patologías mentales y a la exclusión social.

La jornada ha sido inaugurada y clausurada por el profesor Diego Gracia, presidente de la Fundación de Ciencias de la Salud, quien ha subrayado la importancia de abordar el apego no solo desde la evidencia científica, sino también desde la reflexión ética y social. “El apego no es solo una categoría psicológica, sino una realidad biológica con profundas implicaciones éticas. Cuando falla, se resiente no solo la vida emocional del niño, sino también su salud integral y, en consecuencia, nuestra responsabilidad social”, ha asegurado

Alteraciones tempranas y riesgo psicopatológico

En la primera mesa, dedicada a la Neurobiología y Psicopatología del apego, han participado Carlos Avendaño, catedrático emérito de Anatomía Humana y Neurociencia de la Universidad Autónoma de Madrid; y María Eugenia Herrero, psiquiatra y consejera de la Asociación Nuevo Futuro-Sirio. Ambos han trazado un mapa de cómo la Biología y la experiencia se entrelazan en los primeros años de vida para configurar la salud mental futura.

“El conocimiento del apego y sus trastornos está permitiendo, en primer lugar, entender mejor los mecanismos del desarrollo cerebral y de la conducta, así como los factores que más afectan a este desarrollo en etapas tempranas. Por otra parte, permite apreciar más claramente el daño duradero que la adversidad o el maltrato precoces pueden acarrear no solo al individuo que lo ha padecido sino a su descendencia. Muchas de las alteraciones neurales generadas son duraderas, y probablemente algunas pueden ser permanentes y quizá irreversibles. No obstante, el cerebro posee capacidades adaptativas compensatorias y vicariantes que, reclutadas y estimuladas adecuadamente mediante mejores estrategias preventivas y terapéuticas, pueden reorganizar o rescatar funciones y conductas distorsionadas o perdidas”, ha comentado el Dr. Carlos Avendaño.

Así, durante los dos primeros años de la vida del niño, se van construyendo los pilares de su salud mental que le acompañarán de por vida, periodo en el que la madre, la figura primaria del apego, es esencial. Cuando no se produce ese apego y la confianza básica no se consigue, el niño, el adolescente y el posterior adulto, carecerán de esos sólidos pilares y reinará en ellos la desconfianza.

“Cuando no se produce un apego adecuado, las manifestaciones psicopatológicas aparecerán pronto, pudiéndose diagnosticar antes del año de edad: problemas de sueño y alimentación, irritabilidad importante, llanto frecuente e incoercible o, por el contrario, apatía y exceso de sueño”, ha explicado la psiquiatra María Eugenia Herrero. A medida que el niño crece, ha añadido, pueden aparecer “desconfianza y miedo, dificultades en las relaciones interpersonales”, así como inseguridad, baja autoestima y conductas agresivas de defensa. En los casos más graves, el trastorno del apego puede evolucionar hacia cuadros psiquiátricos severos en la adolescencia, como el Trastorno Límite de la Personalidad, ha señalado.

Además, la evidencia científica ha demostrado también otras consecuencias a largo plazo: el maltrato y las alteraciones tempranas del apego incrementan el riesgo de trastornos ansioso-depresivos, el abuso de sustancias y otras patologías médicas —desde enfermedades cardiovasculares hasta diabetes tipo II—, reduciendo incluso la esperanza de vida1,2.

Desde una perspectiva bioética, la especialista ha insistido en la obligación de los profesionales sanitarios de detectar precozmente estas situaciones: “La responsabilidad y la ética de máximos que nuestra profesión médica exige nos invita a estudiar y conocer este tipo de problemas para hacernos conscientes de su enorme repercusión en la salud general a lo largo de la vida del individuo”. Por ello, pediatras, médicos de familia, obstetras y neonatólogos deben prestar especial atención a la díada madre-bebé, especialmente en contextos como la depresión posparto.

El sistema de protección y el derecho al apego seguro

La segunda mesa ha abordado la dimensión jurídica y social del apego, con especial atención al sistema español de protección de menores. En ella han participado Helena García, psicóloga del Centro de Estudios Superiores Cardenal Cisneros; y Salomé Adroher, profesora de Derecho de la Universidad Pontificia Comillas; y ha estado moderado por Blanca Morera, psiquiatra y miembro del Área de Bioética de la Fundación de Ciencias de la Salud.

Aunque la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor establece desde 20153 que deben primar las medidas familiares frente a las residenciales, las permanentes frente a las temporales, y las consensuadas frente a las impuestas, “en un número muy elevado de los casos no se cumplen ninguna de estas condiciones. De hecho, según los últimos datos oficiales de 2024, solo un 45% de los niños del sistema de protección estuvieron en acogimiento familiar4”, ha explicado Salomé Adroher.

Así, ha puesto el foco en la importancia de promover vínculos seguros desde los primeros años, destacando el papel de las familias y de los entornos educativos en la construcción de relaciones afectivas estables. “Es evidente que solo las familias pueden ofrecer un apego seguro a los niños; el sistema residencial, por muy pequeños que sean los centros y estupendos sus profesionales, no puede jamás cumplir el papel de las familias”, ha incidido la experta.

Además, ha reclamado una apuesta institucional decidida por el acogimiento familiar, así como por facilitar la continuidad de los vínculos cuando un acogimiento pueda transformarse en adopción. “Hasta hace poco en toda España esto era prácticamente imposible, produciéndose situaciones en las que muchos niños eran ’arrancados’ de sus familias de acogida con las que llevaban años de convivencia y entregados a familias adoptivas. No siempre y en todo caso una familia acogedora puede convertirse en adoptante del niño que tiene acogido, pero debe existir esta posibilidad legal y la familia con la que el niño está viviendo, si es idónea, debería tener prioridad frente a otras familias. Algunas leyes autonómicas han avanzado sobre ello, pero todavía queda mucho camino por recorrer”, ha sostenido.

Por su parte, desde el punto de vista ético y jurídico, la ley establece con claridad que debe primar el interés superior del menor sobre cualquier otro interés legítimo concurrente, valorando al mismo tiempo los derechos fundamentales de las demás personas implicadas. Por todo ello, los expertos han destacado la necesidad de reforzar los sistemas de apoyo a la infancia y de integrar el conocimiento sobre el apego en las políticas públicas de protección.

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** Pie de foto: en la fila de arriba de izquierda a derecha: Carlos Avendaño, catedrático emérito de Anatomía Humana y Neurociencia de la Universidad Autónoma de Madrid; Blanca Morera, psiquiatra y miembro del Área de Bioética de la Fundación de Ciencias de la Salud; y Salomé Adroher, profesora de Derecho de la Universidad Pontificia Comillas; y en la fila de abajo de izquierda a derecha: Helena García, psicóloga del Centro de Estudios Superiores Cardenal Cisneros; María Eugenia Herrero, psiquiatra y consejera de la Asociación Nuevo Futuro-Sirio; y Diego Gracia, presidente de la Fundación de Ciencias de la Salud.

 

 

Ana Manterias
Ana Manterias
Colabora en el portal desde el ámbito de la comunicación y el marketing, con una visión estratégica orientada al sector de la sanidad y la salud, las enfermedades y la nutrición. Especializada en relaciones institucionales, coordina la línea editorial de todos los autores con un enfoque riguroso y coherente.

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