El control del azúcar es solo la punta del iceberg de una enfermedad muy compleja, que afecta a muchas partes del cuerpo y puede derivar en serias complicaciones
La diabetes tipo 2 (DM2) no es una enfermedad aislada que afecta solo a la glucosa. Tiene un impacto sistémico que puede dañar el corazón, el riñón, el hígado, la retina o incluso el sistema nervioso, y muchas personas no son plenamente conscientes de hasta qué punto aumenta el riesgo cardiovascular y la enfermedad renal crónica. Ante este impacto, resulta fundamental establecer una atención multidisciplinar y un abordaje holístico.
“Como nosotros decimos, la diabetes tipo 2 no es solo azúcar. Es una enfermedad metabólica muy compleja y crónica, que va a ser para siempre, y cuyo mal control conlleva la aparición de complicaciones que pueden afectar a múltiples sistemas”, explica a ConSalud.es el doctor Javier Cornejo, médico de atención primaria en el Servicio Madrileño de Salud (SERMAS), en relación con un encuentro científico titulado El Gran Evento, organizado por Novo Nordisk. Los médicos especialistas en Atención Primaria son los encargados de hacer el seguimiento de la enfermedad en todo momento, con derivaciones a otros especialistas en función de las complicaciones que vayan surgiendo.
La elevada concentración de glucosa en sangre, conocida como hiperglucemia, se relaciona con el deterioro progresivo de los vasos sanguíneos de distintos órganos. En el corazón y cerebro, acelera la enfermedad cardiovascular. A nivel renal, estrecha y ocluye los pequeños vasos, limitando la capacidad de filtración. Cuando llega menos sangre a los tejidos renales, disminuye la capacidad de eliminar desechos y líquidos, lo que favorece la aparición de enfermedad renal crónica.
Así, las principales dificultades que se suelen encontrar las personas con diabetes tipo 2 son la inercia terapéutica, la complejidad del manejo a largo plazo y, en muchos casos, esa falta de percepción del riesgo, principalmente porque la enfermedad puede ser silenciosa durante años. También, apunta la doctora Virginia Bellido, endocrinóloga del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, influyen factores como la adherencia al tratamiento, las barreras en el estilo de vida y la coexistencia de otras comorbilidades como las anteriormente citadas.
“La diabetes tipo 2 puede estar presente durante años antes del diagnóstico, y cuanto antes se identifique, mayores son las posibilidades de prevenir o retrasar complicaciones. La detección precoz permite actuar en fases en las que se puede cambiar el curso de la enfermedad y mejorar claramente el pronóstico a largo plazo”, señala la doctora Bellido. Desde Endocrinología, comenta, trabajan en cuatro niveles: diagnóstico precoz, estratificación del riesgo, selección individualizada del tratamiento y educación terapéutica del paciente. “Cada vez damos más importancia al abordaje multidisciplinar y al seguimiento estrecho, con el objetivo de intervenir antes y de forma más eficaz para prevenir complicaciones”, asegura.
Una visión integral
Es en la selección individualizada del tratamiento donde se han producido los mayores avances en los últimos años: a los cambios en el estilo de vida (alimentación saludable, actividad física y control del peso) se han sumado opciones terapéuticas que ayudan a controlar muchos de los problemas derivados de la diabetes. “Hasta hace relativamente poco, diez o quince años, lo único que teníamos eran fármacos hipoglucémicos, que controlaban los niveles de azúcar. En aquellos momentos se tenía una visión más glucocéntrica, en la que lo único que importaba era tener el azúcar bajo y ya, y por eso aparecían todas esas complicaciones”, comenta Javier Cornejo.
Ahora, en cambio, el panorama ha cambiado enormemente. Las opciones terapéuticas que muchos profesionales sanitarios habrían considerado “ideales” para el abordaje de la diabetes tipo 2 -si se les hubiera preguntado hoy ya son una realidad. “En ese momento, hubiésemos pedido un tratamiento robusto en cuanto a la elección de hemoglobina glucosilada para el control glucémico, que no tuviese riesgo de hipoglucemias y que además redujese el riesgo de estas complicaciones. Todo eso existe hoy y todavía queda mucho más por venir”, subraya el médico de familia.
Según explica la doctora Virginia Bellido, la evidencia científica disponible indica que, además del control de la glucosa, avanzar en el manejo de otros factores clínicos puede contribuir a mejorar la salud de las personas con diabetes tipo 2. Este enfoque ha puesto de manifiesto que aspectos como la salud cardiovascular y renal, junto con indicadores metabólicos más amplios, pueden influir en la evolución de la enfermedad y en el bienestar general de los pacientes, “lo que encaja con el enfoque actual de la diabetes como una enfermedad cardiorrenometabólica”. Además, subraya, en muchos pacientes se asocia a una mejora de la calidad de vida, tanto por el mejor control de la enfermedad como por la reducción de peso.
La doctora Bellido subraya que, al adoptar una visión más integral -que tenga en cuenta el riesgo cardiovascular, la función renal y otros parámetros metabólicos- se abre la puerta a estrategias “orientadas a reducir complicaciones y mejorar el pronóstico a largo plazo”.
Ser conscientes de la enfermedad
No obstante, ambos expertos insisten: ningún tratamiento es suficiente por sí solo. Hace falta que esté acompañado de un estilo de vida saludable y de una concienciación sobre los riesgos de la diabetes, algo en lo que los médicos juegan un papel fundamental. “Siempre lo decimos: el paciente que sabe más sobre su enfermedad es el que mejor evoluciona, porque conoce lo que puede pasar y cómo se debe cuidar. Nosotros vemos al paciente puntualmente un día en la consulta, igual cada tres o seis meses, pero el que vive con su enfermedad todos los días es él, y por eso es clave que esté bien informado”, recuerda Javier Cornejo.
“El manejo de la diabetes tipo 2 requiere un enfoque global que combine intervenciones terapéuticas, cambios en el estilo de vida, seguimiento clínico y participación activa del paciente.Los nuevos tratamientos son herramientas muy valiosas, pero deben integrarse dentro de una estrategia integral y personalizada”, afirma Virginia Bellido. “Aún existe la percepción de que la diabetes tipo 2 es una enfermedad ‘leve’ o solo relacionada con el azúcar, y no es así. Es una patología crónica con potencial de producir complicaciones graves si no se aborda de forma precoz y adecuada. Mejorar la concienciación ayuda a favorecer el diagnóstico temprano, la adherencia al tratamiento y la adopción de hábitos de vida saludables”, sentencia.
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