La microbióloga María del Mar Tomás (SEIMC) explica que los hantavirus tienen una capacidad limitada de transmisión entre humanos y que los casos siguen ligados al contacto con reservorios animales
El brote de hantavirus detectado en el crucero MV Hondius, vinculado a la cepa Andes del virus, ha vuelto a situar a estos virus zoonóticos bajo vigilancia internacional. Aunque el episodio ha despertado preocupación por la posibilidad de transmisión entre personas, los expertos insisten en que el riesgo para la población general continúa siendo bajo y que los hantavirus no muestran, por ahora, un comportamiento comparable al de virus respiratorios con capacidad pandémica.
Así lo explica María del Mar Tomás Carmona, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC) y microbióloga del Hospital Universitario de A Coruña (CHUAC), quien recuerda en una entrevista con Gaceta Médica que estos virus mantienen una fuerte dependencia ecológica de sus reservorios animales, principalmente roedores.

«Los hantavirus son muy diversos y cada especie suele estar asociada a reservorios concretos, sobre todo roedores, aunque también se han descrito en musarañas, topos y murciélagos», señala la especialista. A diferencia de otros patógenos respiratorios capaces de expandirse rápidamente entre humanos, añade, «su evolución natural suele estar muy condicionada por el reservorio y no muestra plasticidad pandémica de virus respiratorios como gripe o coronavirus»
Los hantavirus pertenecen a una familia de virus ARN segmentados, una característica que les permite acumular mutaciones a lo largo del tiempo. Además, cuando dos variantes infectan simultáneamente al mismo huésped, pueden intercambiar fragmentos genéticos mediante un mecanismo denominado reasortment. Sin embargo, Tomás matiza que «la recombinación existe como posibilidad, pero parece menos relevante que la mutación gradual y el reasortment«.
La cepa Andes de hantavirus, bajo vigilancia
La principal preocupación sanitaria gira en torno a la cepa Andes del hantavirus, endémica en regiones de Argentina y Chile y considerada una «rareza» dentro de los hantavirus debido a su capacidad limitada de transmisión persona a persona.
«No hay evidencia sólida de una tendencia general reciente hacia hantavirus más transmisibles o virulentos», afirma la portavoz de la SEIMC. «La gran excepción es la cepa Andes, con episodios documentados de transmisión persona a persona, normalmente limitada y asociada a contacto estrecho».
Precisamente, las investigaciones preliminares sobre el brote del MV Hondius han confirmado esta cepa relacionada como la relacionada con el brote de hantavirus del crucero. Aun así, tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) mantienen que el riesgo poblacional sigue siendo reducido.
Según explica Tomás, la transmisión de los hantavirus continúa dependiendo principalmente de la exposición a secreciones de animales infectados. «El salto depende de una combinación de ecología y biología viral: abundancia del reservorio, intensidad de eliminación viral en orina, heces o saliva, supervivencia ambiental del virus y exposición humana a aerosoles contaminados», detalla.
En la práctica, la mayoría de infecciones se producen tras inhalar partículas contaminadas presentes en espacios cerrados o poco ventilados donde habitan roedores infectados. Graneros, almacenes, viviendas rurales o zonas silvestres son algunos de los entornos de mayor riesgo.
Huéspedes accidentales
La especialista insiste en que los humanos no forman parte del ciclo natural de transmisión del virus. «En la mayoría de los casos, el humano es un huésped accidental y terminal», subraya.
Para que un hantavirus adquiriera una capacidad sostenida de transmisión entre personas tendría que superar múltiples barreras biológicas. Entre ellas, la capacidad de entrar eficientemente en células humanas, replicarse de forma estable, eliminarse por vías respiratorias o fluidos en cantidades suficientes y mantener cadenas prolongadas de contagio.
«Los hantavirus mutan, como otros virus ARN, pero adquirir de forma estable una combinación de cambios que permita transmisión eficiente entre humanos requiere superar muchas barreras», explica Tomás Carmona. «La evidencia disponible sugiere que estos eventos son excepcionales».
La microbióloga recalca además que no existe actualmente una tasa cuantitativa fiable que permita predecir la aparición de una variante con transmisión sostenida entre humanos.
Cambio climático y expansión humana
Aunque el riesgo pandémico sea bajo, los expertos sí observan factores ambientales y ecológicos que podrían favorecer nuevos brotes localizados en el futuro.
Entre los escenarios más preocupantes figuran la deforestación, la expansión agrícola, la urbanización en áreas rurales, el turismo en entornos silvestres y el cambio climático, fenómenos que aumentan el contacto entre humanos y reservorios animales.
«Los escenarios más preocupantes son los que aumentan el contacto humano-reservorio». advierte la portavoz de la SEIMC. También menciona «el almacenamiento deficiente de alimentos, viviendas o galpones infestados y los cambios climáticos que disparen las poblaciones de roedores».
En Europa, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) notificó 1.885 casos de hantavirus en 2023, con fluctuaciones anuales asociadas parcialmente a ciclos ecológicos de roedores. Aunque la mayoría de infecciones registradas en el continente europeo corresponden a variantes diferentes del virus y sin transmisión interpersonal conocida, los especialistas consideran fundamental mantener la vigilancia epidemiológica.
En Sudamérica, donde circula la cepa Andes, las autoridades sanitarias siguen especialmente atentas a cualquier agrupación de casos compatibles con transmisión entre personas, aunque hasta ahora los episodios documentados han sido limitados y vinculados a contactos estrechos.
Para la especialista, la clave continúa estando en la prevención ambiental y el control de la exposición a reservorios animales. «El principal riesgo sigue siendo el contacto con aerosoles contaminados procedentes de roedores infectados», concluye.


