La oncóloga Tania Fleitas Kanonnikoff, coordinadora del proyecto VERO, analiza las claves de este aumento de casos y los retos en el diagnóstico precoz de la enfermedad
El cáncer gástrico, tradicionalmente vinculado a edades avanzadas, está experimentando un notorio cambio en su patrón epidemiológico. Cada vez son más los casos detectados en personas menores de 50 años, una tendencia que ha impulsado iniciativas de investigación específicas como el proyecto VERO (Valor pronóstico y predictivo de respuesta del microambiente del cáncer gástrico en personas jóvenes), coordinado por la oncóloga Tania Fleitas Kanonnikoff, del Hospital Clínico Universitario de València, y coordinadora del Grupo de Investigación Traslacional en Cáncer Esofagogástrico del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA.
Esta iniciativa, que cumple cuatro años, nació de una historia personal: la de una paciente joven que, durante su enfermedad, promovió la recaudación de fondos para investigar este tipo de tumor. Tras su fallecimiento, familiares y allegados recogieron el testigo, dando lugar a un proyecto que hoy se ha convertido en una de las mayores cohortes de estudio del cáncer gástrico en jóvenes en España.
Un cambio de tendencia que preocupa a los expertos
Durante décadas, el cáncer gástrico ha sido considerado una enfermedad asociada al envejecimiento. Sin embargo, los datos recientes apuntan en otra dirección. Tal y como explica Tania Fleitas en declaraciones a Gaceta Médica, «en los últimos años hemos observado un aumento sostenido de casos de cáncer gástrico en personas menores de 50 años, un fenómeno que contrasta con la epidemiología clásica. En el Proyecto VERO señalamos que el cáncer gástrico en jóvenes está aumentando y no se conocen sus causas».
La experta añade que «además, nuestros datos multicéntricos muestran que, pese a los avances diagnósticos, cada vez más pacientes jóvenes debutan en estadios avanzados, con un incremento del estadio IV del 48,6% al 71,9% entre los periodos 2000–2010 y 2020–2025. Este patrón refuerza la necesidad de estudiar específicamente esta población».
Este aumento de diagnósticos en fases avanzadas es, precisamente, uno de los aspectos más alarmantes. Según los datos preliminares del proyecto, el 61% de los pacientes jóvenes ya presenta enfermedad en estadio IV en el momento del diagnóstico, lo que limita las opciones terapéuticas y empeora el pronóstico.

El origen de este incremento sigue sin estar claro, pero los investigadores trabajan ya con varias hipótesis. «Creemos que existen mecanismos diferenciales. El cáncer gástrico es multifactorial, pero en jóvenes sospechamos una combinación distinta de factores: disbiosis, inflamación crónica, autoinmunidad, exposiciones ambientales modernas y posibles diferencias hormonales o genéticas. Pensamos sobre todo que la disbiosis podría desempeñar un papel clave», argumenta Fleitas.
Además, el análisis de los datos está revelando diferencias relevantes según el sexo. Según la oncóloga, «los últimos datos analizados refuerzan esta idea: observamos marcadas diferencias por sexo, con mujeres más jóvenes al diagnóstico (p=0,017), mayor frecuencia de histología difusa (71,6% vs 44,0%) y tumores de alto grado (85,9% vs 57,4%). Estos patrones sugieren biologías distintas a las observadas en pacientes mayores y entre hombres y mujeres jóvenes».
El papel clave del microambiente tumoral
Uno de los ejes centrales del proyecto VERO es el estudio del microambiente tumoral, es decir, el entorno que rodea a las células cancerosas. Este enfoque puede resultar clave para entender la agresividad del cáncer gástrico en pacientes jóvenes.
De acuerdo con Fleitas, «el microambiente tumoral es determinante en la progresión del cáncer gástrico. En población joven, donde predominan tumores difusos y de alto grado, el microambiente puede ser especialmente relevante para explicar su agresividad. Además, las diferencias por sexo observadas en VERO como la mayor frecuencia de tumores difusos y G3 en mujeres sugieren que el entorno inmunológico y estromal podría estar modulando la biología tumoral de forma diferencial. Por ello, integrar inmunología, microbioma y patología es uno de los pilares del proyecto».
Hallazgos que pueden cambiar la práctica clínica
Tras cuatro años de trabajo y con la participación de 14 hospitales españoles, el proyecto ya ha reclutado más de 4.000 pacientes, de los cuales 668 son menores de 50 años. Este volumen de datos permite empezar a extraer conclusiones clave. Los resultados preliminares muestran varios hallazgos relevantes:
- Alta proporción de enfermedad avanzada: el 61% de los pacientes jóvenes se diagnostican en estadio IV, y esta proporción ha aumentado significativamente con el tiempo (hasta el 71,9% en 2020–2025).
- Diferencias marcadas por sexo: las mujeres presentan tumores más agresivos (difusos y G3).
- Predominio de histología difusa: 57,6% en la cohorte total.
Estos hallazgos ponen en relieve la necesidad de la búsqueda de estrategias de detección más temprana en población joven, así como el desarrollo de biomarcadores inmunes y microbiológicos específicos para este grupo de edad. En este sentido, los investigadores subrayan la urgencia de desarrollar herramientas de diagnóstico precoz adaptadas a esta población, así como terapias más personalizadas.
La importancia de la detección precoz
Uno de los objetivos del proyecto es también mejorar el conocimiento de la población sobre esta enfermedad. La detección temprana sigue siendo clave para mejorar la supervivencia, pero en jóvenes suele retrasarse debido a la inespecificidad de los síntomas.
«En población joven es especialmente importante identificar y tratar H. pylori, sobre todo, en pacientes con antecedentes familiares y mantener hábitos dietéticos saludables. Respecto a los síntomas, el cáncer gástrico es una enfermedad ‘silente’, pero cuando aparecen signos de alarma, estos incluyen: dolor abdominal persistente, pérdida de peso inexplicada, náuseas o vómitos recurrentes, dificultad para tragar, sensación de plenitud temprana y anemia sin causa aparente. En jóvenes estos síntomas suelen atribuirse a gastritis o estrés, lo que retrasa el diagnóstico», señala Fleitas.
En este sentido, el componente humano es, precisamente, uno de los elementos diferenciales del proyecto VERO. «El origen personal del proyecto ha marcado profundamente nuestra forma de trabajar. La historia de Vero nos mostró la urgencia de comprender por qué un cáncer tradicionalmente asociado a edades avanzadas puede aparecer en personas jóvenes sin factores de riesgo evidentes. Este impacto humano ha generado una implicación excepcional del equipo y ha impulsado un enfoque multidisciplinar, ambicioso y centrado en las necesidades reales de los pacientes jóvenes. VERO no es solo un estudio científico: es un compromiso con ellos», afirma la oncóloga.
La participación de 14 centros hospitalarios de toda España ha sido clave para el desarrollo del proyecto. Esta colaboración ha permitido reunir una cohorte amplia y diversa, así como integrar diferentes disciplinas médicas y científicas.
Tal y como explica Fleitas, «la colaboración multicéntrica es una de las grandes fortalezas del proyecto. Nos permite disponer de una cohorte amplia y diversa de 4.069 pacientes reclutados hasta la fecha, de los que 668 son jóvenes, y este proyecto nos permite validar hallazgos en distintos entornos clínicos. También facilita integrar la experiencia de especialistas en oncología, patología, inmunología, microbioma, epidemiología y bioinformática. Entre los retos destacan la coordinación logística de muestras y datos, la homogeneización de técnicas y la sincronización de tiempos entre centros. A pesar de ello, la implicación de todos los hospitales ha sido extraordinaria y ha permitido generar una de las mayores cohortes de cáncer gástrico joven en España.”
Mirando al futuro
El objetivo final del proyecto VERO es trasladar sus hallazgos a la práctica clínica y mejorar el abordaje del cáncer gástrico en jóvenes. En este contexto, los datos actuales que ya han obtenido señalan áreas prioritarias:
- Necesidad urgente de estrategias de detección precoz, dado el aumento del estadio IV en jóvenes.
- Identificación de subgrupos biológicos diferenciados por sexo, que podrían beneficiarse de terapias específicas.
- Desarrollo de biomarcadores inmunes y microbiológicos que permitan personalizar tratamientos.
- Mejor selección de pacientes para inmunoterapia y terapias dirigidas. En definitiva, buscamos transformar la forma en que entendemos y tratamos el cáncer gástrico en menores de 50 años.
Con estos avances, el proyecto VERO aspira no solo a mejorar el conocimiento científico, sino también a cambiar el futuro de una enfermedad que, cada vez más, afecta a pacientes jóvenes y plantea nuevos retos para la oncología.


