La búsqueda de nuevos tratamientos para la enfermedad inflamatoria intestinal sigue avanzando mientras crecen los casos de Crohn en todo el mundo y muchos pacientes continúan sin responder adecuadamente a las terapias actuales. En ese escenario, un grupo de investigadores de la Universidad de Tokio ha abierto una línea de trabajo que ha despertado interés dentro de la comunidad científica al identificar el potencial antiinflamatorio de un compuesto presente en el regaliz.
El hallazgo, publicado en la revista científica Stem Cell Reports, gira alrededor de la glicirricina, una sustancia natural presente especialmente en el regaliz negro y que, según los resultados obtenidos por los investigadores japoneses, podría ayudar a reducir el daño inflamatorio que caracteriza a la enfermedad de Crohn.
Para desarrollar el estudio, el equipo científico recurrió a una tecnología cada vez más relevante en investigación biomédica: modelos intestinales creados a partir de células madre humanas. Gracias a este sistema, los investigadores lograron reproducir en laboratorio alteraciones muy similares a las que sufren los pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal, permitiendo analizar con gran precisión el comportamiento de distintos compuestos sobre tejidos humanos.
A partir de ese modelo, los científicos examinaron cerca de 3.500 sustancias diferentes en busca de moléculas capaces de proteger las células intestinales frente al proceso inflamatorio. Fue entonces cuando la glicirricina comenzó a destacar sobre el resto.
Los resultados mostraron que este compuesto lograba bloquear mecanismos inflamatorios relacionados con la destrucción celular de la pared intestinal, reduciendo además la inflamación persistente que caracteriza a este tipo de patologías digestivas crónicas.
La investigación fue más allá del laboratorio celular. Los efectos observados también se reprodujeron posteriormente en modelos animales, donde la glicirricina consiguió disminuir el daño intestinal y mejorar los parámetros inflamatorios asociados a la enfermedad.
Ese doble resultado —tanto en tejidos humanos desarrollados en laboratorio como en modelos animales— ha llevado a los investigadores a considerar esta sustancia como una posible candidata para futuras estrategias terapéuticas dirigidas a pacientes con Crohn y otras formas de enfermedad inflamatoria intestinal.
El interés que despierta este avance resulta especialmente relevante en un contexto donde muchos pacientes siguen presentando respuesta insuficiente a determinados tratamientos biológicos o inmunomoduladores disponibles actualmente. La posibilidad de desarrollar nuevas vías terapéuticas continúa siendo una de las grandes prioridades de la investigación en EII.
Sin embargo, los especialistas insisten también en la necesidad de interpretar estos resultados con prudencia.
Que la glicirricina proceda del regaliz no significa que consumir regaliz de forma habitual pueda convertirse en un tratamiento para la enfermedad de Crohn. De hecho, los expertos recuerdan que el exceso de esta sustancia puede provocar efectos adversos importantes, especialmente relacionados con la hipertensión arterial y alteraciones cardiovasculares.
Precisamente por eso, el objetivo de futuras investigaciones pasa por aislar el compuesto, controlar sus dosis y desarrollar formulaciones seguras que permitan aprovechar sus efectos antiinflamatorios sin generar riesgos añadidos para los pacientes.
Más allá de la propia glicirricina, el estudio pone también el foco sobre el enorme potencial de los modelos creados con células madre humanas para acelerar el desarrollo de nuevos medicamentos.
Este tipo de tecnología permite probar miles de sustancias directamente sobre tejidos humanos diseñados en laboratorio, reduciendo tiempos de investigación y aumentando la precisión antes de iniciar ensayos clínicos en personas.
Muchos investigadores consideran que estas plataformas podrían transformar la forma en la que se descubren tratamientos en enfermedades complejas como la EII, donde todavía existen importantes necesidades terapéuticas no cubiertas.
Mientras tanto, millones de pacientes continúan conviviendo diariamente con dolor abdominal, fatiga, inflamación persistente y brotes imprevisibles que afectan profundamente a su calidad de vida.
Por eso, cada nueva línea de investigación capaz de abrir alternativas terapéuticas despierta enorme expectación en un ámbito donde la ciencia sigue buscando respuestas para enfermedades que, pese a los avances de los últimos años, continúan condicionando la vida de miles de personas cada día.








