Los cigarrillos electrónicos con nicotina dejan rastro: cáncer de boca y pulmón a largo plazo

La revista ‘Carcinogenesis’ apunta los daños acumulativos que dejan estos nuevos dispositivos

Los cigarrillos electrónicos también perjudican seriamente la salud. Uno de los mantras de quienes desconfían de este argumento es que producen menos daño, eso no se traduce en que sean inocuos. Además, los científicos y médicos siempre han sospechado del daño, pero requerían de tiempo y acumulación de datos para convertir las hipótesis en hechos probados.

Ahora, un equipo de investigadores Australia ha elaborado una revisión de estudios de diferentes tipos sobre cigarrillos electrónicos desde 2017 hasta 2025. Sus conclusiones son tajantes: los dispositivos que contienen nicotina probablemente son carcinogénicos para los humanos y causarán un número aún indeterminado de casos de cáncer de boca y pulmón. En una nota de prensa, los autores, que publican los resultados en la revista Carcinogenesis, afirman que “la conclusión es inequívoca, aunque los estudios en humanos que estimen el riesgo tardarán décadas en acumularse”.

Rodrigo Córdoba, profesor asociado a la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza y miembro del Grupo de Tabaco de Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc), comenta a que el trabajo australiano “aporta datos muy sólidospara comenzar a hablar de vapeo y cáncer”.

En este sentido, Josep Maria Suelves, investigador del Behavioural Design Lab en el UOC eHealth Center, vocal de la junta directiva de la Sociedad de Salud Pública de Cataluña y de Baleares, también subraya el análisis que “indica que la exposición a los aerosoles de los cigarrillos electrónicos con nicotina se asocia a algunas de las características clave de la carcinogénesis, como daños al ADN, estrés oxidativo y cambio epigenéticos, que contribuyen a aumentar el riesgo de cáncer de la cavidad oral, cáncer de pulmón y otras formas de cáncer entre las personas que utilizan estos dispositivos, incluso aunque no hayan sido usuarios de productos convencionales del tabaco”.

En España, según datos encuesta EDADES 2024, el 19% de la población de 15 a 64 años ha consumido cigarrillos electrónicos (con o sin nicotina) alguna vez en la vida. La prevalencia de consumo es mayor en hombres para todos los tramos de edad. Respecto a la edad, el grupo de 15 a 24 años es el que concentra el consumo y el 54,6% del alumnado de 14 a 18 años ha consumido estos dispositivos.
Ambos, en declaraciones a SMC y como miembros del del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), dejan patente que, de acuerdo con la evidencia científica disponible, “no es adecuado proponer el uso de cigarrillos electrónicos como una estrategia segura y efectiva para reducir los riesgos asociados al uso de tabaco”.

Además, son implacables en la petición a las autoridades sanitarias de “nuevas medidas para prevenir el inicio de su consumo entre jóvenes y adolescentes, regulando mejor su promoción y comercialización, limitando el uso de aromas y diseños que les confieren un mayor atractivo, evitando la comercialización de dispositivos desechables, y sometiendo a un régimen fiscal adecuado a su impacto negativo sobre la salud pública”, insiste Suelves, vicepresidente del CNPT.

En nuestro país, la Ley 28/2005, de medidas sanitarias frente al tabaquismo tiene por delante una importante modificación a través de un anteproyecto que está actualmente en trámite. La comunidad médica y las asociaciones de pacientes lo acogían con esperanza, tras más de dos décadas sin grandes modificaciones. Una reforma que se incluye dentro del Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027.

El contenido de esta reforma legislativa sí pone coto a los váper, además de al tabaco: se incluye por primera vez la prohibición de venta de cigarrillos electrónicos de un solo uso, se equiparan los nuevos productos (vápers, bolsitas de nicotina…) a los tradicionales. Sin embargo, dejan fuera la regulación de su venta de manera específica, algo que sí debe cumplir el tabaco tradicional (solo disponible en expended oras y estancos).

La nicotina impulsa la adicción, el resto daña el organismo 

A menudo se ha dicho por parte de autores vinculados a la industria que el contenido tóxico es muy inferior, pero Córdoba asegura que “omiten que un consumidor habitual de estos productos puede hacer más de 70.000 inhalaciones al año y que no hay un umbral de seguridad frente a carcinógenos de grupo A como los metales pesados, las nitrosaminas y otros. Por lo tanto, las conclusiones son plenamente plausibles”.

Córdoba estima que la relación del e-cig con el efecto cancerígeno era una posibilidad que tardaría en demostrarse, “dado que hace falta un consumo promedio durante 15 o 20 años para poder demostrarlo”. Córdoba destaca la descripción de los procesos claves vinculados al cáncer. “La descomposición de un compuesto químico por acción del calor que conduce a la modificación de los aromatizantes y la nicotina. Los trabajos demuestran las alteraciones del material genético y los estudios en animales (ratones) ya observaron efecto cancerígeno sobre pulmón y vejiga urinaria”. El médico de Semfyc también revela que “ya hay varios estudios que vincula e-cigs a cáncer oral y se presentan los primeros estudios de cáncer de pulmón”.

Esa nicotina, se une a todo un abanico de compuestos tóxicos que ayudan a dejar una huella mayor en el organismo. Desde la Sociedad Española de neumología y cirugía torácica (Separ), Juan Antonio Riesco apunta que ya hay informes de diversas sociedades científicas y de numerosos estudios de investigación que “han determinado que en el vapor de los cigarrillos electrónicos (CE) se detecta una gran cantidad de sustancias tóxicas (acroleína, acetaldehído y formaldehído se producen como consecuencia del calentamiento de la glicerina del líquido de los CE; metales pesados como partículas de cromo, plomo, níquel, sustancias cancerígenas como los benzopirenos, algunas nitrosaminas) que van a ser tóxicas para el organismo: a nivel cardiovascular y respiratorio, principalmente”.

Junto a ellos, la presencia de la nicotina, como apunta Riesco, también responsable de la Unidad de Tabaquismo en el Hospital Universitario de Cáceres y portavoz del Área de Tabaquismo, “demuestra su alta capacidad adictiva que hace que sus consumidores necesiten cantidad diaria importante de consumo que se asocia a dependencia gestual, psicológica y social (similares al tabaco conductual)”.

Córdoba remacha recordando que “la industria hace todo lo posible por desacreditar a todos los científicos que publican este tipo de artículos que ponen en riesgo su formidable negocio y eso hay que tenerlo en cuenta”.

 

Ana Manterias
Ana Manterias
Colabora en el portal desde el ámbito de la comunicación y el marketing, con una visión estratégica orientada al sector de la sanidad y la salud, las enfermedades y la nutrición. Especializada en relaciones institucionales, coordina la línea editorial de todos los autores con un enfoque riguroso y coherente.

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