Implantar o no un programa de cribados es una declaración de intenciones: si obviamos el daño que genera un hábito cuando sabemos que es pernicioso, estamos poniendo la alfombra roja a la enfermedad
Cuatro de la tarde, primavera, llueve en Berlín. En uno de los salones de actos del Charité de Berlín, uno de los hospitales más punteros y reconocidos de Europa, el doctor Jens Vogel-Claussen, jefe de Radiología del hospital, proyecta una diapositiva en la pantalla. Es un caso real, es la radiografía de un tumor, un cáncer de pulmón el día en el que fue detectado. Tiene un diámetro de unos 5 milímetros. El doctor pasa la diapositiva y se ve la misma zona pero un año después. El tumor apenas ha crecido 1 milímetro. La clave, sin embargo, está en todo lo que no se ve.
Resulta que en esos 12 meses, en los que atendiendo a esa variación el tumor no se había desarrollado demasiado, sí lo había hecho. No obstante, lo decisivo era el volumen de la masa tumoral. En este periodo de tiempo su volumen había crecido exponencialmente complicando su abordaje y, por ende, la supervivencia del paciente.
Esta lección sirve como ejemplo perfecto para poner sobre la mesa la importancia de invertir en lo que no se ve. Para el sector salud esto es un hecho que marcará la diferencia. Nuestro sistema sanitario sufre estrés, no está preparado para el aumento de la cronicidad y, además, está pensado para responder y no para prevenir. Tenemos el cóctel perfecto.
Por todo ello, hay que encender las luces largas y eso pasa por la prevención. Es difícil ‘vender’ a los gobernantes que deben dedicar recursos públicos a algo cuyos resultados no se ven inmediatamente y, en la mayoría de los casos, tampoco en los cuatro años que comprende una legislatura. Estamos en una era de luces cortas y consumo rápido, dos axiomas que en salud no funcionan bien.
Aquellos fármacos innovadores capaces de cambiar la vida de la gente no son cuestión de un día, sino de años y años de investigación y de financiación. Las políticas preventivas funcionan parecido y, además, tienen la ventaja de que devuelven la inversión que han precisado multiplicada.
El mismo día que el doctor Vogel-Claussen se encontraba dando la charla, los principales periódicos alemanes recogían entre sus titulares la puesta en marcha del programa nacional de cribados de cáncer de pulmón en el país. Es evidente que supone un esfuerzo económico para los presupuestos, pero como con cualquier otro programa de cribados como los que ya están plenamente asentados, el retorno es inmenso. Tanto a nivel humano, con las vidas que se pueden salvar; como en la esfera puramente económica, donde alivia costes y presión al sistema sanitario del futuro.
En España, en este caso, vamos a la zaga. Es cierto que tenemos experiencias piloto en esta línea –proyecto Cassandra-, pero todavía no podemos presumir de haber implementado de forma generalizada un sólido programa de cribado de cáncer de pulmón. Deberíamos preguntarnos por qué. La evidencia científica está sobre la mesa. La medicina hace tiempo que aprendió a adelantarse; la decisión, sin embargo, no llega.
Las políticas antitabaco que se han ido implementando es posible que tengan un buen efecto en el futuro, pero llegan tarde para mucha gente. Entre los oncólogos es habitual escuchar conversaciones acerca de la ‘epidemia’ de cáncer de pulmón que actualmente despunta entre las mujeres y que sigue la estela de los tumores detectados en hombres años atrás.
La causa, en la mayoría de los casos, no es otra que el tabaco. Fomentar hábitos saludables es mucho más barato que intervenir después, una vez que el daño está hecho. Además, es una declaración de intenciones: si obviamos el daño que genera un hábito cuando sabemos que es pernicioso, estamos poniendo la alfombra roja a la enfermedad. En este caso, el doctor Vogel-Claussen insistió en una fórmula que, por obvia, no deja de ser infalible para intentar reducir estos casos oncológicos: a más impuestos sobre el tabaco, menos tumores.
Como en aquel tumor proyectado en un aula del Charité de Berlín, el problema no es lo que vemos, sino lo que crece mientras miramos hacia otro lado. La diferencia es que aquí no hablamos de milímetros, sino de decisiones, vidas y del futuro de nuestro sistema sanitario.
FUENTE: Gaceta Médica


