Menos toxicidad, el gran reto de las terapias celulares

Las terapias CAR-T han transformado el abordaje de algunos cánceres hematológicos avanzados, permitiendo alcanzar respuestas que hace apenas una década parecían inalcanzables. Sin embargo, junto a su extraordinaria capacidad para atacar células tumorales, estas inmunoterapias celulares también pueden provocar efectos adversos importantes, una realidad que ha impulsado una intensa carrera científica para desarrollar versiones más seguras.

Actualmente, numerosos grupos de investigación trabajan en una nueva generación de CAR-T capaces de mantener su potencia antitumoral reduciendo al mismo tiempo complicaciones como el síndrome de liberación de citocinas o la neurotoxicidad asociada a células inmunoefectoras, dos de los principales desafíos clínicos de estos tratamientos.

Las CAR-T se elaboran a partir de linfocitos T extraídos del propio paciente, que posteriormente son modificados genéticamente para reconocer proteínas presentes en las células cancerosas. Una vez reinfundidas, estas células actúan como auténticos “misiles biológicos” dirigidos contra el tumor. Según explica la organización estadounidense National Cancer Institute (NCI), este enfoque ha supuesto uno de los avances más significativos de la inmunoterapia moderna al permitir respuestas duraderas en pacientes con enfermedades que habían agotado otras alternativas terapéuticas.

La experiencia acumulada durante los últimos años ha demostrado, sin embargo, que la extraordinaria activación del sistema inmunitario que generan estas terapias puede desencadenar respuestas inflamatorias intensas. La Sociedad Americana de Hematología (ASH) ha señalado en diversas publicaciones que controlar estas toxicidades constituye actualmente una de las principales prioridades de la investigación clínica en terapia celular.

En España, algunos de los avances más relevantes están llegando desde centros que participan activamente en programas académicos de CAR-T. El Hospital Clínic de Barcelona, pionero en el desarrollo de terapias celulares propias dentro del sistema público, trabaja en nuevas estrategias para optimizar la activación de los linfocitos y reducir las complicaciones derivadas de una respuesta inmunitaria excesiva.

La investigación también está aportando nuevas pistas sobre los mecanismos biológicos que intervienen en la aparición de efectos adversos. Un equipo de la Clínica Universidad de Navarra identificó recientemente biomarcadores asociados a determinadas toxicidades hematológicas observadas tras la administración de CAR-T en pacientes con mieloma múltiple. Los investigadores consideran que estos hallazgos podrían facilitar en el futuro una selección más precisa de los pacientes y una vigilancia personalizada del riesgo.

Mientras tanto, los avances tecnológicos están permitiendo diseñar receptores celulares cada vez más sofisticados. Investigadores de la Universidad de Pensilvania, una de las instituciones que contribuyó al desarrollo inicial de esta tecnología, trabajan en sistemas capaces de modular la actividad de las CAR-T una vez administradas. El objetivo es incorporar mecanismos de control que permitan reducir la intensidad de la respuesta inmunitaria cuando sea necesario sin comprometer la eficacia frente al cáncer.

La Agencia Europea del Medicamento (EMA) también ha destacado la importancia de mejorar el perfil de seguridad de estas terapias a medida que aumenta su utilización en la práctica clínica. La experiencia acumulada con productos ya autorizados ha permitido perfeccionar los protocolos de monitorización y manejo precoz de complicaciones, contribuyendo a que los tratamientos sean cada vez más seguros.

Paralelamente, investigadores de la Universidad de Stanford y del Memorial Sloan Kettering Cancer Centerexploran nuevas generaciones de CAR-T capaces de reconocer múltiples dianas tumorales simultáneamente. Esta estrategia no solo podría aumentar la eficacia frente a tumores resistentes, sino también reducir fenómenos de activación inmunológica innecesaria que favorecen la aparición de toxicidades.

Los especialistas coinciden en que el futuro de las terapias celulares no pasa únicamente por destruir más células tumorales, sino por hacerlo de una manera más precisa y controlada. En ese escenario, las nuevas CAR-T aspiran a convertirse en tratamientos más inteligentes, capaces de ofrecer el mismo potencial terapéutico que las generaciones actuales, pero con una carga significativamente menor de efectos adversos para los pacientes.

Belen Latorre Olivan
Belen Latorre Olivan
Estudiante de último curso de periodismo, es una apasionada de la comunicacion cientifica y sanitaria. Compagina sus estudios y las colaboraciones con nuestro portal con la gestión de comunicación de una plataforma de pacientes. Coordina las noticias científicas de este portal.

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