28 de julio: Día Mundial de las Hepatitis Virales

Las hepatitis virales siguen siendo una causa importante de enfermedad hepática en todo el mundo y, al mismo tiempo, son uno de los campos de la medicina en los que más ha cambiado el panorama en los últimos años.

El término hepatitis viral engloba, en realidad, el cuadro clínico de varios virus diferentes que tienen en común su capacidad para inflamar el hígado, pero que se comportan de forma muy distinta. Algunas hepatitis, como la A o la E, suelen transmitirse por vía digestiva y en la mayoría de los casos se resuelven sin dejar secuelas ni precisar seguimiento. Sin embargo, la hepatitis B, la C y la D, se transmiten por sangre o secreciones, pueden cronificarse y permanecer durante años sin dar síntomas, mientras el hígado va acumulando daño de forma silenciosa y aumentando el riesgo de cirrosis o cáncer hepático.

En la última década se ha producido un gran cambio en el escenario de las hepatitis virales, especialmente en el tratamiento en la hepatitis C. Previamente, los tratamientos eran largos, mal tolerados y no siempre eficaces. Hoy, afortunadamente, disponemos de tratamientos orales, de pocas semanas de duración, con escasos efectos secundarios y con tasas de curación muy elevadas. Curar la hepatitis C significa eliminar el virus del organismo y evitar la progresión del daño hepático. Para muchos pacientes, esto ha supuesto cerrar una etapa de incertidumbre y mejorar tanto su esperanza como su calidad de vida.

España ha sido y sigue siendo un ejemplo internacional en el abordaje de la hepatitis C. Miles de personas han recibido tratamiento desde la llegada de los antivirales de acción directa y se han curado. Pero el reto actual, marcado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), es eliminar la infección y su transmisión. Para ello, es fundamental diagnosticar a aquellas personas que no saben que tienen la infección, por lo que las estrategias de cribado, el diagnóstico en un solo paso y la coordinación entre los médicos de diferentes niveles es prioritario.

La hepatitis B plantea un escenario diferente. Existe una vacuna segura y eficaz, incluida en nuestro calendario vacunal infantil, que ha cambiado de forma radical la prevención de esta infección. También contamos con tratamientos antivirales capaces de controlar la replicación viral y reducir el riesgo de progresión de la enfermedad hepática. Sin embargo, en la mayoría de los casos no podemos hablar de curación definitiva, por lo que hablamos de terapias que, aunque permiten vivir durante años con una vida completamente normal, resultan indefinidas.

Por eso, uno de los grandes retos de la medicina actual es lograr tratamientos que permitan alcanzar lo que llamamos “curación funcional” de la hepatitis B: que el virus quede inactivo, sin necesidad de tratamiento crónico y sin riesgo relevante de progresión o transmisión. Se están investigando nuevas familias de fármacos, algunos dirigidos contra el propio virus y otros orientados a despertar la respuesta inmunitaria del paciente. Aún queda camino por recorrer, pero por primera vez en mucho tiempo se percibe un horizonte optimista de cambio.

También merece una mención la hepatitis D o delta, menos conocida y frecuente, pero especialmente agresiva. Solo aparece en personas que tienen hepatitis B, y durante años ha sido una enfermedad con opciones terapéuticas muy limitadas. La llegada de nuevos tratamientos específicos ha abierto una puerta importante para estos pacientes y refuerza una idea clave: cuando se investiga, incluso las enfermedades más complejas pueden empezar a tener respuestas.

El Día Mundial de las Hepatitis Virales también debe servir para combatir el estigma. Tener hepatitis no define a una persona, no es motivo de culpa ni de vergüenza. Muchas infecciones se adquirieron en contextos sanitarios antiguos, antes de que existieran los controles actuales, o por vías que nada tienen que ver con los prejuicios que todavía circulan. El miedo y el silencio solo retrasan el diagnóstico. La información, en cambio, acerca a las personas al tratamiento.

¿Qué puede hacer un paciente? Preguntar si alguna vez se ha realizado serología de hepatitis B o C. Consultar si ha tenido transfusiones antiguas, procedimientos invasivos, consumo de drogas por vía intravenosa o intranasal, tatuajes o piercings sin garantías sanitarias, relaciones sexuales de riesgo, convivencia con personas infectadas o procedencia de zonas donde estas infecciones son más frecuentes. Y, por supuesto, vacunarse frente a la hepatitis B cuando esté indicado.

El mensaje final debe ser claro: las hepatitis virales se pueden prevenir, diagnosticar y tratar. El objetivo de la OMS para 2030 es eliminar las hepatitis virales como problema de salud pública. Para ello, debemos ser capaces de prevenir nuevas infecciones, detectar antes las ya producidas, tratar mejor y, por supuesto, acompañar sin juzgar a estos pacientes.

Dra. Beatriz Mateos Muñoz, hepatóloga.

Servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario Ramón y Cajal.

Dra. Beatriz Mateos
Dra. Beatriz Mateos
La doctora Beatriz Mateos Muñoz es médica especialista en Aparato Digestivo y Hepatología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid. Combina la actividad clínica con la investigación en enfermedades hepáticas, especialmente hepatitis virales, cirrosis y programas de eliminación de la hepatitis C. Forma parte del Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria (IRYCIS) y participa de forma habitual en proyectos científicos y congresos de referencia en hepatología.

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