- Los expertos aconsejan evitar temperaturas demasiado bajas y orientar el flujo de aire lejos de camas, sofás o zonas de descanso
- En personas mayores, los contrastes bruscos de temperatura pueden favorecer mareos, debilidad, sequedad de mucosas o molestias respiratorias
Madrid, 22 de julio de 2026. El aire acondicionado puede ser un aliado importante durante los episodios de calor intenso, especialmente en hogares donde viven personas mayores o con enfermedades crónicas. Sin embargo, su uso requiere ciertas precauciones. Una temperatura demasiado baja o la exposición directa pueden provocar molestias y dificultar la adaptación del organismo a los cambios térmicos.
En las personas mayores, la capacidad para regular la temperatura corporal es menos eficaz. A esto se suma que la sensación de sed tiende a disminuir con la edad y que algunas enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales o metabólicas pueden empeorar durante los días de calor intenso. Por este motivo, la estrategia más adecuada no pasa por enfriar la vivienda de forma brusca, sino por mantener un ambiente estable, templado y seguro a lo largo del día.
“El objetivo debe ser evitar tanto el exceso de calor como el enfriamiento brusco. En una persona mayor, pasar de una calle muy calurosa a una estancia excesivamente fría favorece el mareo, la sensación de debilidad, la irritación de las vías respiratorias o el empeoramiento de molestias musculares previas”, explica Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.
El uso inadecuado del equipo también puede resecar las mucosas, aumentar la sensación de garganta seca, favorecer la tos irritativa o producir sequedad ocular. Si el aire incide directamente sobre el cuello, la espalda o las articulaciones, es frecuente que aparezca rigidez o contracturas. Estos efectos no suelen ser graves, pero en personas frágiles pueden alterar el descanso, reducir la movilidad o contribuir a una sensación general de malestar.
“El aire acondicionado no suele ser un problema por sí mismo. Lo que puede generar molestias es una temperatura demasiado baja, un flujo directo mantenido o un mantenimiento insuficiente del equipo. En personas con asma, EPOC, rinitis u otras enfermedades respiratorias, cuidar estos aspectos ayuda a reducir irritación, tos y sensación de sequedad”, añade por su parte Isabel Badorrey, neumóloga del Hospital Sanitas CIMA.
Para mantener las estancias frescas sin abusar de la climatización, los expertos de Sanitas Mayores recomiendan:
- Ajustar la temperatura con moderación. Como referencia general, para las personas mayores conviene situar el aire acondicionado entre los 24 °C y los 26 ºC y evitar bajadas intensas para enfriar la estancia más rápido. Disminuir demasiado el termostato no mejora la seguridad térmica y puede generar un contraste innecesario con el exterior.
- Evitar el flujo directo. El aparato no debe apuntar directamente a la cama, el sofá o la zona donde la persona mayor pasa más tiempo. Es preferible orientar las lamas hacia arriba o hacia una zona de paso, para que la climatización se distribuya de forma gradual.
- Combinar climatización y ventilación natural. Abrir ventanas a primera hora de la mañana o durante la noche, cuando la temperatura exterior desciende, permite renovar el aire sin recalentar la vivienda. Durante las horas centrales del día, bajar persianas, correr cortinas o cerrar toldos ayuda a reducir la entrada de calor.
- Usar temporizadores durante la noche. Si el calor dificulta el sueño, puede programarse el equipo durante las primeras horas de descanso o activar el modo nocturno. Mantenerlo encendido toda la noche a baja temperatura puede favorecer sequedad, escalofríos o rigidez al despertar.
- Vigilar la hidratación aunque la vivienda esté fresca. La climatización hace que se perciba menos el calor, pero no elimina la necesidad de beber agua con regularidad. Es recomendable ofrecer líquidos con frecuencia y prestar atención a signos como boca seca, orina escasa, cansancio inusual o confusión.
- Revisar filtros y mantenimiento. Un equipo sucio empeora la calidad del aire interior y aumenta la exposición a polvo o partículas. Limpiar los filtros de forma periódica resulta especialmente importante en hogares donde viven personas con problemas respiratorios.
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