Cuidado con la leishmaniosis, un riesgo no solo para los perros

Un estudio realizado en Sicilia y publicado en julio en Parasites & Vectorsanaliza la dinámica entre los casos humanos y caninos de leishmaniosis —la infección provocada por protozoos del género Leishmania— y la propagación de los flebotomos, pequeños dípteros de color amarillo que actúan como vectores del parásito entre el ser humano y otros mamíferos. De ello se desprende que las zonas con mayor presencia de perros seropositivos y abundancia de flebotomos son las mismas en las que se han detectado los casos humanos. En las conclusiones de la investigación, los autores destacan la necesidad de reforzar la vigilancia integrada veterinaria y entomológica, además de la realizada sobre la población humana, para identificar señales tempranas de la intensificación de la circulación del parásito e intervenir con eficacia en las zonas de mayor riesgo.
La leishmaniosis, que afecta a más de 6 millones de personas en todo el mundo, con un millón de nuevos casos diagnosticados al año, puede presentarse en tres formas diferentes: cutánea, visceral —que afecta al hígado, el bazo y la médula ósea— y, con menor frecuencia, a las mucosas de la boca, la nariz y la garganta. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la clasifica entre las “enfermedades tropicales desatendidas”, pero su propagación no se limita a los países de clima tropical. Es endémica en la cuenca del Mediterráneo y está presente en todo el territorio italiano, incluidas las regiones del norte y las zonas del interior. Allí se ha registrado, en los últimos años, un aumento de los casos autóctonos, por ejemplo en las regiones de Emilia-Romaña y en Toscana, una tendencia probablemente favorecida por el aumento de las temperaturas medias estacionales.
“El Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades considera que el cambio climático es uno de los factores que pueden contribuir a la modificación de la distribución de los vectores, junto con los cambios medioambientales, la movilidad de los animales y las personas y otros factores ecológicos”, señala Gaetano Maffongelli, director médico de la Unidad Operativa Completa de Enfermedades Infecciosas de Alta Intensidad de Cuidados del Instituto de Hospitalización y Atención de Carácter Científico (IRCCS, por sus siglas en italiano) Lazzaro Spallanzani de Roma. “Por lo tanto, es razonable considerar una posible ampliación de la temporada de actividad de los flebotomos en aquellas zonas en las que las condiciones climáticas se vuelven más favorables. No obstante, la transmisión depende también de la presencia del parásito, de la densidad y la competencia de los vectores, de la presencia de reservorios y de numerosos factores ambientales y sociales”.
Trabajar en la prevención
De las 21 especies diferentes de Leishmania responsables de la infección en todo el mundo, la que predomina en el sur de Europa, especialmente en la zona mediterránea, es la Leishmania infantum. “El perro es su principal reservorio doméstico”, explica Maffongelli.
“Es importante aclarar que, por regla general, la leishmaniosis no se transmite directamente del perro a la persona. El riesgo para el propietario de un perro infectado se debe sobre todo al hecho de que tanto el animal como el propietario pueden estar expuestos a los mismos vectores. Por lo tanto, la prevención se basa principalmente en reducir las picaduras de los flebotomos mediante medidas físicas y químicas: mosquiteras, ropa que cubra la mayor parte del cuerpo y repelentes o insecticidas adecuados. En el caso de los perros de las zonas endémicas, es especialmente importante utilizar regularmente productos veterinarios con acción repelente o insecticida, siguiendo las indicaciones del veterinario. La vacunación del perro puede considerarse una medida adicional, pero no sustituye a la protección contra los flebotomos. Actualmente no hay vacunas autorizadas para la prevención de la leishmaniosis en el ser humano”.

Además, existe el riesgo de contraer la enfermedad al visitar otros países en los que el parásito es endémico. “La leishmaniosis cutánea es especialmente frecuente en América, en la cuenca del Mediterráneo, en Oriente Medio y en Asia Central. La forma visceral se asocia sobre todo a focos en Brasil, África Oriental y el subcontinente indio”, afirma Maffongelli. “También cuando se viaja, la prevención individual se basa principalmente en la protección contra las picaduras de los vectores”.

Reconocer los síntomas a tiempo

“La leishmaniosis cutánea puede estar infradiagnosticada porque la lesión puede parecerse a otras patologías dermatológicas y es posible que no se reconozca de inmediato”, señala el especialista. “La lesión típica es una pápula o un nódulo que puede aumentar lentamente de tamaño y, posteriormente, ulcerarse. La úlcera suele ser poco dolorosa o indolente y puede presentar un borde elevado. Las lesiones aparecen generalmente en las zonas expuestas y pueden surgir semanas o meses después de la infección. Pueden ser únicas o múltiples y, dependiendo de la especie del parásito implicado y de la respuesta inmunitaria del huésped, pueden adoptar aspectos diferentes. La curación puede ser espontánea, pero puede dejar una cicatriz permanente”.

Por lo tanto, es importante que el médico de atención primaria tenga en cuenta la leishmaniosis en el diagnóstico diferencial de una lesión cutánea persistente, sobre todo cuando existe una anamnesis compatible: estancia o residencia en una zona endémica, actividades laborales o recreativas al aire libre o exposición a los flebotomos. Una lesión cutánea sospechosa requiere una evaluación clínica y la confirmación del diagnóstico mediante las pruebas adecuadas. El proceso puede implicar al dermatólogo, al especialista en enfermedades infecciosas o a un centro especializado, dependiendo del contexto.

“La leishmaniosis visceral es la forma más grave de la enfermedad y puede ser potencialmente mortal si no se trata”, continúa Maffongelli. “El diagnóstico y el tratamiento oportunos son fundamentales, por lo que, ante un cuadro clínico sospechoso, es importante realizar rápidamente las pruebas diagnósticas específicas. El inicio puede ser gradual, a lo largo de semanas o meses, aunque también existen casos más agudos. Los signos más característicos incluyen fiebre prolongada o irregular, pérdida de peso, cansancio marcado, anemia y hepato-esplenomegalia, es decir, aumento del tamaño del hígado y, sobre todo, del bazo. Los análisis de laboratorio pueden revelar pancitopenia e hipergammaglobulinemia. También pueden observarse alteraciones en las enzimas hepáticas. El cuadro clínico debe interpretarse a la luz de la anamnesis epidemiológica —especialmente en personas que proceden de una zona endémica o han permanecido en ella— y del estado inmunitario. Las personas inmunodeprimidas pueden presentar formas más complejas y graves”.

En un contexto clínico y epidemiológico en constante evolución, la información, la prevención diaria y el diagnóstico precoz son las herramientas fundamentales para proteger la salud pública frente a una amenaza que, año tras año, se hace cada vez más real.

Este contenido fue publicado originalmente en Univadis Italia, parte de la Red Profesional de Medscape.

Ana Manterias
Ana Manterias
Colabora en el portal desde el ámbito de la comunicación y el marketing, con una visión estratégica orientada al sector de la sanidad y la salud, las enfermedades y la nutrición. Especializada en relaciones institucionales, coordina la línea editorial de todos los autores con un enfoque riguroso y coherente.

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