Un estudio publicado en Nature Metabolism muestra que la irisina, una hormona liberada durante el ejercicio, protege las neuronas y mejora los síntomas en modelos experimentales de esclerosis múltiple, abriendo la puerta a nuevas estrategias terapéuticas frente a la enfermedad
Un estudio liderado por investigadores del Mass General Brigham y del Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf (UKE) aporta nuevas claves para entender por qué el ejercicio físico puede mejorar los síntomas neurológicos en personas con esclerosis múltiple (EM). Los resultados, publicados en la revista Nature Metabolism, apuntan a la hormona irisina como un posible factor clave en este efecto protector.


