El repunte de la COVID-19 y las reflexiones de expertos durante las jornadas ‘La sanidad valenciana: talento, prevención y personalización’ llaman a replantear la preparación del sistema sanitario
El otoño empieza a cambiar el escenario de los virus respiratorios en España. Los últimos datos del Sistema de Vigilancia de Infección Respiratoria Aguda (SiVIRA), correspondientes a la semana del 14 al 20 de septiembre, dejan una primera señal de alerta: la circulación del SARS-CoV-2 aumenta mientras la gripe todavía permanece en niveles bajos y el virus respiratorio sincitial (VRS) aún no muestra actividad detectable.
La subida de la COVID-19 no es, por ahora, equivalente en Atención Primaria y en los hospitales, pero el incremento resulta significativo. La positividad del SARS-CoV-2 entre los casos de infección respiratoria atendidos en Primaria ha pasado del 19 al 25,8 por ciento en una sola semana, mientras que el indicador de incidencia estimada de la COVID-19 asciende de 50,4 a 85 casos por 100.000 habitantes. El escenario puede cambiar en las próximas semanas y, con él, llegar la gripe, como suele ocurrir con la llegada del frío.
Fue precisamente una de las ideas que atravesó las jornadas ‘La sanidad valenciana: talento, prevención y personalización’, organizadas por Fundamed y los Premios Best in Class (BiC), en colaboración con Gaceta Médica. Una de las reflexiones planteadas durante el encuentro resume bien el punto de partida: “Si hablamos de construir una sanidad más preparada, más sostenible y con mayor capacidad de anticipación, la prevención tiene que estar a la cabeza de la planificación del sistema”.
La COVID-19 dejó claro que un sistema sanitario también tiene que estar preparado para escenarios que no puede anticipar por completo. “La prevención es preparación”, se señaló durante las jornadas. Una preparación que implica vigilancia, recursos, coordinación y capacidad de respuesta antes de que llegue el momento de necesitarlos.
El problema es que esta anticipación sigue chocando con una dificultad que tampoco es nueva: el tiempo y la presión asistencial. “Al final no hay tiempo para la prevención”, fue otra de las ideas puestas sobre la mesa. Y probablemente ahí se encuentre una de las contradicciones que el sistema sanitario debe abordar: si la prevención se considera esencial, no puede seguir quedando relegada cuando las necesidades asistenciales aumentan. “La prevención es la hermana pequeña de la asistencia y sigue siéndolo, después del COVID sigue siéndolo”.
Por eso, prevenir también significa aprovechar las oportunidades que ya existen. La vacunación es una de ellas, especialmente ante una nueva temporada de infecciones respiratorias. “No perder ninguna oportunidad” debería ser una premisa para todos los profesionales sanitarios. También porque, como se apuntó durante el encuentro, una consulta puede convertirse en un momento para prevenir antes de que aparezca la enfermedad o sus complicaciones.
Con la COVID-19 ya dando señales de aumento y la gripe todavía por llegar, el margen para anticiparse está abierto. La vacunación, la vigilancia epidemiológica, la preparación de los servicios y la coordinación entre profesionales forman parte de esa anticipación. Esperar a que aumente la presión asistencial para activar estas herramientas supone llegar tarde.
FUENTE: Gaceta Médica


