• Los especialistas advierten de que la pérdida del estatus de eliminación del sarampión debe servir como un “toque de atención” para reforzar la vacunación y la vigilancia epidemiológica, y piden no banalizar la enfermedad
• La elevada capacidad de transmisión del sarampión hace necesario alcanzar y mantener coberturas de al menos el 95% con dos dosis de vacuna, de forma homogénea, para evitar bolsas de población susceptible en las que puedan producirse brotes
• Vacunarse no solo protege a quien recibe la vacuna: contribuye a reducir la circulación del virus y a proteger a lactantes, personas inmunodeprimidas y otras personas que no pueden vacunarse por motivos médicos
• El XIII Congreso de la Asociación Española de Vacunología, que se ha inaugurado hoy en Vigo, aborda la reemergencia de enfermedades como el sarampión y las estrategias necesarias para recuperar su eliminación
Vigo, 15 de octubre de 2026.- “Quien no se vacuna frente al sarampión es como alguien que conduce de forma temeraria: no solo se pone en riesgo a sí mismo, sino también a los demás”. Con esta comparación, Jaime Pérez Martín, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV), pone el foco en una de las principales lecciones que deja la reemergencia del sarampión: la vacunación es una herramienta de protección individual, pero también colectiva.
La reciente pérdida del estatus de eliminación de la enfermedad vuelve a poner sobre la mesa la importancia de mantener coberturas vacunales muy elevadas y homogéneas, reforzar la vigilancia epidemiológica y no banalizar una enfermedad que puede provocar complicaciones graves e incluso la muerte. La enorme capacidad de transmisión del virus hace que la existencia de bolsas de población susceptible pueda favorecer la aparición de brotes y poner especialmente en riesgo a quienes no pueden vacunarse.
El sarampión es uno de los asuntos que se están abordando estos días en el XIII Congreso de la Asociación Española de Vacunología, que se celebra en Vigo. España figura actualmente entre los países en los que se ha restablecido la transmisión endémica del virus y en 2025 se confirmaron 394 casos de sarampión en nuestro país.
Una situación que, según los expertos, debe interpretarse como un “toque de atención” para mantener y reforzar el trabajo realizado hasta ahora. “Tenemos unas coberturas vacunales muy buenas que hay que mantener, y eso ha evitado que el aumento de casos haya dado lugar a brotes mucho más graves”, explica Agustín Portela, presidente del Comité Nacional de Verificación de la Eliminación del Sarampión y la Rubéola en España.
La pérdida del estatus no significa, por tanto, que España haya dejado de tener unas coberturas vacunales elevadas. Los expertos la sitúan, además, en un contexto internacional de mayor circulación del sarampión y advierten de que, precisamente, por su enorme capacidad de transmisión, no se puede bajar la guardia.
Coberturas del 95% y sin bolsas de población susceptible
Para prevenir la aparición de brotes es necesario alcanzar y mantener coberturas de al menos el 95% con dos dosis de vacuna, pero no basta con alcanzar esa cifra a nivel general. “Este porcentaje debe alcanzarse de manera homogénea y no únicamente como promedio nacional, ya que pueden existir bolsas locales de personas susceptibles capaces de favorecer la aparición de brotes”, explica Susana Rey, del Servicio de Pediatría del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago.
La especialista recuerda, además, la importancia de completar la pauta con las dos dosis de la vacuna triple vírica. Aunque la protección que proporciona la vacuna es muy elevada, la segunda dosis permite proteger también a aquellas personas que no desarrollaron una respuesta inmunitaria suficiente después de la primera.
Por ello, Susana Rey señala como una de las prioridades identificar a menores, adolescentes y otros grupos que no hayan completado su pauta de vacunación y aprovechar los contactos con el sistema sanitario para revisar su estado vacunal. Los sistemas de recordatorio, facilitar el acceso a la vacunación y las estrategias de rescate pueden ayudar a reducir estas oportunidades perdidas.
Mantener esas coberturas tiene, además, beneficios que van más allá de la persona vacunada. Reducir la circulación del virus permite proteger también a lactantes que todavía no pueden recibir la vacuna, personas inmunodeprimidas y otras personas con contraindicaciones médicas para vacunarse.
“Nos vacunamos, en primer lugar, para proteger nuestra propia salud. Pero si no nos protegemos también podemos poner en riesgo a las personas que tenemos alrededor y que no pueden vacunarse. Vivimos en sociedad y nuestras acciones tienen repercusiones sobre los demás”, subraya Jaime Pérez.
Detectar cada caso para evitar nuevos brotes
Junto a las altas coberturas vacunales, la vigilancia epidemiológica es fundamental para recuperar y mantener la eliminación del sarampión. Después de años con una circulación muy reducida, la enfermedad puede dejar de estar entre los primeros diagnósticos que considera un profesional sanitario ante determinados síntomas.
“Cuando llevamos un montón de años en España con muy pocos casos de sarampión, los profesionales no declaran sospechas porque ni piensan en que sea esta enfermedad”, explica Jaime Pérez. De ahí la importancia de contar con un sistema capaz de detectar cualquier sospecha, investigarla rápidamente y confirmar o descartar el caso.
El presidente de la AEV considera que España mantiene una buena capacidad de respuesta, pero insiste en la necesidad de ser constantes. Además, apunta que “afortunadamente”, la situación en nuestro país es muy diferente de la de otros como por ejemplo Estados Unidos, que ya ha confirmado cuatro muertes por sarampión en el estado de Pensilvania. “Tenemos la oportunidad de recuperar el estatus con más facilidad que otros países de nuestro entorno, pero hay que seguir trabajando y ser constantes. Con el sarampión, en cuanto te descuidas, pueden aparecer problemas”, señala.
El sarampión no es siempre una enfermedad leve
Junto a la necesidad de mantener altas las coberturas, los expertos llaman también a no banalizar una enfermedad que puede provocar complicaciones importantes, e incluso la muerte. “El sarampión puede producir enfermedad grave incluso en niños previamente sanos”, advierte Susana Rey. Aunque determinados factores como la inmunodepresión, la malnutrición o algunas enfermedades concomitantes aumentan el riesgo, su ausencia no excluye la posibilidad de una evolución grave.
Entre sus posibles complicaciones se encuentran la neumonía, las infecciones de oído y, con menor frecuencia, afectaciones neurológicas que pueden dejar secuelas permanentes. Por ello, la especialista recuerda que la vacunación cumple una doble función: “no solamente evita que el niño desarrolle la enfermedad, sino que reduce la circulación comunitaria del virus y contribuye a proteger a quienes presentan un mayor riesgo de complicaciones o no pueden vacunarse”, concluye.
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