El impacto psicológico de sucesos traumáticos puede extenderse más allá del momento vivido y condicionar la reincorporación laboral de quienes se ven expuestos directa o indirectamente a ellos, un fenómeno que los especialistas abordan desde una perspectiva clínica integral
El trabajo, para muchas personas, es un espacio de estabilidad, rutina y seguridad. Sin embargo, determinados acontecimientos pueden romper de forma abrupta esa percepción y transformar el entorno laboral en una fuente de miedo. Accidentes graves -como el ocurrido en el choque de dos trenes en Toledo-, sucesos violentos o noticias especialmente impactantes pueden dejar una huella psicológica persistente que se reactiva precisamente en el contexto en el que ocurrió -o al que se asocia- el hecho traumático. En esos casos, volver al puesto de trabajo no siempre es una decisión sencilla ni inmediata.
Desde la psiquiatría, este fenómeno no se interpreta como una reacción aislada o excepcional, sino como parte de un cuadro clínico bien definido. Así lo explica Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, en una declaraciones a ConSalud.es, analizando el impacto emocional que pueden sufrir determinados colectivos profesionales tras vivir o conocer de cerca un suceso traumático relacionado con su actividad.
La especialista señala que el trastorno por estrés postraumático es la principal entidad diagnóstica que puede aparecer en estos casos. “El trastorno por estrés postraumático, es cuando un hecho te produce una alteración emocional lo suficientemente significativa que se considera traumática”, explica. Este trastorno puede desarrollarse no solo cuando la persona ha estado expuesta directamente al suceso, sino también cuando su actividad profesional se vincula de forma estrecha con ese ámbito o incluso cuando el relato del acontecimiento tiene un impacto emocional intenso.
Díaz Marsá subraya que se trata de un trastorno reconocido en las clasificaciones diagnósticas actuales y que, por tanto, cuenta con criterios clínicos bien definidos. “Es un trastorno que está en las clasificaciones actuales, el trastorno por estrés postraumático, y sí se puede dar en el colectivo”, afirma, aludiendo a los trabajadores del sector ferroviario que, tras un evento grave relacionado con su sector, como el acontecido en Urda (Toledo), experimentan un temor persistente a volver a desempeñar su labor habitual.
No obstante, la presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental matiza que este tipo de respuesta no afecta por igual a todas las personas expuestas a un hecho traumático. “Eso no le va a pasar a todo el mundo. Solo aparece en un porcentaje de los casos”, aclara. La aparición del trastorno puede depender de múltiples factores, entre ellos la vulnerabilidad previa, el contexto personal y el nivel de impacto emocional del suceso vivido o conocido.
Cuando el trastorno se desarrolla, la sintomatología suele ser compleja y variada. Díaz Marsá describe un conjunto de manifestaciones que van más allá del miedo puntual. “El abordaje de la sintomatología que se produce, tiene que ver fundamentalmente con la ansiedad, con la alerta, con la disociación, con evitar sitios o espacios que les puedan recordar al hecho traumático, y también tienen flashback o sueños recurrentes o pensamientos recurrentes acerca del hecho traumático”, detalla. Estos síntomas pueden interferir de manera significativa en la vida cotidiana y, especialmente, en la capacidad de reincorporarse al trabajo.
Abordar el hecho traumático
Ante este escenario, el tratamiento no puede limitarse a una única intervención. La psiquiatra defiende la necesidad de un abordaje integral que combine distintas estrategias terapéuticas. “Hay que realizar un abordaje tanto psicoterapéutico como psicofarmacológico”, explica, insistiendo en que el objetivo principal es reducir la sintomatología y permitir que la persona “vuelva a sentirse segura en ese contexto -laboral-“.
En el plano psicoterapéutico, existen técnicas específicamente diseñadas para tratar el trastorno por estrés postraumático. Díaz Marsá menciona, entre otras, la terapia EMDR y las terapias cognitivoconductuales, orientadas a disminuir la sensación constante de amenaza y el estado de alerta mantenido. “Existen diferentes técnicas psicoterapéuticas que son específicas de estos trastornos”, señala, destacando su papel en la recuperación funcional del paciente.
Más allá del tratamiento clínico individual, la experta también pone el foco en el contexto laboral y en las medidas que pueden facilitar el retorno al trabajo. Aunque no considera que este tipo de trastornos sean hoy más frecuentes que en el pasado, sí observa que el aumento general de los problemas de salud mental influye en su visibilidad. “Si hay más prevalencia de trastornos de ansiedad y depresión, si hay menos resiliencia, pues aparecen estos fenómenos”, explica. No porque el miedo al trabajo sea nuevo, sino porque hay más personas con ansiedad anticipatoria ante el hecho laboral.
En este sentido, Díaz Marsá apunta a la importancia de fórmulas de reincorporación más flexibles. “Todas esas mejoras de poder hacer una incorporación progresiva o más flexibilidad en alguna horaria de algunas cosas, pues podría ser una forma de mejorar la incorporación”, concluye. Un enfoque que reconoce la dimensión clínica del problema, pero también la necesidad de adaptaciones organizativas para proteger la salud mental de los trabajadores.
FUENTE: ConSalud.es


