La OMS ha declarado la emergencia internacional por un brote de ébola en República Democrática del Congo y Uganda que ya supera las 100 muertes asociadas
Un nuevo brote de ébola se ha declarado en la República Democrática del Congo y en Uganda, dos países que cada cierto tiempo detectan casos de esta enfermedad vírica y sufren brotes que dejan cifras desoladoras. Actualmente, hasta el 16 de mayo, se han confirmado ocho casos de ébola en la provincia de Ituri, en RDC, y, según datos ofrecidos este lunes por la Agencia de salud pública de la Unión Africana (UA), se han notificado 395 casos sospechosos y 106 muertes asociadas. Cifras que este martes la Organización Mundial de la Salud (OMS) eleva a más de 500 casos sospechosos de ébola y 130 muertes sospechosas.
El ébola es una enfermedad con una alta tasa de mortalidad. Esta infección, que comienza con síntomas gripales (fiebre, cansancio y debilidad, dolores musculares, dolor de cabeza o dolor de garganta al tragar), evoluciona rápidamente a complicaciones graves como problemas gastrointestinales (vómitos intensos o diarrea), disfunciones en órganos como los riñones o el hígado, erupciones cutáneas y hemorragias en las fases avanzadas. La mortalidad oscila entre el 25 y el 90 % de los casos de infección, tasa que varía según el virus causante: el virus de ébola, el virus de Sudán o el virus Bundibugyo.
Este último, el virus Bundibugyo, es el responsable del actual brote que se está dando en RDC y Uganda. “Su mortalidad se sitúa entre 35 y 50%, sin duda muy alta, pero no es la cepa más agresiva”, explica Bárbara González, profesora de Epidemiología Ambiental y Salud Pública de la Universidad Europea. Al igual que las otras variantes de esta enfermedad, esta infección se transmite por contacto con fluidos corporales, pero al no contar con una vacuna específica, su prevención es más compleja. “Sin vacunas, la coordinación entre todas las autoridades de salud y la población es aún más esencial”, indica González.
¿Será una próxima pandemia?
La transmisión se suele dar tras desarrollar síntomas, lo cuales no cuentan con tratamiento específico. Ante ello, “se puede controlar las epidemias cuando la población está lo suficientemente informada como para detectar los síntomas iniciales”. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud ha recomendado activar mecanismos de emergencia nacionales, fortalecer la vigilancia y los laboratorios, garantizar la prevención de infecciones en centros de salud, y establecer unidades especializadas para el aislamiento y tratamiento de pacientes.
Además, ha pedido a los países vecinos y a la comunidad internacional una coordinación estrecha para contener la propagación. “Una de las medidas principales que aplican las autoridades sanitarias es limitar los viajes cuando existe un brote activo para contener su expansión geográfica”, explica la experta. “Desgraciadamente, para seguir los protocolos establecidos desde la epidemiología hace falta una estabilidad social y política”, añade.
En consecuencia, y dada la alta positividad en el brote actual, se espera que los casos sigan aumentando. No obstante, ¿significa eso que podrá haber una pandemia? Pese a que la OMS ha declarado la epidemia de ébola, ha subrayado que no se trata de una emergencia pandémica. “Las enfermedades con alto riesgo de pandemia son aquellas que se contagian con facilidad y especialmente antes de que los pacientes desarrollen síntomas”, indica Bárbara González, quien subraya: “Los brotes de ébola se definen justamente, por lo contrario”.
“Atendiendo estrictamente a factores biológicos de este virus, la contención del brote es totalmente viable”, explica la experta. Sin embargo, no hay que olvidar, como señala la directora de Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de África (CDC de África), la doctora Jean Kaseya, que este brote “se está produciendo en uno de los entornos operativos más complejos del continente, caracterizado por la inseguridad, la movilidad de la población, la fragilidad de los sistemas de salud y la escasez de contramedidas médicas”. Como concluye Bárbara González: “Los conflictos bélicos de la zona son el factor de riesgo predominante”.
FUENTE: ConSalud.es


