De la erupción cutánea, los calambres, el edema, el síncope o el agotamiento por calor, al golpe de calor: cómo reconocer, diferenciar y actuar ante las patologías relacionadas con el calor.
La semFYC recuerda que una temperatura corporal superior a 40ºC, alteración del estado mental y exposición al calor constituyen los signos de alarma del golpe de calor.
La nueva actualización refuerza el papel de la aclimatación progresiva al calor como la medida preventiva más eficaz para reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con las altas temperaturas.
29 de julio de 2026. Coincidiendo con las sucesivas olas de calor que están afectando prácticamente todo el país durante este mes de julio, la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) publica una actualización sobre las enfermedades por calor en el número de la revista AMF-Actualización en Medicina de Familia que ha salido hoy, que señala los mecanismos de identificación precoz, el diagnóstico diferencial y el manejo de estas patologías, cuya incidencia aumenta de forma significativa durante los episodios de temperaturas extremas, como los que estamos viviendo.
El documento revisa el conjunto de procesos clínicos conocidos como enfermedades por calor (EPC), un espectro que abarca desde cuadros leves y autolimitados —desde cuadros leves y autolimitados -como la erupción cutánea, los calambres, el edema, el síncope por calor-, cuadros moderados como el agotamiento por calor— hasta el golpe de calor, una emergencia médica potencialmente mortal que requiere una actuación inmediata.
Los autores recuerdan que las enfermedades por calor “constituyen un continuum clínico, por lo que reconocer sus primeras manifestaciones resulta clave para evitar la progresión hacia formas graves”. En este sentido, insisten en que la detección precoz y el cribado de personas especialmente vulnerables adquieren una importancia creciente en un contexto de incremento sostenido de las temperaturas asociado al cambio climático.
Las personas mayores concentran la práctica totalidad de la mortalidad
La revisión pone el foco en los grupos de mayor riesgo. La evidencia científica confirma que la edad superior a los 65 años constituye el principal factor de riesgo, hasta el punto de que el 96 % de las muertes atribuibles al calor se producen en este grupo de población. Según recoge el artículo, el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud registró 3.832 fallecimientos atribuibles al calor entre mayo y septiembre de 2025 —2.184 de los cuales en agosto—, y el 96% del total fueron en personas mayores de 65 años.
Además de la edad, los médicos de familia recuerdan que el riesgo de sufrir una enfermedad por calor aumenta en personas con enfermedades crónicas —especialmente cardiovasculares, respiratorias, renales, diabetes u obesidad—; en quienes toman determinados medicamentos que pueden dificultar la termorregulación o favorecer la deshidratación —como diuréticos, anticolinérgicos, antidepresivos, antipsicóticos, benzodiacepinas, betabloqueantes o calcioantagonistas—.
Los especialistas de la semFYC también recuerdan que el consumo de alcohol y otras sustancias estimulantes, como la cocaína o las anfetaminas, incrementa el riesgo de sufrir enfermedades por calor, al alterar los mecanismos de regulación de la temperatura corporal y favorecer la deshidratación. Del mismo modo, el uso de laxantes, especialmente cuando provoca pérdidas importantes de líquidos y electrolitos, puede aumentar la vulnerabilidad frente a las altas temperaturas.
También cabe señalar un riesgo significativo en aquellas expuestas a condiciones ambientales o sociales desfavorables, como el trabajo al aire libre, la falta de aclimatación, el aislamiento social o residir en viviendas con escasa ventilación.
La prevención comienza antes de que llegue el calor extremo
La actualización dedica un apartado específico a la prevención, subrayando que, en deportistas, la aclimatación progresiva al calor constituye la medida preventiva más eficaz. Los expertos recomiendan una exposición gradual al calor durante una o dos horas al día durante, al menos, una semana para favorecer la adaptación fisiológica del organismo. Este proceso de aclimatación cobra más importancia de la que hasta la fecha se ha considerado y es una de las novedades que defiende este texto.
Precisamente en personas mayores o especialmente vulnerables, debe acompañarse de medidas sencillas como permanecer en las estancias más frescas de la vivienda, favorecer la ventilación nocturna, bajar persianas durante las horas centrales del día y mantener una correcta hidratación.
Con esta revisión, la semFYC pone a disposición de los profesionales de Atención Primaria una actualización práctica que refuerza su capacidad para identificar precozmente las enfermedades por calor, actuar antes de que evolucionen hacia situaciones potencialmente mortales y contribuir a reducir el impacto sanitario de las altas temperaturas, especialmente entre la población más vulnerable.
Diferenciar un cuadro leve de una urgencia vital
Uno de los principales objetivos de la actualización es facilitar el diagnóstico diferencial entre las distintas enfermedades por calor y otras patologías con síntomas similares.
Mientras que el agotamiento por calor suele cursar con fatiga intensa, debilidad, cefalea, náuseas o mareo sin alteración del estado mental, el golpe de calor se caracteriza por una tríada clínica muy definida: temperatura corporal superior a 40 ºC, alteración del sistema nervioso central —como confusión, delirio o disminución del nivel de conciencia— y antecedente de exposición al calor o esfuerzo físico.
Los autores recuerdan además que la temperatura rectal es el único método fiable para confirmar el diagnóstico y orientar las decisiones clínicas en los casos graves, desaconsejando el uso de la temperatura axilar, timpánica u oral cuando existe sospecha de golpe de calor.
“Enfriar primero, transportar después”
La revisión incorpora también una actualización de las recomendaciones terapéuticas basadas en la evidencia disponible.
En el caso del golpe de calor, el mensaje es contundente: la prioridad absoluta debe ser iniciar cuanto antes el enfriamiento del paciente, incluso antes del traslado hospitalario cuando sea posible. El objetivo consiste en reducir la temperatura rectal hasta los 38-39 ºC, preferentemente mediante inmersión en agua fría o, cuando esta opción no sea viable, aplicando toallas empapadas en agua fría sobre las zonas de mayor flujo sanguíneo, como cuello, axilas e ingles.
El artículo recuerda igualmente que los antipiréticos no son eficaces en estas situaciones, ya que el mecanismo fisiopatológico del golpe de calor no responde a un proceso febril y su administración puede incluso favorecer complicaciones.
SOCIEDAD ESPAÑOLA DE MEDICINA DE FAMILIA Y COMUNITARIA (semFYC)


