El presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria entre 2023 y 2025, Eduardo Satué, advierte de que los grandes incendios requieren una estrategia sanitaria coordinada y una respuesta más allá de la emergencia
Los grandes incendios forestales no solo representan una emergencia ambiental, sino también un importante problema de salud pública. Así lo defiende el presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) entre 2023 y 2025, Eduardo Satué, quien considera que la futura Agencia Estatal de Salud Pública (AESAP) debe desempeñar un papel fundamental en la coordinación de la respuesta sanitaria ante este tipo de catástrofes.
En una entrevista concedida a Gaceta Médica, Satué sostiene que los incendios afectan a miles de personas, tanto de forma directa como indirecta, y que sus consecuencias van mucho más allá de las llamas. «Está afectando a distintas dimensiones sanitarias o de salud de la persona y en un grado muy amplio a muchas personas, ni siquiera solamente a los que han sido evacuados», explica.
Un impacto que va más allá de las enfermedades respiratorias
El ya expresidente de SESPAS señala que los principales efectos se producen sobre la salud respiratoria, especialmente entre las personas con patologías crónicas. «Las personas con enfermedades respiratorias crónicas van a ser los más afectados», afirma, al tiempo que recuerda que esta situación implica «un aumento de no solo la morbilidad, sino también de la mortalidad».

Además, advierte que la contaminación generada por el humo también repercute en el sistema cardiovascular. A ello se suma una dimensión que, a su juicio, suele recibir menos atención: la salud mental. «Esto genera un impacto análogo a lo que podría ser un conflicto bélico, incluso un estrés postraumático», asegura. En este sentido, recuerda que muchas personas «pierden su vivienda, su medio de vida, su trabajo, el entorno donde viven…», una situación que puede agravarse entre quienes cuentan con menos recursos sociales o económicos.
Por ello, Satué considera que la respuesta no puede limitarse a extinguir los incendios. «No podemos tener una política reactiva», afirma. A su juicio, además de reforzar los medios de extinción, es necesario desarrollar «una política activa, proactiva» que permita «minimizar los incendios» y disponer de recursos para apoyar a las personas afectadas «no solo durante la catástrofe, sino también a lo largo del tiempo».
Protección de los pacientes más vulnerables
Durante la emergencia, Satué defiende la adopción de medidas para reducir la exposición al humo. Entre ellas, menciona el uso de mascarillas cuando no sea posible mantener una buena calidad del aire. También advierte de que los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) constituyen uno de los grupos de mayor riesgo. «Va a haber más ingresos hospitalarios», señala, por lo que considera imprescindible garantizar que los afectados mantengan sus tratamientos y puedan acceder a nuevos medicamentos si la situación clínica lo requiere.
En este sentido, propone establecer circuitos asistenciales específicos para atender a las personas desplazadas y realizar un seguimiento sanitario tras la emergencia. No obstante, insiste en que uno de los principales retos estará en la atención psicológica a medio y largo plazo. «Una vez que acaba la emergencia, hay una persistencia, un impacto a medio y largo plazo psicológico de lo que ha sucedido», explica. Según indica, algunas personas pueden desarrollar «problemas como depresión, ansiedad…» si no logran recuperar una situación de normalidad.
La Agencia Estatal de Salud Pública, llamada a coordinar la respuesta
Para Satué, la futura Agencia Estatal de Salud Pública debe asumir un papel central en la planificación frente a este tipo de emergencias. «Necesitamos coordinación entre administraciones», afirma. El expresidente de SESPAS recuerda que la Agencia «está pendiente de ponerse en marcha» y considera que esta «probablemente sea una de las tareas que deba acometer». En concreto, sostiene que tendrá que coordinar «distintos niveles administrativos a nivel de ayuntamiento, de comunidad autónoma y el Estado» y también la colaboración entre diferentes ministerios y sectores.
A pesar de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunciara ayer que Zaragoza albergará la sede de la entidad pública, aún quedan varios procedimientos por determinar para que empiece a estar operativa. En este sentido, Satué considera que será necesario impulsar «un plan ambicioso a gran escala de prevención, de protección y de reparación». Además, advierte de que la magnitud de los incendios hace necesario preparar respuestas estructurales y no únicamente actuaciones de emergencia.
«Vamos por más de 100.000 hectáreas, decenas de miles de evacuados y esto no ha acabado», señala. «Ojalá me equivoque, pero, lamentablemente, no creo que sea el último gran incendio que vayamos a tener este verano», añade.
«La Agencia, si nace, es para estas cosas»
Preguntado por el papel de la futura Agencia Estatal de Salud Pública cómo órgano clave frente a este tipo de emergencias, Satué responde con claridad: «La Agencia, si nace, es para estas cosas». No obstante, advierte de que para cumplir esa función será necesario dotarla de medios suficientes. «Tiene que tener recursos y personal», afirma.
Asimismo, considera imprescindible que cuente con respaldo institucional para desarrollar su labor. «Necesita un apoyo institucional a todos los niveles para poder hacer ese trabajo, porque tiene que coordinar con muchos organismos e instituciones», explica.
Finalmente, concluye que uno de los principales desafíos del nuevo organismo será reforzar la colaboración entre las distintas administraciones. «Tiene que generar esta capacidad de colaborar y de coordinar entre administraciones», sentencia.
FUENTE: Gaceta Médica


