Investigadores identifican bacterias orales asociadas al cáncer gástrico y desarrollan modelos basados en saliva y heces que podrían facilitar un cribado precoz no invasivo de la enfermedad
El eje boca-intestino vuelve a situarse en el centro de la investigación oncológica tras un estudio que apunta a la saliva como una posible herramienta para detectar de forma precoz el cáncer gástrico. La investigación, desarrollada por BGI Genomics junto al académico de la Academia China de Ciencias (CAS) Fang Jingyuan y su equipo del Hospital Renji, de la Facultad de Medicina de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, analiza cómo determinadas bacterias de la cavidad oral migran hacia el tracto gastrointestinal y favorecen un entorno asociado a la progresión tumoral.
El trabajo describe el papel de algunas bacterias productoras de ácido láctico (LAB), capaces de desplazarse desde la boca hasta el intestino y colonizar el aparato digestivo. Según los investigadores, este proceso contribuye a generar un entorno “pro-tumorigénico” que acelera la malignidad. Además, en un estudio relacionado publicado en la revista Gut, el mismo grupo ya había mostrado cómo el Streptococcus anginosus (Sa) promueve el cáncer gástrico a través de metabolitos de la metionina.
Para estudiar esta relación, el equipo realizó secuenciación metagenómica de alta precisión en 404 muestras. Los resultados identificaron un cambio taxonómico significativo en los microbiomas de pacientes con cáncer gástrico (CG). En total, se detectaron 28 especies bacterianas con abundancia diferencial, de las cuales 23 aparecían enriquecidas en la cohorte de pacientes con cáncer. Uno de los hallazgos más relevantes fue que 20 de estas especies enriquecidas eran bacterias “compartidas”. Es decir, microorganismos que normalmente residen en la cavidad oral, pero que en estos pacientes también se encontraban proliferando en el intestino.
Con el objetivo de confirmar el origen de estos microorganismos, el estudio utilizó la identidad de nucleótidos media de la población (popANI), una herramienta de análisis genético a nivel de cepa. Los resultados mostraron que las cepas presentes en la boca y el intestino de un mismo individuo compartían más del 99,9% de similitud genética. Este hallazgo aporta una evidencia directa de la translocación de bacterias desde la boca hacia el intestino.
Una vez alcanzan el intestino, estas bacterias no actúan de forma aislada. El estudio describe que forman una sólida red de coabundancia que mejora su capacidad de resistir barreras fisiológicas como el ácido gástrico y las sales biliares. Además, este consorcio microbiano favorece un cambio metabólico asociado a una mayor fermentación del ácido láctico. La consecuencia es una acidificación significativa del microambiente tumoral. Los investigadores explican que esta alteración activa distintas vías oncogénicas, entre ellas metaloproteinasas de la matriz relacionadas con la remodelación tisular, la invasión tumoral y la angiogénesis.
Al mismo tiempo, este entorno acidificado favorece mecanismos de evasión inmunitaria mediante el reclutamiento de células inmunosupresoras. De este modo, se genera un “refugio biológico”que protege al tumor frente a la respuesta inmunitaria del huésped y facilita su progresión.
Los resultados respaldan además un modelo revisado de “iniciador-promotor” para explicar la carcinogénesis gástrica. En este esquema, Helicobacter pylori (Hp) actuaría como iniciador al provocar inflamación crónica y deteriorar la barrera mucosa protectora del estómago. Posteriormente, las bacterias orales productoras de ácido láctico funcionarían como promotoras, colonizando el epitelio debilitado e impulsando la progresión tumoral mediante formación de biopelículas y modulación inmunitaria.
Según los autores, este modelo ayudaría a explicar por qué algunos pacientes Hp-negativos desarrollan cáncer gástrico y por qué persiste un riesgo residual de malignidad incluso después de erradicar con éxito la infección inicial. Desde el punto de vista clínico, la investigación también abre la puerta a nuevas estrategias de cribado no invasivo. Los investigadores desarrollaron modelos de aprendizaje automático basados en estos marcadores microbianos y alcanzaron un AUROC de 0,87 en la detección basada en saliva y de 0,85 en la detección mediante heces.
El trabajo destaca especialmente el potencial de la saliva como herramienta diagnóstica por tratarse de una muestra no invasiva y de bajo coste. En este contexto, los autores consideran que podría convertirse en una opción prometedora para programas de cribado precoz a gran escala y para futuras intervenciones diagnósticas y terapéuticas centradas en el microbioma.
FUENTE: Salud Digital


