Fisioterapia, mucho más que recuperar el movimiento

Cada 8 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Fisioterapia, una fecha que busca reconocer la contribución de los fisioterapeutas a la salud, la movilidad, la autonomía y la calidad de vida de millones de personas. La jornada fue establecida en 1996 y coincide con el aniversario de la fundación, en 1951, de la actual World Physiotherapy, organización internacional que representa a la profesión a escala mundial.

La conmemoración de 2026 pone el foco de manera específica en el papel de la fisioterapia y de la actividad física en la prevención, el manejo y la rehabilitación de las enfermedades cardiovasculares y el ictus. No se trata de una elección casual. Las enfermedades no transmisibles concentran una parte creciente de las necesidades sanitarias mundiales y, durante los próximos cuatro años, World Physiotherapy dedicará el Día Mundial de la Fisioterapia precisamente a este grupo de patologías. En 2027 el protagonismo recaerá en el cáncer, en 2028 en la diabetes y en 2029 en la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y otras enfermedades respiratorias.

Pero el papel actual de la fisioterapia va mucho más allá de la recuperación después de una lesión muscular o de una intervención quirúrgica. Forma parte de un concepto mucho más amplio de rehabilitación, entendida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el conjunto de intervenciones dirigidas a optimizar el funcionamiento de una persona y reducir la discapacidad asociada a una determinada condición de salud y a su interacción con el entorno.

La dimensión del problema ayuda a comprender su importancia. La OMS calcula que aproximadamente 2.400 millones de personas en todo el mundo viven con alguna condición de salud que podría beneficiarse de servicios de rehabilitación. La cifra, además, previsiblemente continuará creciendo como consecuencia del envejecimiento de la población, el aumento de la supervivencia y la mayor prevalencia de enfermedades crónicas.

En ese escenario, la fisioterapia ocupa una posición especialmente relevante. Su objetivo no consiste simplemente en tratar un músculo, movilizar una articulación o aliviar determinados síntomas. La intervención del fisioterapeuta puede integrarse en distintas fases de numerosas enfermedades y procesos clínicos: desde la prevención y la promoción de hábitos saludables hasta la recuperación funcional después de una cirugía, un ictus o una lesión, pasando por el tratamiento de problemas musculoesqueléticos, neurológicos, cardiovasculares, respiratorios o relacionados con el cáncer.

Uno de los grandes valores de la fisioterapia reside precisamente en su capacidad para ayudar a recuperar la movilidad, la autonomía y la capacidad funcional.

En muchas enfermedades, el éxito terapéutico no puede medirse únicamente por la desaparición de una lesión o por determinados valores analíticos. Para el paciente, cuestiones aparentemente sencillas como volver a caminar con seguridad, levantarse de una silla, subir unas escaleras, vestirse de manera autónoma, regresar al trabajo o recuperar tolerancia al esfuerzo pueden determinar de manera decisiva su calidad de vida.

La rehabilitación pretende precisamente conseguir que las personas alcancen y mantengan el máximo grado posible de autonomía. La OMS señala que puede reducir los efectos de enfermedades agudas y crónicas, lesiones o traumatismos, complementar tratamientos médicos o quirúrgicos y contribuir a prevenir o limitar algunas de sus complicaciones.

Dentro de los equipos de rehabilitación, el fisioterapeuta utiliza diferentes herramientas terapéuticas en función de la situación clínica, las necesidades funcionales y los objetivos del paciente. El ejercicio terapéutico, el entrenamiento de fuerza, la movilidad, el equilibrio, la reeducación funcional, determinadas técnicas manuales, el entrenamiento cardiorrespiratorio o la educación para mantener niveles adecuados de actividad física pueden formar parte de estos programas.

Esto obliga también a abandonar una visión excesivamente simplificada de la profesión. La fisioterapia moderna no puede identificarse únicamente con el masaje ni con una sucesión de técnicas pasivas aplicadas sobre una lesión. En muchas patologías, una parte esencial de la intervención consiste precisamente en conseguir que el paciente vuelva a moverse, mejore progresivamente su capacidad física y recupere funciones que la enfermedad, la lesión o el propio periodo de inactividad han limitado.

Las patologías musculoesqueléticas constituyen probablemente el ámbito con el que la población identifica con mayor facilidad a los fisioterapeutas. Dolor lumbar, cervicalgia, artrosis, lesiones musculares, problemas articulares o recuperación posterior a determinadas intervenciones quirúrgicas forman parte habitual de su práctica clínica.

Pero su importancia sanitaria es considerablemente mayor de lo que puede parecer.

La OMS señala que las enfermedades musculoesqueléticas constituyen la principal fuente mundial de necesidades de rehabilitación. Su paquete internacional de intervenciones de rehabilitación incluye específicamente un módulo dedicado a este grupo de patologías.

En estos pacientes, el objetivo no siempre consiste en conseguir que desaparezca completamente el dolor. Dependiendo de la patología y de cada persona, puede resultar igualmente importante recuperar movilidad, mejorar fuerza y capacidad funcional, reducir las limitaciones para realizar las actividades cotidianas o facilitar el retorno al trabajo y a la actividad física.

El ejercicio terapéutico adquiere aquí una relevancia especial. Bien indicado y adaptado a las características del paciente, puede integrarse en el tratamiento de numerosos problemas musculoesqueléticos y contribuir a recuperar la confianza en el movimiento.

Una de las tareas del fisioterapeuta consiste precisamente en dosificarlo. No todas las personas necesitan el mismo tipo de ejercicio, ni la misma intensidad ni el mismo ritmo de progresión. Edad, patología, capacidad funcional, tratamientos concomitantes, enfermedades asociadas y objetivos personales deben tenerse en cuenta.

La fisioterapia adquiere una dimensión diferente en las enfermedades neurológicas.

La OMS incluye dentro de sus paquetes de rehabilitación neurológica intervenciones dirigidas a personas que han sufrido ictus, enfermedad de Parkinson, traumatismo craneoencefálico, lesión medular, parálisis cerebral o demencia, entre otras situaciones clínicas.

El ictus constituye precisamente uno de los grandes protagonistas del Día Mundial de la Fisioterapia de 2026.

Después de un accidente cerebrovascular pueden aparecer problemas de movilidad, debilidad muscular, alteraciones del equilibrio, dificultades para caminar o limitaciones para realizar actividades básicas. La rehabilitación busca recuperar el mayor grado posible de funcionalidad y autonomía.

En este proceso, el fisioterapeuta puede trabajar sobre la movilidad, el equilibrio, la capacidad para realizar transferencias, la marcha y otras habilidades motoras necesarias para la vida cotidiana.

El objetivo es eminentemente práctico: que una persona recupere funciones y reduzca, en la medida de lo posible, las consecuencias que el daño neurológico tiene sobre su actividad diaria.

La rehabilitación después del ictus constituye además uno de los ejemplos más claros de la necesidad de un enfoque multidisciplinar. Médicos rehabilitadores, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas, profesionales de enfermería, especialistas en neurología y otros profesionales pueden participar en diferentes fases del proceso, según las necesidades de cada paciente.

El Día Mundial de la Fisioterapia de 2026 ha querido situar igualmente en primer plano una faceta de la profesión que todavía puede resultar desconocida para parte de la población: la fisioterapia cardiovascular.

Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en el mundo. World Physiotherapy recuerda que provocan más de 20,5 millones de muertes cada año, y que una gran parte de ellas están relacionadas con infartos e ictus.

La actividad física constituye uno de los elementos fundamentales en prevención cardiovascular y también puede desempeñar un papel importante después de determinados eventos cardiovasculares.

En este contexto, los fisioterapeutas pueden participar en programas destinados a recuperar progresivamente la capacidad de ejercicio, diseñar actividad física adaptada a cada paciente y favorecer que las personas adopten un estilo de vida físicamente activo.

World Physiotherapy destaca que estos profesionales pueden colaborar en la identificación de personas con mayor riesgo cardiovascular, diseñar programas de ejercicio seguros y personalizados, fomentar la actividad física y participar en la prevención y el manejo de las enfermedades cardiovasculares.

Naturalmente, esto no significa que la fisioterapia sustituya al tratamiento farmacológico, médico o quirúrgico cuando estos son necesarios. Su función es complementaria y forma parte de un abordaje integral del paciente.

La propia OMS incluye la cardiopatía isquémica entre las patologías para las que ha desarrollado paquetes específicos de intervenciones de rehabilitación.

Algo similar sucede con las enfermedades respiratorias crónicas.

Personas con patologías como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) pueden sufrir disnea, intolerancia al esfuerzo, pérdida de capacidad física y dificultades progresivas para realizar determinadas actividades.

La rehabilitación pulmonar combina distintas intervenciones y puede incluir ejercicio, entrenamiento físico, educación y estrategias destinadas a mejorar la capacidad funcional.

La OMS reconoce expresamente la EPOC dentro de las patologías para las que existen intervenciones específicas de rehabilitación cardiopulmonar.

La contribución de la fisioterapia puede resultar especialmente importante porque uno de los grandes problemas asociados a muchas enfermedades respiratorias es precisamente el círculo de inactividad que puede generarse cuando una persona comienza a limitar su actividad física por miedo o por dificultad respiratoria.

Moverse menos puede terminar reduciendo todavía más la capacidad física. Una rehabilitación adecuadamente prescrita y supervisada trata de romper ese proceso y ayudar al paciente a recuperar, dentro de sus posibilidades, tolerancia al esfuerzo y autonomía.

El aumento de la supervivencia frente al cáncer ha puesto sobre la mesa otro desafío sanitario: atender las consecuencias funcionales de la propia enfermedad y de sus tratamientos.

Cirugía, quimioterapia, radioterapia y otros tratamientos pueden producir, dependiendo del tumor y de la situación de cada paciente, fatiga, pérdida de fuerza, disminución de movilidad y diferentes grados de deterioro funcional.

La rehabilitación forma parte de la respuesta a estos problemas.

La OMS incluye las neoplasias malignas dentro de las grandes áreas para las que existen intervenciones específicas de rehabilitación, lo que refleja hasta qué punto la recuperación funcional se ha convertido también en un componente importante de la atención oncológica.

En estos pacientes, la fisioterapia puede tener objetivos muy distintos según la fase de la enfermedad, los tratamientos recibidos y las necesidades individuales: mantener o recuperar movilidad, mejorar fuerza y capacidad funcional o facilitar progresivamente la reincorporación a las actividades habituales.

De nuevo, el criterio fundamental debe ser la individualización.

No existe un único programa válido para todas las personas con cáncer, del mismo modo que tampoco existe una única fisioterapia válida para todas las enfermedades.

El envejecimiento de la población convierte a la fisioterapia y a la rehabilitación en elementos cada vez más importantes de los sistemas sanitarios.

Vivir más años constituye uno de los grandes logros de las sociedades modernas, pero obliga también a trabajar para que esa mayor esperanza de vida vaya acompañada, en la medida de lo posible, de autonomía y capacidad funcional.

La pérdida de fuerza, equilibrio o movilidad no debe asumirse de manera automática como una consecuencia inevitable de cumplir años.

En las personas mayores, programas correctamente adaptados pueden orientarse al mantenimiento o recuperación de fuerza, movilidad y equilibrio y a conservar la capacidad necesaria para realizar actividades cotidianas.

Esta dimensión de la rehabilitación resulta especialmente relevante porque una pequeña pérdida funcional puede tener grandes consecuencias en edades avanzadas.

Ser capaz de levantarse de una silla, caminar hasta una tienda, ducharse de forma independiente o subir unos escalones puede marcar la diferencia entre conservar la autonomía o comenzar a depender progresivamente de otras personas.

La OMS vincula directamente la rehabilitación con el envejecimiento saludable, al permitir prevenir, retrasar o reducir algunas de las consecuencias discapacitantes asociadas a enfermedades crónicas.

La fisioterapia no comienza necesariamente cuando ya existe una discapacidad importante.

Uno de los mensajes que World Physiotherapy quiere reforzar durante su campaña de 2026 es precisamente su contribución a la prevención.

En enfermedades cardiovasculares, por ejemplo, promover la actividad física puede contribuir a modificar determinados factores de riesgo. En personas con enfermedades crónicas, mantener la capacidad funcional puede evitar un mayor deterioro. Y después de una lesión o una intervención quirúrgica, una rehabilitación correctamente planificada puede ayudar a prevenir determinadas complicaciones asociadas a la inmovilidad.

La idea de prevención resulta especialmente relevante porque durante décadas numerosos sistemas sanitarios han dedicado una parte fundamental de sus recursos a tratar la enfermedad una vez establecida.

El envejecimiento poblacional y el incremento de las patologías crónicas obligan a ampliar esa mirada.

Prevenir discapacidad, evitar deterioro funcional y conseguir que las personas mantengan durante más tiempo su independencia pueden ser objetivos sanitarios tan importantes como tratar determinados síntomas.

Uno de los cambios más importantes experimentados por la fisioterapia contemporánea es el protagonismo adquirido por el ejercicio terapéutico.

El movimiento puede formar parte del tratamiento cuando está correctamente indicado, dosificado y adaptado.

No se trata simplemente de decir a un paciente que haga ejercicio. En determinados contextos clínicos es necesario valorar previamente su situación, establecer objetivos, seleccionar los ejercicios adecuados, controlar la respuesta y modificar progresivamente intensidad, volumen o dificultad.

La prescripción debe adaptarse además a las características particulares de cada persona.

Un paciente que está comenzando una rehabilitación después de un ictus tiene necesidades diferentes de las de una persona con artrosis, de un paciente que se recupera de una cirugía o de alguien que participa en un programa de rehabilitación cardiovascular.

Por eso, el trabajo del fisioterapeuta no consiste simplemente en aplicar técnicas, sino también en evaluar, planificar, dosificar, supervisar y modificar una intervención terapéutica en función de la evolución del paciente.

Quizá una de las transformaciones más importantes de la fisioterapia durante las últimas décadas sea precisamente el cambio de perspectiva.

La pregunta ya no es únicamente dónde duele o qué tejido está lesionado.

En muchas ocasiones hay que preguntarse qué actividad ha dejado de poder realizar el paciente, qué grado de independencia ha perdido, qué capacidad física conserva y qué necesita recuperar para volver a su vida cotidiana.

Esta visión funcional explica por qué la fisioterapia puede intervenir en enfermedades aparentemente tan diferentes como un ictus, una cardiopatía, una EPOC, un cáncer, una enfermedad de Parkinson o determinadas patologías musculoesqueléticas.

No porque la fisioterapia cure todas esas enfermedades.

Esa afirmación sería incorrecta.

Su valor reside en otra cuestión: muchas enfermedades producen consecuencias sobre el movimiento, la capacidad física y la autonomía que sí pueden ser objeto de intervención rehabilitadora.

La diferencia es importante.

La fisioterapia no sustituye a la cirugía cuando esta está indicada, ni al tratamiento farmacológico, ni al diagnóstico médico ni al resto de profesionales sanitarios. Se integra con ellos para abordar dimensiones de la enfermedad que también determinan el resultado final para el paciente.

Poner en valor la fisioterapia exige también defender una práctica basada en la evidencia científica.

Como ocurre en cualquier profesión sanitaria, no todas las técnicas tienen la misma evidencia, ni todas las intervenciones resultan apropiadas para todos los pacientes.

El prestigio de la fisioterapia no depende de acumular procedimientos, sino de utilizar aquellas intervenciones que tienen una justificación clínica, adaptarlas correctamente y evaluar sus resultados.

Eso implica conocer cuándo intervenir, cómo hacerlo y también cuándo derivar al paciente a otro profesional.

Dolor, pérdida de movilidad o debilidad pueden tener causas muy distintas, algunas de las cuales requieren una evaluación médica específica antes de iniciar cualquier tratamiento.

La fisioterapia debe formar parte de una asistencia coordinada y no convertirse en una alternativa indiscriminada a otras intervenciones sanitarias.

Precisamente porque su campo de actuación es cada vez más amplio, aumenta también la importancia de delimitar correctamente indicaciones, objetivos y responsabilidades.

Las previsiones demográficas y epidemiológicas apuntan hacia un escenario en el que la rehabilitación tendrá cada vez más peso.

La población mundial envejece. Aumenta la supervivencia después de enfermedades que anteriormente provocaban una elevada mortalidad. Crece el número de personas que conviven durante años con enfermedades crónicas. Y muchas de ellas necesitan no solamente tratamiento para controlar su patología, sino estrategias que les permitan conservar su funcionalidad.

La OMS advierte de que las necesidades mundiales de rehabilitación continuarán aumentando precisamente por el envejecimiento y la creciente prevalencia de enfermedades crónicas y discapacidad.

Además, la demanda ya existente está lejos de encontrarse plenamente cubierta.

En algunos países de ingresos bajos y medios, más de la mitad de las personas que necesitan rehabilitación no acceden a ella, según la OMS.

Por eso, el debate sobre fisioterapia y rehabilitación no puede limitarse únicamente al reconocimiento de una profesión sanitaria. También afecta a la planificación de los sistemas de salud, a la disponibilidad de profesionales, al acceso temprano a los tratamientos y a la integración efectiva de la rehabilitación dentro del continuo asistencial.

La OMS considera la rehabilitación una parte fundamental de la cobertura sanitaria universal, junto con la promoción de la salud, la prevención, el tratamiento y los cuidados paliativos.

Este planteamiento implica un cambio relevante.

La rehabilitación no debería entenderse únicamente como una fase posterior que comienza cuando han terminado los tratamientos considerados principales. En numerosas patologías puede ser necesario iniciarla precozmente y desarrollarla de manera paralela a otras intervenciones.

Eso sucede, por ejemplo, después de un ictus, una lesión grave, una cirugía o determinadas enfermedades crónicas.

Cuanto mayor sea la complejidad clínica, mayor importancia tendrá además el trabajo multidisciplinar.

La fisioterapia forma parte de ese engranaje junto con otras profesiones sanitarias, cada una con funciones diferentes pero complementarias.

El lema implícito detrás de buena parte de la campaña internacional de este año podría resumirse en una idea sencilla: moverse importa.

World Physiotherapy insiste en la necesidad de reducir el tiempo sedentario y aumentar progresivamente la actividad física, siempre de acuerdo con las posibilidades y condiciones de cada persona.

El mensaje resulta especialmente relevante en sociedades en las que una parte importante de la vida cotidiana transcurre sentada.

Pero la recomendación debe interpretarse con rigor.

Para una persona sana, aumentar la actividad física puede significar caminar más, utilizar escaleras o incorporar ejercicio de manera regular. Para un paciente con una enfermedad cardiovascular, respiratoria, neurológica o musculoesquelética, puede ser necesario establecer previamente qué actividad es segura y adecuada.

Ahí aparece nuevamente el valor de los profesionales sanitarios especializados.

El objetivo no consiste en convertir a todos los pacientes en deportistas, sino en ayudarles a alcanzar el mayor grado posible de capacidad física, independencia y participación en su vida cotidiana.

El Día Mundial de la Fisioterapia ofrece, en definitiva, una oportunidad para actualizar la imagen social de una profesión que ha evolucionado considerablemente.

El fisioterapeuta sigue desempeñando un papel fundamental en el tratamiento de lesiones y problemas musculoesqueléticos, pero su campo asistencial es mucho más amplio.

Está presente en la rehabilitación neurológica, cardiovascular y respiratoria; participa en la recuperación funcional después de numerosas intervenciones y enfermedades; trabaja con personas mayores y con pacientes con patologías crónicas; y contribuye a mantener movilidad, fuerza y autonomía a lo largo de diferentes etapas de la vida.

Su aportación no consiste en prometer curaciones imposibles.

Consiste en algo probablemente más tangible: ayudar a que las personas puedan hacer más, moverse mejor y conservar o recuperar el máximo nivel de autonomía que permita su situación clínica.

En un mundo en el que alrededor de 2.400 millones de personas podrían beneficiarse de algún tipo de rehabilitación, esta función adquiere una dimensión sanitaria cada vez mayor.

Por eso, hablar de fisioterapia ya no significa únicamente hablar de recuperación después de una lesión.

Significa hablar también de prevención, enfermedad crónica, envejecimiento, discapacidad, autonomía y calidad de vida.

Y probablemente esa sea una de las principales razones por las que la fisioterapia tendrá un peso creciente en los sistemas sanitarios de las próximas décadas.

José Angel Jarne
José Angel Jarne
Miembro de ANISALUD (La Asociación Nacional de Informadores de la Salud), José Ángel Jarne ha sido el responsable de varios gabinetes de prensa del sector de periodismo sanitario (de una asociación de pacientes y director de comunicación de una fundación de investigación de células madre). Durante los últimos años se ha dedicado a la gestión de gabinetes de prensa y la organización de eventos en el ámbito privado. Es el director del portal.

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