Siete sociedades científicas desarrollan un consenso para mejorar la salud reproductiva de las mujeres

• El consenso, impulsado por la SETH, aborda fertilidad, pérdidas gestacionales, complicaciones vasculares de la placenta, trombosis durante el embarazo y el puerperio y anticoncepción hormonal.

• Los expertos recomiendan estudiar la trombofilia de forma selectiva e indicar los tratamientos según la evidencia y el riesgo individual.

• La coordinación entre especialidades busca reducir la variabilidad en la atención e identificar mejor a las mujeres que necesitan prevención o tratamiento.

Madrid, 6 de octubre de 2026 – Los problemas de fertilidad o las complicaciones de un embarazo no justifican automáticamente un estudio de trombofilia ni un tratamiento antitrombótico. Este es uno de los mensajes del consenso que presenta hoy la Sociedad Española de Trombosis y Hemostasia (SETH), elaborado con la participación de siete sociedades científicas para orientar las decisiones clínicas a lo largo de la vida reproductiva de la mujer.

El documento, coordinado por los hematólogos Olga Gavín, del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa (Zaragoza), y Santiago Bonanad, del Hospital Universitario y Politécnico La Fe (Valencia), busca evitar pruebas y tratamientos innecesarios y, al mismo tiempo, identificar mejor a las mujeres con un riesgo trombótico que requiere medidas específicas de prevención o tratamiento.

“No se trata de hacer más pruebas o utilizar más tratamientos, sino de hacer lo adecuado en la mujer adecuada y en el momento adecuado. Este consenso nos ayuda a tomar decisiones basadas en la evidencia y en el riesgo individual, y a mejorar la coordinación entre los profesionales que acompañan a la mujer a lo largo de su vida reproductiva”, señala M.ª Teresa Álvarez Román, presidenta de la SETH.

“Ante una misma situación —un fallo de implantación, pérdidas gestacionales, una complicación placentaria o un antecedente de trombosis— distintas pacientes podían recibir estudios y tratamientos diferentes según el centro o el especialista. El consenso intenta reducir esa variabilidad estableciendo criterios comunes, basados en la evidencia y compartidos por las distintas especialidades implicadas”, explica Olga Gavín.

No todo problema reproductivo requiere un estudio de trombofilia

La trombofilia es una predisposición a desarrollar trombosis, es decir, coágulos en los vasos sanguíneos. Puede ser hereditaria o adquirida. El consenso subraya que su estudio debe responder a una indicación clínica concreta y que detectar una alteración no demuestra, por sí solo, que sea la causa de un problema reproductivo.

“Una trombofilia es un factor de riesgo, no una explicación automática de un problema reproductivo. Encontrar una alteración en una analítica no significa necesariamente que sea la causa de una pérdida gestacional ni que exista indicación de tratamiento”, señala Gavín.

En los fallos de implantación recurrentes, el documento desaconseja el estudio rutinario de trombofilia hereditaria. En las pérdidas gestacionales, recomienda un enfoque selectivo, orientado por los antecedentes personales o familiares de trombosis. También desaconseja los paneles genéticos amplios de uso rutinario.

La evaluación del síndrome antifosfolipídico, una forma de trombofilia adquirida, tiene indicaciones específicas que deben distinguirse del estudio de trombofilia hereditaria. Ante complicaciones como la preeclampsia o el crecimiento fetal restringido, tampoco se recomienda estudiar de rutina la trombofilia hereditaria, aunque sí valorar el síndrome antifosfolipídico.

“Hay un uso posiblemente excesivo de solicitudes de estudios de trombofilia en circunstancias en las que ya ha quedado bien establecida su falta de interés clínico”, advierte Santiago Bonanad.

Algunos hallazgos analíticos de escaso valor pronóstico pueden acabar conduciendo a tratamientos sin respaldo científico suficiente, que no aportan el beneficio esperado y pueden suponer un riesgo innecesario, añade.

“Las pérdidas gestacionales y las complicaciones placentarias son multifactoriales y, en muchas mujeres, un estudio indiscriminado de trombofilia no aporta información útil y puede generar resultados difíciles de interpretar, ansiedad e incluso tratamientos innecesarios”, explica María de la Calle, jefa de Sección de Obstetricia Médica del Hospital Universitario La Paz (Madrid).

La especialista recuerda, además, que el embarazo, el puerperio, los estrógenos y los anticoagulantes pueden alterar algunos parámetros de estos estudios y generar interpretaciones erróneas, por lo que también importa elegir el momento adecuado para realizarlos.

Heparina y aspirina según la situación clínica

El consenso diferencia la prevención de una trombosis de los tratamientos destinados a evitar una complicación obstétrica. La heparina y el ácido acetilsalicílico (aspirina) tienen indicaciones concretas, pero su empleo no debe convertirse en una respuesta automática ante dificultades reproductivas.

El síndrome antifosfolipídico, determinados perfiles de riesgo trombótico y la prevención de la preeclampsia en mujeres de alto riesgo son algunos de los escenarios en los que el documento contempla tratamientos específicos.

“Deberíamos abandonar una medicina basada en el ‘por si acaso’ y avanzar hacia una medicina basada en riesgo individual y evidencia”, afirma Gavín.

El objetivo es evitar intervenciones sin beneficio demostrado y reconocer a las mujeres que sí pueden beneficiarse de medidas de prevención.

Reevaluar el riesgo durante el embarazo y después del parto

El riesgo trombótico no permanece necesariamente estable durante toda la gestación. El documento recomienda valorarlo durante el embarazo y reevaluarlo ante cambios clínicos, ingresos hospitalarios y en el periodo posterior al parto o puerperio.

Esa valoración tiene en cuenta los antecedentes de trombosis, las trombofilias y otros factores clínicos y obstétricos. Cuando está indicada la anticoagulación durante el embarazo, la heparina de bajo peso molecular es el tratamiento de referencia.

Valorar el riesgo antes de prescribir anticonceptivos hormonales

La prevención también alcanza a la elección de anticonceptivos hormonales. Antes de prescribirlos, el consenso recomienda valorar, entre otros factores, los antecedentes personales y familiares de trombosis, la edad, el índice de masa corporal, el tabaquismo, la hipertensión y la migraña con aura, así como informar a las mujeres del riesgo y de los signos y síntomas de trombosis.

De la Calle recuerda que el riesgo trombótico también puede aumentar con los tratamientos de reproducción asistida y otros factores individuales.

“La historia obstétrica forma parte de la historia vascular de la mujer y debería acompañarla en las decisiones de salud posteriores”, subraya.

Criterios compartidos entre especialidades

El consenso reúne la revisión de la evidencia científica y la valoración de especialistas mediante metodología Delphi, un procedimiento de consulta estructurada para identificar acuerdos y cuestiones en las que persiste incertidumbre.

“Un consenso no puede ser establecido sin un diálogo entre pares”, destaca Bonanad.

“Este consenso nace de situaciones clínicas frecuentes en las que distintas especialidades tienen que tomar decisiones complejas y no siempre existe una respuesta uniforme. Su valor es ofrecer un marco común basado en la evidencia, distinguiendo dónde podemos establecer recomendaciones claras y dónde persisten todavía incertidumbres”, plantea Joan Carles Reverter, jefe del Servicio de Hemostasia del Hospital Clínic de Barcelona, expresidente de la SETH y revisor externo del documento.

En cuanto a la coordinación asistencial, de la Calle explica que el estudio de trombofilia puede iniciarlo el ginecólogo responsable, consensuando con Hematología la indicación, las pruebas concretas y el momento de realizarlas cuando sea necesario.

Si aparecen hallazgos relevantes, Hematología debe participar en la valoración del riesgo trombótico y en la decisión sobre prevención o tratamiento.

En mujeres con abortos de repetición, destaca la recomendación de un abordaje multidisciplinar coordinado, idealmente en una consulta específica y bajo un protocolo común.

Esta coordinación permite, según la especialista, “menos duplicidad de pruebas, menos tratamientos empíricos, mejor selección de las pacientes que realmente necesitan profilaxis y una planificación más segura del embarazo, parto y puerperio”.

Junto a la SETH, participan en el consenso la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), la Sociedad Española de Contracepción (SEC) y la Asociación para el Estudio de la Medicina Vascular en España (ASEMEVE).

Xavi Mascarell
Xavi Mascarell
Colaborador habitual, de profesión sanitario, su interés se centra en las especialidades médicas, las asociaciones profesonales del sector y la actividad hospitalaria. Ha seguido de cerca avances en epidemiología, vacunas y prevención de la salud.

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