El doctor Pablo Ryan es Doctor por la Universidad Complutense de Madrid con la tesis Resistencia a la insulina en pacientes coinfectados por el virus de la hepatitis C y el virus de la inmunodeficiencia humana prevalencia, factores asociados e influencia en la respuesta al tratamiento con interferón y ribavirina 2014. Obtuvo este doctorado tras sus estudios sobre fibrosis hepática en pacientes infectados por VIH/VHC.
Es Médico Adjunto en la Unidad de VIH y Hepatitis C del Hospital Universitario Infanta Leonor y
Sus principales áreas de especialización clínica son la medicina del VIH, las hepatitis virales y los usuarios de drogas inyectables.
Recientemente el Instituto de Investigación Gregorio Marañón ha liderado un proyecto europeo innovador en salud pública, que ha desplegado unidades móviles para la atención a personas en situaciones de especial vulnerabilidad. ¿En qué consiste este proyecto? ¿Qué necesidades intenta resolver?
Respuesta.- Es un proyecto europeo que utiliza unidades móviles de salud para acercar el cribado, la prevención y la derivación sanitaria a personas en situación de gran vulnerabilidad. En cierto modo, es Medicina de Calle: si las personas no llegan al hospital, el hospital sale a buscarlas.
Trabajamos en España, Portugal y Croacia con unidades móviles que realizan pruebas rápidas de VIH, hepatitis B y C y otras ITS, y que conectan directamente a los pacientes con los servicios sanitarios. El objetivo final es crear estándares europeos para atender a personas vulnerables allí donde están.
¿Cómo nació la idea de desarrollar este proyecto?
Respuesta.- Surgió de una realidad evidente: muchas personas vulnerables no acuden a los centros sanitarios. A partir de la experiencia en la Cañada Real Galiana y de la Unidad Móvil de Madrid (UMC), junto con los socios de Portugal y Croacia, vimos que era el momento de estructurar este modelo en un proyecto europeo.
¿Qué colectivos vulnerables se priorizan en este proyecto?
Respuesta.- Personas sin hogar, personas que se inyectan drogas, población reclusa, migrantes en situación administrativa precaria y trabajadoras sexuales. Son grupos con alta carga de enfermedades infecciosas y hepáticas y con grandes barreras de acceso al sistema.
¿Qué dificultades logísticas o legales supone llevar la atención sanitaria fuera de los hospitales o los centros de salud?
Respuesta.- Primero, obtener permisos sanitarios y municipales, coordinarse con servicios sociales y adaptar la normativa a un entorno extrahospitalario. Después, informar a las personas, garantizar consentimiento informado, asegurar espacios privados y seguros, y contar con profesionales formados (médicos, enfermería, educadores y trabajadores sociales). Finalmente, asegurar la derivación efectiva: que nadie “se pierda por el camino”.
¿Cómo se integran tecnologías de telemedicina o monitorización en esta atención móvil?
Respuesta.- Ofrecemos pruebas rápidas para VIH, hepatitis B y C, sífilis y otras ITS, y utilizamos sistemas como GeneXpert, que permite realizar PCR en la propia unidad. En personas con riesgo de enfermedad hepática hacemos elastografía de transición para evaluar la fibrosis. Además, recogemos datos con herramientas digitales que permiten una intervención dinámica, flexible y basada en evidencia.
¿Qué patologías aparecen con mayor frecuencia en estos grupos que requieren una respuesta inmediata?
Respuesta.- Principalmente VIH, hepatitis B y C, enfermedad hepática por alcohol, infecciones asociadas al consumo de drogas y patologías respiratorias o de salud mental. En entornos de prostitución vemos un aumento claro de ITS. Si alguna prueba es positiva o detectamos enfermedad que requiere atención, acompañamos el mismo día al hospital o derivamos a unidades especializadas.
¿Cómo se garantiza la confidencialidad de la información sanitaria en un entorno móvil?
Respuesta.- Disponemos de un habitáculo privado para la entrevista y exploración. Usamos códigos en lugar de nombres, cumpliendo estrictamente el RGPD. Las personas son informadas desde el principio y, para ser atendidas, aceptan que conservemos datos mínimos de contacto para avisarles de citas, resultados o recogida de medicación.
¿Qué debería cambiar en los sistemas sanitarios para atender mejor a las personas que quedan fuera de la red asistencial habitual?
Respuesta.- Es importante la flexibilidad y proactividad, así como integrar dispositivos móviles y comunitarios, que conecten salud, servicios sociales y adicciones. También es clave formar a los profesionales en reducción del estigma y en comunicación con colectivos que viven fuera de la red habitual.
¿Qué mensaje le gustaría trasladar a los responsables políticos de sanidad sobre la importancia de esta línea de investigación?
Respuesta.- Hay que reforzar la apuesta por la equidad e implementar nuevas medias para quienes duermen en la calle o viven en una celda para eliminar enfermedades transmisibles. La Medicina de Calle y las unidades móviles son herramientas eficaces y coste-eficientes que salvan vidas y ahorran gastos futuros.
Para terminar… ¿Qué le da más satisfacción dentro de su faceta investigadora?
Respuesta.- Ver que lo que hacemos sirve a la gente de verdad. Que un dato deja de ser una cifra y se convierte en la historia de una persona a la que acompañamos desde la calle hasta la curación. Y trabajar con equipos multidisciplinares, ONGs, servicios sociales, CADs, Ayuntamientos, Conserjeria de Sanidad… que unen ciencia y acción social para cambiar vidas de personas que muchas veces ya no esperaban nada del sistema.


