Las primeras semanas de los MIR en su residencia dejan multitud de situaciones de dudas que se van disipando a medida que pasan los días.
Empezar nuevo en un trabajo no es nada fácil y más todavía si esa es la primera experiencia profesional de su vida, como sucede en muchos casos en la formación sanitaria especializada. Los MIR en sus primeros meses de residencia experimentan sensaciones y viven situaciones a las que antes no se habían enfrentado por mucho que las hayan visualizado estudiando durante años.
El salto del libro a la vida real es en lo que coinciden los testimonios de los que fueron médicos internos residentes de primer año (R1). Julissa Guerrero Ramírez, R3 de Farmacología Clínica en el Hospital General Universitario Dr. Balmis en Alicante, pone de manifiesto esta realidad. “La teoría te la sabes, pero no has hecho un tacto rectal a un paciente nunca”, explica, mientras que pone de manifiesto que los primeros meses son chocantes si nunca antes se ha trabajado. Además de ser novatos, los R1 tienen que hacerse desde el primero momento con el sistema informático que impere en su comunidad. “Al no haber un sistema único para toda España, en cada sitio es de uno modo y también hay que aprenderlo rápido”, expone Guerrero.

Eso sí, las inseguridades típicas de los inicios en la residencia son secretas. “Hay que disimular delante del paciente y mostrar seguridad”, especifica Guerrero, quien detalla que esa seguridad se va adquiriendo a medida que avanza la residencia.
Las dudas también pueden aparecer a la hora de pedir una prueba diagnóstica. “Al principio cuando tenía que pedir una prueba a los compañeros de rayos pensaba si de verdad era necesario. No solo es pedir, sino que tiene que existir un motivo y es que los recursos son limitados y hay prioridades. Los primeros meses puedes tener dudas, pero después, como todo, se va aprendiendo”, detalla esta residente.
En Urgencias es donde el R1 suele ver las cosas más sorprendentes al inicio. El paciente que te dice que no es alérgico y después sí lo es, otro que llega y quiere que les saques una muela, el que va urgencias a pedir una analítica rutinaria del tiroides o el señor que cree que le ha mordido un murciélago. Estas son algunas de las anécdotas vividas por Guerrero.
¿Y dónde pido unas analíticas?
El cómo, el dónde y a quién pedir las pruebas diagnósticas en urgencias también es algo que le costaba al principio a Jimmy Marlon Valarezo Jiménez, R1 de Medicina Nuclear en el Complejo Asistencial de Salamanca. “Además de tener cuidado de no pedir de más y generar gasto innecesario, estaba perdido sobre a quién tenía que pedir las analíticas u otras pruebas”, reconoce este residente ecuatoriano.
Los primeros días de Valarezo no fueron fáciles. “Nunca había estado en el Hospital y no sabía ni llegar a Urgencias ni a mi servicio”, admite, mientras que explica que a las dos semanas ya estaba plenamente adaptado.
Además, en su adaptación hay que añadir que venía de haber trabajado en su país, en Ecuador. “Llegas con miedo y dudas, pero al final la medicina es igual en todo el mundo, pero está esa incertidumbre de cómo se gestionan aquí los procesos”, detalla este residente de 28 años, quien especifica que la primera impresión es que los adjuntos en España son mucho más ‘serenos’ y ‘tranquilos’ que a lo que él estaba acostumbrado en su país.
La duda patológica
Laura Blanco Ramis, R3 de Reumatología del Complejo Asistencial de Salamanca y que estudió en la Universidad Autónoma de Barcelona, explica que los R1 experimentan una “duda patológica”. “Lo revisas todo. Lo has estudiado y te lo sabes, pero sigues teniendo dudas. Con la experiencia ya vas viendo que dejas de revisar procesos y se pasa”, indica la residente del centro hospitalario salmantino.
Blanco, de 28 años, destaca que los R1 tienen que adaptarse como a cualquier trabajo, pero con extras añadidos. “Todo el mundo tiene que aprender y adaptarse a un puesto de trabajo nuevo, pero es que en este caso está el añadido de que tratas con personas y con su salud. Convives en momentos muy vulnerables para ellos y lo tienes que hacer de forma profesional”, asegura.
Esta residente de reumatología reconoce que el cambio de la teoría a la práctica sí que se nota en los primeros compases de la residencia. “Te das cuenta de que pese a todo lo estudiado no sabes tanto como crees”, reconoce, mientras que detalla que durante la carrera las materias no son tan prácticas y que hay que enfocarlo de otro modo durante la residencia.
Salto de la carrera al sistema clínico
Los R1 debutan en el Sistema Nacional de Salud con ayuda. Siempre hay una supervisión de los residentes más veteranos y del adjunto, pero no deja de ser un salto considerable el que se produce de estudiar la carrera y el examen MIR al sistema clínico. “Mi experiencia es que la formación sanitaria especializada es un sistema basado en la formación, pero sin embargo lo que yo percibí es que está más centrado en la asistencia”, narra Jesús Arzúa, R3 de Medicina Familiar y Comunitaria en el Centro de Salud de Ribeira (A Coruña).

“En muchos casos los residentes son tratados como mano de obra y parte estructural cuando en realidad deberían estar solo formándose”, detalla Arzúa, quien sostiene que la carga asistencial en muchas ocasiones provoca que lo formativo pase a un segundo plano, debido a que los residentes más mayores o adjuntos no tienen tiempo para hacer una labor docente durante los turnos.


