La doctora María Madariaga es médico especialista en anestesiología reanimación y tratamiento del dolor.
Diploma Europeo en Medicina del Dolor (EDPM), Máster en tratamiento del dolor (MsC), Fellow in interventional pain practice (FIPP), .
Con un enfoque en la excelencia sanitaria, dirijo como presidente electo la Sociedad Española de Dolor, donde lidera un equipo multidisciplinar de más de 50 personas, con la misión de mejorar la atención al paciente con dolor, su reconocimiento y el de los profesionales de la salud involucrados, a través de la gestión eficaz de los recursos y la optimización de procesos, y mediante la promoción del conocimiento y la investigación.
Comprometida con el cuidado del paciente desde la práctica médica asistencial a la gestión de unidades clínicas y en el campo de la investigación. Dedicada a la formación de pacientes, profesionales, y a la divulgación en salud, buscando un impacto positivo en la salud comunitaria.
Es la Presidenta de la Sociedad Española del Dolor.
¿Qué aporta la Sociedad Española del Dolor al Sistema de Salud?
Respuesta.- La sociedad española del dolor aporta motivación, identidad, historia, apoyo formal y red social (networking) a los profesionales, académicos e investigadores en dolor españoles.
Lo hacemos desde una gestión rigurosa y transparente, muy cercana a nuestros socios, que pertenecen a todas las especialidades de ciencias de la salud: terapia ocupacional, psicología, medicina, enfermería y fisioterapia.
¿Cómo se combina su labor asistencial del día a día con la Presidencia de una sociedad científica de este nivel?
Respuesta.- Pues fatal, claro.
Sinceramente, yo no he sido capaz de combinar la asistencia con mis responsabilidades como presidente. Pasado un año tras ganar la presidencia aparqué la práctica clínica asistencial para trabajar en el área de los ensayos clínicos, disfrutando de una mucha mayor flexibilidad horaria.
Esta ha sido una de las decisiones más difíciles de mi vida, no solo profesional. Sigo echándolo de menos cada día, y la verdad, no termino de acostumbrarme, así que muy seguramente volveré de algún modo al ruedo.
Actualmente, la verdad es que este trabajo me ofrece la posibilidad de compatibilizar con otras actividades como la docencia universitaria, además de la presidencia, lo cual es un aliciente para seguir.
“En estas unidades (del dolor), en general, se ofrecen tratamientos médicos intervencionistas avanzados y se agiliza el acceso a pruebas complementarias”
¿Qué son las unidades del dolor? ¿Cómo se llega a esta consulta?
Respuesta.- Son unidades asistenciales que ofrece asistencia, habitualmente exclusivamente médica, especializada en tratamiento del dolor crónico complejo, que no encuentra una respuesta satisfactoria en atención primaria.
En estas unidades en general se ofrecen tratamientos médicos intervencionistas avanzados y se agiliza el acceso a pruebas complementarias. Se accede a determinados fármacos también, y si la unidad es de mayor complejidad, se accede al tratamiento multidisciplinar integrado en la propia unidad, incluyendo salud mental en dolor crónico, fisioterapia y en ocasiones terapia ocupacional, integradas en la plantilla.
A las unidades de dolor se llega habitualmente desde una derivación desde otro especialista hospitalario: en general desde atención primaria no suele permitirse una derivación directa a las unidades de dolor.
¿Cómo se diferencia un dolor común de un dolor crónico que enmascara una patología?
Respuesta.- El dolor común es aquel que aparece y se va en un tiempo normal o habitual de curación, que se ha establecido en unos 3 meses.
El dolor que se queda sin mejorar tras 3 meses en los que los tejidos del cuerpo ya han tenido que curarse por naturaleza, es el dolor enfermedad: a veces somos capaces de conocer su origen, habitualmente secundario a una lesión del Sistema nervioso ( dolor neuropático y dolor mixto como la lumbociatalgia crónica, neuralgia del trigémino, etc) pero otras veces no somos capaces de detectarla en las pruebas complementarias…y se queda como dolor crónico primario, es decir, no secundario a otra enfermedad subyacente.
Ejemplos de ello es la fibromialgia, dolor regional complejo tipo 1, síndrome temporomandibular, sindrome de intestino irritable, dolor lumbar inespecífico, dolor cervical inespecífico…entre otras.
Pero, independientemente del diagnóstico, para la persona que lo sufre, el dolor es una condena, porque de manera progresiva va minando su capacidad funcional, intelectual, y emocional… los va aislando de su trabajo, de su entorno, de sus aficiones, de su plan de vida, para limitarlos casi totalmente. Es el dolor crónico refractario: una auténtica desgracia cuando aparece en la vida de las personas.
En España, ¿cómo definiría el estado actual del dolor crónico como problema de salud pública? En este sentido, usted ha declarado que la intensidad media percibida por pacientes se sitúa en 6,8/10…
Respuesta.- El dolor crónico es de facto un problema real en nuestro país. Nos lo dice el estudio Barometro del Dolor, de 2023, pero además es que lo vemos cada dia en consultas de atención primaria, de hospitalaria, en urgencias… el dolor cronico (de más de 3 meses de duración) es ubicuo y no solo se justifica por la edad avanzada: la edad media de las pacientes con dolor crónico es de 51 años, y es más prevalente en mujeres que en hombres.
¿Cuáles son los principales obstáculos que impiden un abordaje óptimo del dolor (recursos, formación, coordinación, políticas, cultura clínica…)?
Respuesta.- Todos juntos: el dolor per se no se adjudica a una unida especialidad o enfermedad o condición, sino que es común a muchas o muy transversal. No se puede adjudicar a un servicio o un departamento o una especialidad de ciencias de la salud…
Esto hace que se normalice o banalice en pos del diagnostico causal, que de hecho en medicina culturalmente siempre ha sido prioritario… posponiendo incluso el alivio para no entorpecer el diagnostico…
Afortunadamente las cosas han mejorado en cuanto a la concienciación sobre dolor ajeno, pero falta formación, coordinación y cuidado verdaderamente centrado en la persona, que tiene que construir su propio camino de recuperación de manera autónoma, muchas veces poco o nada comprendido o apoyado por el sistema sanitario.
La SEDOLOR tiene un grupo de trabajo dedicado a “tecnología digital y dolor”. ¿Cómo ve la integración de herramientas digitales (apps, telemedicina, IA) en el tratamiento del dolor? ¿Qué retos conlleva este nuevo escenario?
Respuesta.- Son herramientas muy potentes y útiles que están aquí para ayudar a aliviar y mejor del dolor de nuestros pacientes, adaptando la tecnología a las limitaciones para trabajar la funcionalidad, el estado de ánimo, la atención plena…
Además, permiten una formación del paciente en el autocuidado del dolor y una mejor autogestión; por supuesto sin olvidar que el acompañamiento del equipo terapeuta o profesional sigue siendo imprescindible para la persona, junto al esa formación complementaria.
No se trata de empoderar para abandonar.
Los pacientes de dolor crónico precisan un cuidado, seguimiento y reevaluación continuados, no basta solo con darles formación o conocimiento sobre lo que les pasa.
“El dolor crónico destroza la vida de las personas y sus allegados desde todos los puntos de vista”
En cuanto a tratamientos, ¿qué avances recientes -por ejemplo, en neuromodulación, medicina regenerativa o cannabinoides- considera más prometedores para hacer frente al dolor?
Respuesta.- Todos ellos, según la condición dolorosa o el cuadro de dolor: una adecuada selección del paciente pueden suponer un cambio muy significativo en la calidad de vida de las personas.
Su generalización y protocolización pasan por una mejor formación de los sanitarios en su aplicación en dolor crónico para llegar a los criterios que permiten una adecuada selección del paciente.
Muchas veces el dolor no es solo un síntoma físico, sino que tiene una dimensión psicológica, social y familiar. ¿Cómo aborda SEDOLOR este enfoque biopsocial y qué falta para que esté plenamente integrado en las unidades del dolor?
Respuesta.- Muchas veces no, SIEMPRE LO ES: El dolor crónico, como he dicho antes destroza la vida de las personas y sus allegados desde todos los puntos de vista.
Potenciar las especialidades de ciencias de la salud implicadas en este abordaje psicosocial dentro de la SED, desde los grupos de trabajo a los órganos internos de toma de decisiones es una realidad, que deseamos se mantenga y refuerce en el futuro con futuras juntas directivas.
“El dolor NUNCA ES NORMAL, no debe normalizarse, y por mucho que formemos al paciente en neurociencia del dolor, que es muy importante pero como complemento al trabajo clínico: siempre hemos de buscar y descartar una patología subyacente que se pueda abordar desde la terapia”
Para terminar… ¿Qué mensaje trasladaría para los pacientes que habitualmente conviven con dolor y sienten que “esto es lo normal y hay que aguantar”? En este sentido, usted ha declarado a La Voz de Galicia que «a veces pensamos que sentir dolor es normal, pasará» …
Respuesta.- El dolor NUNCA ES NORMAL, no debe normalizarse, y por mucho que formemos al paciente en neurociencia del dolor, que es muy importante pero como complemento al trabajo clínico: siempre hemos de buscar y descartar una patología subyacente que se pueda abordar desde la terapia. Si no hay daño tisular, el dolor sigue siendo real y la terapia no debe orientarse a los tejidos pero si a la recuperación funcional, de la actividad y del afecto.
La terapia no ha de ser necesariamente médica.
Es justo al revés: la terapia puede y debe ser abordada coordinada y simultáneamente desde la salud mental en dolor, y por supuesto y desde el inicio, desde el trabajo de recuperación de la función corporal, del movimiento y la actividad, pero nunca abandonar el trabajo clínico diagnóstico, por favor, que bien trabajado, es lo que más ayuda a dirigir un tratamiento eficaz biopsicosocial a lo largo del tiempo.


