Por la noche, mientras creemos que el cuerpo simplemente se apaga, el cerebro inicia un complejo proceso de “limpieza” y restauración. Los neurólogos y expertos en sueño advierten: descuidar el descanso causa cansancio y abre la puerta a enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer
Vivimos en una sociedad hiperconectada que ensalza la productividad a costa de restarle horas a la noche. Dormir se percibe, en muchas ocasiones, como un lujo o una pérdida de tiempo. Sin embargo, la ciencia médica insiste en cambiar drásticamente esta perspectiva. El descanso nocturno no es un estado pasivo; es una necesidad biológica ineludible y una de las herramientas de medicina preventiva más potentes de las que disponemos.
Durante las horas de sueño, lejos de desconectarse, nuestro cerebro entra en una intensa actividad destinada a reparar los daños del día, consolidar lo aprendido y blindarse frente al deterioro cognitivo.
El “servicio de limpieza” del cerebro: el sistema glinfático
Uno de los descubrimientos más revolucionarios de la última década en el ámbito de la neurociencia es el funcionamiento del sistema glinfático. Se trata de un mecanismo de depuración biológica que se activa de forma prioritaria cuando entramos en las fases más profundas del descanso. La Dra. Irene Rubio Bollinger, responsable de la Unidad del Sueño y especialista en Neurofisiología Clínica del Hospital Quirónsalud Sur, lo detalla con precisión: “Aproximadamente hace una década se descubrió un sistema de ‘depuración’ de residuos tóxicos del cerebro llamado sistema glinfático. Se ha visto que este sistema de limpieza está mayoritariamente activo durante el sueño profundo. Este sistema juega un papel fundamental en retirar proteínas solubles y metabolitos tóxicos del cerebro”.
Cuando una persona sufre de privación crónica de sueño, este camión de la basura cerebral no pasa. Como consecuencia, los residuos metabólicos comienzan a acumularse en el tejido nervioso. La Dra. Rubio Bollinger alerta sobre el impacto directo que esto tiene en la aparición de demencias: “Este drenaje es fundamental para el funcionamiento correcto del cerebro y sus funciones cognitivas. Este sistema es fundamental para eliminar sustancias implicadas en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer. En los casos de demencia se ha observado que hay una función disminuida del sistema glinfático”.
El peligro de los parches: benzodiazepinas e insomnio
Para conciliar el sueño, muchas personas recurren al uso de fármacos. Sin embargo, tratamientos como las benzodiazepinas (BZD) pueden alterar la estructura natural del descanso. La Dra. Irene Rubio es tajante: “La ingesta de benzodiazepinas para el insomnio se ha visto que produce alteraciones en el sistema glinfático ya que disminuyen el porcentaje de sueño lento; a pesar de que suelen aumentar el tiempo de sueño suele ser un sueño superficial y poco reparador y normalmente producen efectos indeseables en la vigilia como una función cognitiva mermada. Las BZD están asociadas con atrofia de las regiones cerebrales del hipocampo y la amígdala que regulan nuestros estados de ánimo y la memoria”.
Emociones en juego y salud sistémica
Dormir mal desequilibra la balanza emocional y debilita la salud física. El Dr. Francesc Segarra Isern, neurofisiólogo clínico de la Unidad del Sueño del Hospital del Vallés, subraya esta interconexión: “Un descanso adecuado es un pilar básico para el bienestar físico y mental, y su impacto en la salud es comparable al de una buena alimentación y el ejercicio. El sueño regula la producción de hormonas como el cortisol, responsable del estrés, y la serotonina, clave en el estado de ánimo”.
Asimismo, la Dra. Anabel Puente Muñoz, jefa asociada de Neurofisiología del Hospital Universitario La Luz, recuerda sus riesgos sistémicos: “Dormir mal no solo genera ojeras. Es un factor de riesgo sistémico para múltiples patologías. La falta de sueño afecta la atención y el procesamiento de información de forma inmediata, pero también aumenta el riesgo de demencia a largo plazo”.
Higiene del sueño: pautas de los expertos
El Dr. Javier Albares, director de la Unidad de Medicina del Sueño del Centro Médico Teknon, propone poner el foco en la alimentación y el movimiento. Respecto a la cena, prescribe: “Es importante que la cena sea ligera y que esté compuesta por alimentos ricos o precursores del triptófano (carne de ave, pescado azul, frutos secos, kiwi o plátano, por ejemplo) que van a permitir la formación de serotonina y melatonina”.
A partir de estas directrices, las pautas esenciales para blindar el cerebro son:
- Horarios rigurosos: acostarse y despertarse a la misma hora diariamente.
- Apagón tecnológico: desconectarse de pantallas una hora antes de dormir para no frenar la melatonina.
- Ambiente propicio: dormitorio oscuro, silencioso y entre 16 y 20 °C.
- Evitar estimulantes: restringir cafeína, alcohol y tabaco.
- Transición relajante: dedicar la última hora a actividades analógicas como la lectura o la meditación.
No debemos normalizar el vivir cansados o depender del café. Como concluyen los expertos, “dormir bien no es un lujo, es una necesidad biológica”. Cuidar el descanso hoy asegura nuestra lucidez del mañana.
FUENTE: ConSalud.es


