La educación, la experiencia profesional y las actividades intelectualmente estimulantes contribuyen a mantener las capacidades cognitivas después de los 65 años, mientras que los recursos emocionales también desempeñan un papel relevante
El envejecimiento implica cambios progresivos en distintas capacidades cognitivas, aunque su impacto no es igual en todas las personas. Algunos adultos mayores mantienen durante más tiempo un buen rendimiento en tareas relacionadas con el lenguaje, la memoria y la atención, mientras que otros experimentan un deterioro más acusado. La investigación científica busca determinar qué factores pueden explicar estas diferencias y qué elementos de la trayectoria vital contribuyen a preservar la función cerebral.
Dos nuevos estudios realizados por investigadores de la Scuola Internazionale Superiore di Studi Avanzati (SISSA), en Trieste (Italia), apuntan a dos elementos relacionados entre sí: la reserva cognitiva acumulada a lo largo de la vida y los recursos emocionales. Los trabajos, publicados en las revistas ‘Neuropsychology y Brain Sciences’, analizaron el rendimiento de adultos mayores de 65 años en diferentes pruebas cognitivas.
La reserva cognitiva hace referencia al conjunto de recursos mentales que una persona desarrolla a lo largo de su vida a través de factores como la educación, la experiencia profesional o la participación en actividades intelectualmente estimulantes. El primer estudio encontró que quienes presentaban una mayor reserva cognitiva obtenían mejores resultados en tareas lingüísticas y mostraban una mayor capacidad para encontrar y utilizar las palabras adecuadas. Las emociones positivas también se asociaron con un mejor rendimiento en este ámbito.
“Nuestros hallazgos demuestran que los adultos mayores con mayor reserva cognitiva alcanzan un rendimiento lingüístico comparable al de los adultos jóvenes”, explica Elisabetta Pisanu, primera autora del estudio. Los investigadores se centraron especialmente en los primeros diez segundos de una prueba de fluidez verbal, un periodo en el que se ponen en marcha procesos rápidos y automáticos relacionados con la recuperación de palabras.
Los resultados mostraron que entre los mayores de 65 años puede aparecer un descenso del rendimiento lingüístico ya durante esos primeros segundos. Sin embargo, esta disminución se reducía de forma considerable entre quienes tenían una alta reserva cognitiva, hasta el punto de que en algunos casos podía desaparecer. “En otras palabras, la reserva cognitiva ayuda a mantener el cerebro ‘joven’, al menos en lo que respecta al lenguaje y la recuperación de palabras”, señalan los investigadores.
El estudio también encontró diferencias relacionadas con el contenido emocional de las palabras. Según Pisanu, los adultos mayores recordaban con mayor facilidad aquellas asociadas con emociones positivas frente a las vinculadas con emociones negativas. “Estos hallazgos sugieren que, además del papel protector de la reserva cognitiva, la valencia emocional de las palabras también contribuye al desempeño lingüístico”, apunta la investigadora.
Memoria de trabajo
El segundo trabajo se centró en la memoria de trabajo, la capacidad de mantener y manipular temporalmente información para completar una determinada tarea. Los investigadores estudiaron cómo la reserva cognitiva y la inteligencia emocional podían influir en este proceso en adultos mayores de 65 años, especialmente cuando las pruebas incluían estímulos emocionales.
Para ello, los participantes realizaron tareas en las que debían prestar atención a diferentes características de los rostros que se les mostraban, como su expresión emocional o su edad. “Queríamos comprender si la reserva cognitiva y la inteligencia emocional desempeñan funciones diferentes según si las emociones son relevantes o irrelevantes para una tarea de memoria de trabajo”, explica Stefania Lucia, primera autora del segundo estudio.
Los resultados indicaron que la reserva cognitiva mejoraba la precisión con independencia del tipo de tarea. “Esto sugiere que desempeña un papel fundamental en el apoyo a la capacidad de mantener y manipular la información necesaria para realizar una tarea”, afirma Lucia. Al mismo tiempo, cuando la actividad incluía contenido emocional, los adultos mayores mostraban un mejor rendimiento. La inteligencia emocional también parecía modificar la forma de procesar los estímulos: quienes presentaban mayores recursos en este ámbito tardaban más en responder ante estímulos emocionales, posiblemente porque destinaban más recursos atencionales y cognitivos a analizarlos.
Los dos estudios, desarrollados dentro del programa italiano Age-It, refuerzan la idea de que el envejecimiento cognitivo está condicionado por múltiples factores que interactúan entre sí. “Nuestros hallazgos demuestran que una vida intelectualmente estimulante contribuye a preservar una amplia gama de funciones cognitivas, desde el lenguaje hasta la memoria de trabajo”, concluye Raffaella Rumiati, neurocientífica de SISSA e investigadora principal de ambos trabajos. A su juicio, las emociones también contribuyen de forma significativa a la eficiencia de los procesos cognitivos, por lo que la reserva cognitiva y las habilidades emocionales podrían desempeñar conjuntamente un papel relevante en un envejecimiento cerebral más saludable.
FUENTE: ConSalud.es


