La enfermedad renal crónica, la EPOC, la fibrilación auricular o la fragilidad son algunos de los problemas de salud cuya detección precoz podría integrarse con relativa facilidad en las consultas de Atención Primaria
Detectar una enfermedad antes de que aparezcan sus complicaciones puede cambiar su evolución, pero ampliar los programas de cribado exige seleccionar bien tanto las patologías como las personas a las que se dirigen. En Atención Primaria, algunas pruebas sencillas y estrategias de búsqueda activa podrían facilitar el diagnóstico precoz de enfermedades actualmente infradiagnosticadas, siempre que su implantación esté respaldada por la evidencia y cuente con los recursos necesarios.
Entre los principales candidatos se encuentran la enfermedad renal crónica, la EPOC, la fibrilación auricular y la detección de fragilidad en personas mayores. Así lo explica el Dr. Vicente Martín Sánchez, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, vocal de la Junta Directiva de SEMERGEN y miembro del Grupo de Trabajo Infecciosas, Migrante, Vacunas y Actividades Preventivas (IMVAP), en una entrevista concedida a ConSalud.es. “Estos cribados son, por su sencillez, buenos candidatos con excelente relación coste-efectividad y fácil integración en la consulta habitual de Atención Primaria”, señala.
En el caso de la enfermedad renal crónica, plantea la determinación anual de creatinina y del cociente albúmina/creatinina en población de riesgo. Para la EPOC, apunta a cuestionarios de cribado combinados con espirometría en fumadores y exfumadores sintomáticos mayores de 40 años, mientras que la fibrilación auricular puede buscarse oportunistamente mediante la toma de pulso o un ECG en mayores de 65 años. A ellos suma el aneurisma de aorta abdominal, la esteatosis hepática metabólica (MASLD), la osteoporosis y el riesgo de fractura, así como el deterioro cognitivo leve. “La enfermedad renal crónica, la EPOC en fumadores o exfumadores, la fibrilación auricular mediante toma de pulso o ECG oportunista y la detección precoz de fragilidad en personas mayores son estrategias con alto potencial”, afirma.
La incorporación sistemática de algunas de estas estrategias sería factible, pero el Dr. Martín Sánchez introduce una condición esencial: “Siempre que se dirijan a población de riesgo y se acompañen de protocolos claros, recursos y tiempo asistencial. El cribado debe ser selectivo, basado en la evidencia y sostenible”.
En enfermedad renal crónica, recuerda que la estrategia del Ministerio de Sanidad recomienda realizar sistemáticamente el filtrado glomerular estimado y el cociente albúmina/creatinina anual en hipertensos, diabéticos tipo 2, mayores de 60 años y pacientes con enfermedad cardiovascular establecida u obesidad, además de integrar alertas automáticas en la historia clínica electrónica. Precisamente, la facilidad para incluir estas determinaciones en la práctica habitual puede favorecer su extensión. “Es una prueba barata, ya disponible en cualquier analítica de rutina, y su principal barrera no es técnica sino de sistematización y registro”, explica.
La situación de la EPOC presenta otras dificultades. El especialista sitúa su infradiagnóstico en España en torno al 75%, alcanzando el 80-88% en mujeres según EPI-SCAN II, y considera factible realizar una búsqueda dirigida mediante cuestionarios de síntomas en fumadores y exfumadores mayores de 40 años seguida de espirometría. Para que esta estrategia funcione, sin embargo, resulta necesario garantizar espirometrías de calidad desde Atención Primaria. “Esto requiere realización de espirometría, una prueba que, aunque disponible en Atención Primaria, en ocasiones falta personal correctamente entrenado en su realización correcta”, advierte. En este ámbito, añade que “desde SEMERGEN acabamos de poner a disposición de los profesionales sanitarios un programa formativo acreditado en espirometría, de inscripción gratuita”.
Ampliar la detección precoz también obliga a considerar el riesgo de identificar problemas que no habrían causado consecuencias clínicas. “El sobrediagnóstico es un riesgo real y bien documentado, no solo teórico”, sostiene el Dr. Martín Sánchez. En EPOC, indica que “se han descrito tasas de sobrediagnóstico de hasta el 40% cuando la espirometría no se confirma tras broncodilatador o se aplican criterios diagnósticos poco rigurosos”. Por ello, defiende criterios de entrada definidos por edad y factores de riesgo, intervalos respaldados por la evidencia, pruebas con buena especificidad y algoritmos de confirmación antes de etiquetar a una persona como enferma.
La evaluación de los propios programas es otra de las herramientas necesarias para mantener ese equilibrio. El especialista propone controlar indicadores como la tasa de falsos positivos, el valor predictivo positivo o el número necesario a cribar, además de incorporar la decisión compartida con el paciente cuando exista incertidumbre sobre el balance entre riesgos y beneficios. “Todo programa de cribado debe basarse en evidencia científica, valorar el balance beneficio-riesgo y dirigirse a la población adecuada para evitar pruebas innecesarias y sobrediagnóstico”, resume.
De cara a los próximos años, el Dr. Martín Sánchez sitúa entre las prioridades la enfermedad renal crónica, la EPOC y el ámbito cardiovascular. “Priorizaría el cribado de enfermedad renal crónica en pacientes de riesgo, la detección precoz de EPOC en fumadores y exfumadores, y el refuerzo del cribado cardiovascular, porque permiten intervenir precozmente y reducir complicaciones, hospitalizaciones y mortalidad”. Junto a ello, plantea generalizar antes de 2029 el cribado poblacional organizado de cáncer de cérvix mediante prueba de VPH-AR y elevar hasta el 65% la participación en el cribado colorrectal, recurriendo a invitaciones personalizadas, recordatorios y un mayor papel de enfermería y Atención Primaria en la captación.
El reto, por tanto, trasciende la elección de una prueba concreta. “El éxito de cualquier programa de cribado no depende solo de definir la población diana o la prueba a utilizar, sino de invertir en la infraestructura organizativa que lo sostiene”, concluye. A su juicio, la Red de Programas de Cribado de Cáncer y las nuevas estrategias del Ministerio de Sanidad en enfermedad renal crónica avanzan en la dirección adecuada, aunque recalca que “su impacto real dependerá de la dotación de recursos y de tiempo en las consultas de Atención Primaria, que siguen siendo la puerta de entrada de la inmensa mayoría de estas estrategias preventivas”.
FUENTE: ConSalud.es


