Madrid, 22 de julio de 2026.- La Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP) recuerda que el desarrollo cerebral se construye día a día a través de gestos sencillos que, repetidos desde la infancia, se convierten en hábitos que acompañan toda la vida y se realizan sin esfuerzo, y para ello identifica las siete principales claves para cuidar de nuestro cerebro desde los primeros años de vida, con motivo de la celebración este miércoles, día 22, del Día Mundial del Cerebro.
“Las siete piezas fundamentales que construyen nuestro puzle cerebral son: alimentación equilibrada, juego al aire libre, vínculos afectivos seguros, crecer con palabras, sueño reparador, pantallas con límites, y seguridad y protección. Todas ellas forman la base de un cerebro sano. Son pilares básicos, pero imprescindibles que, integrados en la rutina familiar, favorecen un desarrollo cerebral óptimo y un funcionamiento equilibrado en cada etapa”, defiende en este sentido la neuropediatra y miembro de la SENEP Lorena Monge.
Y es que, según subraya esta especialista, el cerebro infantil en los primeros años de vida protagoniza uno de sus periodos de mayor crecimiento y plasticidad, de forma que estas pequeñas experiencias cotidianas son capaces de moldear las conexiones neuronales que sostendrán el aprendizaje, la memoria, la regulación emocional, la atención, o las relaciones sociales durante toda la vida, entre otros muchos parámetros.
Qué hacer para cuidar el cerebro desde niños
Así, y bajo el lema ‘Cada pieza cuenta para formar un cerebro sano para toda la vida’, la doctora Monge presenta estos siete ‘pilares’ que pueden favorecer un desarrollo neurológico óptimo:
1.ALIMENTACIÓN EQUILIBRADA. El cerebro de un niño crece rápido, consume mucha energía, y necesita nutrientes específicos para formar conexiones, regular la atención, sostener el aprendizaje, y mantener un estado emocional estable. Una alimentación variada y equilibrada es esencial para que el cerebro crezca y funcione bien.
Los alimentos más beneficiosos son: el pescado azul (omega‑3 para memoria y atención), las frutas y verduras (antioxidantes que protegen las neuronas), los huevos (colina para la memoria), las legumbres y los cereales integrales (energía estable), los lácteos o alternativas vegetales enriquecidas en calcio y en vitamina D, y el aceite de oliva virgen extra, que aporta grasas saludables y antioxidantes que favorecen la función cerebral.
Igual de importante es limitar los azúcares añadidos y los ultraprocesados, que generan picos de glucosa, afectan a la atención, y no aportan los nutrientes que el cerebro necesita. Cuantos más alimentos frescos y reales haya en el plato, más fácil es que el cerebro crezca fuerte, atento, y preparado para aprender.
2.JUEGO AL AIRE LIBRE. El juego al aire libre no es sólo movimiento: es una de las experiencias más completaspara el desarrollo cerebral de la infancia. Cuando los niños corren, trepan, exploran, o simplemente inventan juegos en el parque, su cerebro trabaja a pleno rendimiento. Se activan áreas relacionadas con la coordinación, con la planificación, con la atención, con la regulación emocional, y con la creatividad.
Estar fuera también reduce el estrés, mejora el estado de ánimo, y favorece el sueño. La luz natural regula los ritmos biológicos, y el contacto con otros niños fortalece habilidades sociales esenciales: turnos, negociación, empatía, y resolución de conflictos.
3.VÍNCULOS AFECTIVOS (APEGO SEGURO). Los vínculos afectivos son el cimiento sobre el que se construye el desarrollo cerebral. Cuando un niño se siente querido, escuchado, y protegido, su cerebro libera sustancias que favorecen la calma, la atención y el aprendizaje. La presencia de un adulto disponible —que mira, responde, consuela, y acompaña—ayuda al niño a regularse y a explorar el mundo con confianza.
Los gestos cotidianos son los que más importan: hablarles con calma, sostener la mirada, responder a sus señales, validar sus emociones, compartir rutinas, y dedicar tiempo de calidad sin prisas. Estas interacciones repetidas fortalecen las conexiones neuronales que sostienen la autoestima, la empatía, y la capacidad de relacionarse. Un vínculo afectivo seguro no significa ausencia de límites, sino cercanía, coherencia, y sensibilidad.
4.CRECER CON PALABRAS. Hablar con los niños, contarles cuentos, y narrar lo que ocurre a su alrededor es una de las formas más sencillas y potentes de estimular su desarrollo cerebral. Cuando escuchan palabras, historias, y conversaciones dirigidas a ellos, su cerebro crea y refuerza conexiones que favorecen el lenguaje, la atención, la memoria, y la comprensión del mundo.
Los gestos cotidianos —describir lo que hacemos, responder a sus balbuceos, leer un cuento cada día, cantar, esperar su turno para hablar— construyen un entorno rico en lenguaje que impulsa su desarrollo cognitivo y emocional.
5.SUEÑO REPARADOR. Un sueño suficiente y de buena calidad es esencial para el desarrollo cerebral. Durante el descanso, el cerebro consolida lo aprendido, regula el sistema de estrés, y favorece la atención, la memoria, y el equilibrio emocional.
Las rutinas predecibles, los horarios regulares, y un ambiente tranquilo ayudan a que el niño concilie y mantenga un sueño reparador. Pequeños hábitos como bajar la luz, evitar pantallas antes de dormir, y repetir la misma secuencia cada noche facilitan un descanso que sostiene su desarrollo cognitivo y emocional.
6.PANTALLAS CON LÍMITES. El uso de pantallas necesita límites claros para proteger la atención, el sueño, y el desarrollo del lenguaje. En los primeros años, el cerebro es especialmente sensible: los bebés no deberían estar expuestos a pantallas, y el tiempo de uso debe aumentar de forma gradual y proporcional a la edad.
Establecer horarios definidos, evitar pantallas antes de dormir, y priorizar actividades activas y conversadas ayuda a mantener un uso equilibrado. Los niños aprenden observando, por lo que también es importante el ejemplo del adulto: el ver que sus cuidadores están presentes y no pendientes del móvil tiene más impacto que cualquier norma que establezcamos sobre las pantallas.
7.SEGURIDAD Y PROTECCIÓN. Proteger el cerebro en desarrollo implica reducir los riesgos que pueden causar lesiones graves. El uso adecuado de los sistemas de retención infantil en el coche, ajustados a la edad y al peso, es una de las medidas más eficaces para evitar traumatismos craneoencefálicos en la infancia.
En las actividades al aire libre, el casco en la bicicleta o en el patinete disminuyen de forma significativa el riesgo de lesiones cerebrales ante posibles caídas o colisiones. Asegurar muebles, vigilar cerca del agua, y enseñar normas básicas de seguridad ayuda a que el niño explore y juegue con confianza, en un entorno que protege mientras permite crecer.


