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Por qué los acuerdos bilaterales de salud entre Estados Unidos y África son inherentemente injustos

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Los nuevos acuerdos de salud entre Estados Unidos y África prometen financiación y autosuficiencia. Pero muchos incluyen cláusulas sobre datos y intercambio de patógenos. Fubu Ngubu argumenta que tales arreglos corren el riesgo de transformar las asociaciones de salud en ejercicios de extracción digital. Los datos africanos están generando valor global sin rendimientos justos para las naciones africanas

Un cambio en la salud global, y una pregunta que no debemos ignorar

Los recientes acuerdos de salud entre Estados Unidos y África marcan un cambio fundamental en la cooperación sanitaria mundial, que exige un escrutinio más detallado. Estados Unidos ha firmado una serie de acuerdos bilaterales con países africanos, comprometiendo miles de millones de dólares para el control de enfermedades, la vigilancia y el fortalecimiento del sistema de salud. Al menos 17 países africanos ya han firmado tales acuerdos, asegurando colectivamente 18.300 millones de dólares en ayuda sanitaria.

Sin embargo, crecen las preocupaciones sobre las concesiones hechas a cambio. Estados Unidos está enmarcando estos acuerdos como el avance de la autosuficiencia y la preparación para la pandemia. Sin embargo, los acuerdos también están condicionados a los requisitos para compartir datos de salud, muestras de patógenos y acceso a sistemas de salud digitales.

Esta aceleración hacia acuerdos bilaterales basados en intereses no es incidental. La rápida expansión de tales acuerdos en todo el continente señala una reorientación estratégica más amplia en el compromiso con la salud mundial. Plantea una pregunta difícil pero necesaria: ¿por qué la asistencia médica está cada vez más vinculada al acceso a los datos de salud de África?

Esto no es un ajuste técnico. Es una transformación política. Las asociaciones de salud se están volviendo transaccionales, y cuando la ayuda está vinculada al acceso a los datos, los términos del intercambio son importantes. La creciente frustración entre los funcionarios africanos sugiere que esto no es simplemente una preocupación técnica, sino política. Algunos han descrito los acuerdos como “desequilibrados” e incluso “inmorales“.

Del bien público al activo estratégico

Para entender por qué este cambio es importante, primero debemos reconocer cómo ha cambiado la naturaleza de los datos de salud. Los datos de salud ya no son un subproducto administrativo. Es inteligencia epidemiológica, material genómico e información a escala de población. Estos conjuntos de datos impulsan la innovación farmacéutica, la inteligencia artificial y la biotecnología. En la bioeconomía contemporánea, esto no es solo información, es capital estratégico.

Marcos globales como los principios rectores de la OMS sobre el intercambio de datos de patógenos reconocen la importancia de compartir dichos datos para la seguridad sanitaria mundial. Sin embargo, también reconocen la necesidad de equidad en la forma en que se distribuyen los beneficios. Los datos no pierden valor cuando se comparten; los multiplican. La cuestión central, por lo tanto, no es si los datos deben compartirse. Es quién se beneficia de lo que se convierte en esos datos.

El verdadero problema es la asimetría, no la transparencia

El problema central no es la transparencia o la responsabilidad. Los gobiernos que reciben ayuda deben cumplir con las normas de presentación de informes.

La preocupación es la asimetría. Los responsables políticos y expertos en salud africanos se hacen eco cada vez más de esta preocupación. Advierten que tales acuerdos corren el riesgo de privilegiar los intereses externos sobre las prioridades de salud locales. Cuando una parte proporciona financiación y la otra proporciona acceso a largo plazo a datos de alto valor, el intercambio es estructuralmente desigual. Este desequilibrio se vuelve más significativo cuando los datos compartidos contribuyen al desarrollo de medicamentos, diagnósticos de IA o tecnologías comerciales.

¿Quién captura el valor posterior?

Si los datos africanos sustentan la innovación en otros lugares, ¿compartirán los países africanos la propiedad intelectual y los rendimientos? ¿O el valor se externalizará una vez más, como ha sido con tantas materias primas? La investigación existente ya destaca estos riesgos.Los estudios sobre la gobernanza de datos en África apuntan a desigualdades persistentes en los acuerdos de intercambio de datos y a salvaguardias regulatorias débiles. Del mismo modo, la beca sobre el intercambio de patógenos muestra cómo los países en desarrollo han contribuido históricamente con materiales biológicos sin recibir beneficios proporcionales. La historia, por lo tanto, hace que estas preocupaciones sean racionales, no paranoicas.

Cuando la asociación comienza a parecer extracción

Estas dinámicas crean riesgos tangibles. En las condiciones actuales, las asociaciones de salud pueden comenzar a parecerse a formas de extracción digital.

En primer lugar, la integración de los sistemas nacionales en la infraestructura gobernada externamente puede debilitar la soberanía de los datos. En segundo lugar, los acuerdos vagamente definidos pueden permitir la explotación comercial de los datos más allá de su propósito original. En tercer lugar, la dependencia de plataformas digitales extranjeras corre el riesgo de crear dependencia tecnológica a largo plazo.

África ha visto este patrón antes. Los recursos fluyen hacia afuera; la dependencia fluye hacia adentro. Lo nuevo es la forma. El recurso ya no es petróleo o minerales, sino datos. La extracción de esos datos está incrustada en el lenguaje de la asociación. Por lo tanto, no es de granabido describir estos acuerdos como una nueva frontera de intercambio desigual, donde la cooperación sanitaria corre el riesgo de convertirse en un vehículo para acceder a activos de datos de alto valor.

Lo que requieren las asociaciones equitativas

Si estos riesgos son reales, entonces la solución no es rechazar la cooperación, sino redefinirla. Las asociaciones de salud son esenciales. Muchos sistemas de salud africanos dependen de la financiación externa para el VIH, la malaria y la preparación para epidemias. Pero la asociación no puede significar apalancamiento.

Los acuerdos equitativos deben basarse en el beneficio mutuo. Como mínimo, esto requiere una clara propiedad nacional de los datos, almacenamiento local o soberano y consentimiento explícito para cualquier uso secundario o comercial. Donde los datos compartidos generan innovación, debería haber mecanismos para la propiedad intelectual conjunta o el reparto de ingresos. Fundamentalmente, los acuerdos deberían, en lugar de profundizar la dependencia, invertir en capacidad nacional en ciencia de datos, ciberseguridad e infraestructura digital.

Las iniciativas africanas emergentes sobre gobernanza de datos y sistemas de información sanitaria ya apuntan en esta dirección. El desafío es garantizar que las asociaciones externas se alineen con estos principios.

De la ayuda a la justicia de los datos

La cooperación sanitaria mundial está entrando en una nueva fase, con los datos en su centro. Si estas asociaciones continúan operando dentro de una lógica donante-receptor, corren el riesgo de reproducir relaciones extractivas en forma digital. Un modelo más sostenible requiere un cambio hacia la equidad, la reciprocidad y el valor compartido.

África no es simplemente un lugar de necesidad; es una fuente de valor. Y en un mundo donde los datos son poder, la verdadera medida de la asociación ya no es la cantidad de ayuda que se entrega. Es quién posee y quién se beneficia del futuro construido a partir de esos datos.

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